Carlos Pablo Cocciolo

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martes, 3 de febrero de 2026

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Bien. Subimos un escalón más en el exceso obsceno y grotesco, sin pudor, sin freno, hipérbole hasta que se rompa.


Encontré su habitación después de subir una escalera tan larga que al llegar arriba ya no recordaba por qué había empezado a subir. La escalera tenía años, arrugas, mala leche. Crujía como si se quejara de mi existencia. Cada escalón era un testamento.

Ella estaba sola.
Tan sola que la soledad había pedido refuerzos.
Tan sola que si gritaba eco no volvía: se suicidaba a mitad de camino.

—Hola, Henry —dijo—.
Odio esta habitación. No tiene ventanas.

Mentía por modestia.
No tenía ventanas, ni puertas verdaderas, ni oxígeno potable. Era una caja mortuoria con cama. Una habitación tan cerrada que hasta los pensamientos chocaban contra las paredes y caían muertos. El aire estaba tan viejo que pedía jubilación.

Yo traía una resaca criminal. No una resaca: un genocidio interno. El alcohol seguía vivo dentro mío, organizando sindicatos, rompiendo cosas. El olor era tan asqueroso que pensé que yo mismo estaba en descomposición. Sentía que iba a vomitar el estómago, el hígado, y si insistía un poco más, hasta el apellido.

—Me operaron hace dos días —dijo—.
Ayer me sentí mejor.
Hoy estoy peor.

Peor era poco. Estaba tan peor que la palabra “peor” se quedó corta, se sentó en una silla y pidió un vaso de agua. Su cara tenía el color de algo que no debería seguir funcionando. El silencio zumbaba como moscas invisibles.

—Lo siento, ma —dije.

Mi voz salió tarde, borracha, con retraso emocional. Sonó como una excusa que ya había sido rechazada tres veces.

—Sabes —continuó—, tenías razón. Tu padre…

Y se quedó ahí. Suspendida.
El silencio fue tan largo que me dio tiempo a arrepentirme de toda mi vida, incluso de cosas que todavía no había hecho. Pensé que se había muerto. Después pensé que estaba pensando en morirse. Después pensé que yo era el que se estaba muriendo y nadie me había avisado.

La habitación seguía cerrándose sola.
La resaca me golpeaba desde adentro como un animal encerrado.
La escalera abajo seguía creciendo, por si alguien necesitaba escapar.

No pasó nada.
Pero fue el “nada” más exagerado, obsceno y definitivo que conocí.


Si querés, el siguiente nivel es hipérbole + cinismo feroz (todavía más bukowskiano) o hipérbole grotesca llevada al absurdo surreal.

li

Perfecto. Hago la segunda opción: mismo procedimiento técnico, todo nuevo (tema, personajes, espacio), y marcando explícitamente cada tipo textual para que la técnica se vea nítida y didáctica.
Voy a trabajar con cuatro registros:

  1. Texto periodístico
  2. Texto narrativo
  3. Informe burocrático / acta
  4. Texto marginal (graffiti + mensaje informal)

[TEXTO PERIODÍSTICO]

Diario La Mañana del Sur – 12 de noviembre de 2022

Aparición masiva de peces en la vía pública

Vecinos del barrio Puerto Viejo denunciaron esta madrugada la aparición de una gran cantidad de peces sobre la calzada y las veredas de la avenida Costanera Sur, sin que se registraran precipitaciones ni desbordes del río.
El fenómeno fue detectado alrededor de las 5:30, cuando transeúntes alertaron a las autoridades sobre la presencia de ejemplares vivos y muertos frente a comercios y viviendas particulares.
Personal de Defensa Civil y Bromatología intervino en el lugar. No se reportaron heridos. Las causas del hecho se encuentran bajo investigación.


[TEXTO NARRATIVO]

Yo salí temprano porque no podía dormir. El olor me llegó antes que la imagen: algo salado, espeso, fuera de lugar. En la esquina vi el primer pez. Estaba intacto, brillante, como recién sacado del agua, pero el agua no estaba.

Había más. En la vereda, en la calle, en el umbral de la ferretería. Algunos se movían todavía, abriendo y cerrando la boca contra el aire. Me dio vergüenza mirarlos. Como si yo fuera el que respiraba mal.

Pensé en el río, pero el río estaba lejos y tranquilo, como si no supiera nada.


[ACTA / INFORME BUROCRÁTICO]

Municipalidad de San Lorenzo – Secretaría de Espacio Público
Acta N.º 447/22

En la fecha indicada, se procede a constatar la presencia de organismos ictícolas en zona urbana no habilitada para tal fin.
Cantidad aproximada: indeterminada.
Estado: variable (vivos / sin signos vitales).
Origen: desconocido.
Se procede al retiro mediante herramientas reglamentarias y a la disposición final conforme protocolo sanitario.
Se deja constancia de la colaboración parcial de vecinos y de la imposibilidad de establecer responsabilidades.

Firma ilegible.


[TEXTO MARGINAL – GRAFFITI]

En la pared del galpón portuario, con aerosol azul:

NO SALIMOS DEL AGUA
EL AGUA NOS SOLTÓ


[TEXTO NARRATIVO]

Mientras los camiones levantaban los peces con palas, una mujer lloraba sin ruido. No era dueña de nada de eso, pero repetía “pobres” como si los conociera. Un chico quiso llevarse uno a su casa. Se lo sacaron de la mano.

El sol empezó a secar la calle. Los peces ya no brillaban. Parecían otra cosa. Un error.


[MENSAJE INFORMAL – WHATSAPP]

che viste lo de los pescados?
dicen q fue una joda
mi viejo dice q no es normal
yo pisé uno sin querer


[TEXTO PERIODÍSTICO – AMPLIACIÓN]

Fuentes oficiales descartaron cualquier riesgo sanitario y señalaron que “no existen antecedentes similares en la región”. Especialistas consultados indicaron que podrían tratarse de corrientes de aire excepcionales o fenómenos aún no documentados.


[TEXTO MARGINAL – GRAFFITI SOBRE EL ANTERIOR]

Alguien escribió encima, con letra apurada:

NO FUE EL VIENTO
FUIMOS NOSOTROS


[CIERRE NARRATIVO]

Esa noche volví a pasar por la Costanera. No quedaba nada. Ni olor. Ni escamas. Solo una mancha oscura en el asfalto, como si el río hubiera apoyado la mano un segundo y después se arrepintiera.

Desde entonces, cada vez que miro el agua, pienso que también podría dejarnos acá, respirando mal.


Si querés, el próximo paso puede ser:

  • convertir esto en ejercicio de taller con consignas replicables,
  • sumar un quinto registro (diario íntimo, audio transcripto, parte médico),
  • o hacerlo más extremo (que los registros se contaminen entre sí).

Excelente consigna. Voy a mostrar con claridad la técnica de alternancia y superposición de tipos textuales, tomando tu ejemplo como modelo, pero cambiando la temática y sumando un tercer registro (graffiti urbano). Van a convivir tres voces bien diferenciadas:

  1. Texto periodístico
  2. Texto narrativo
  3. Texto marginal / graffiti

Noticia publicada por el diario El Horizonte, edición del 7 de abril de 2019

Extraña detención del tiempo en barrio San Cayetano

Fuentes oficiales informaron que durante la tarde del martes 6 del corriente se registró un fenómeno inusual en el barrio San Cayetano, cuando varios vecinos declararon haber percibido una detención momentánea del tiempo entre las 16:42 y las 16:47 horas.
Según los testimonios recogidos, relojes digitales, semáforos y dispositivos móviles permanecieron inmóviles durante aproximadamente cinco minutos. El cielo se presentaba parcialmente nublado y no se reportaron cortes de energía ni fallas técnicas previas.
El hecho ocurrió principalmente en las inmediaciones de la calle Libertad al 1400. No se registraron heridos ni daños materiales. Personal municipal realizó un relevamiento sin hallar anomalías.


Yo estaba sentado en el umbral cuando ocurrió. No miraba el reloj porque nunca lo miro, pero supe que algo se había detenido cuando el perro dejó la pata suspendida en el aire, como si dudara del suelo. El humo del cigarrillo no subía: se quedaba quieto, grueso, delante de mi cara. Pensé que era yo el que había dejado de funcionar.

En la esquina, el semáforo seguía en amarillo, cansado. Una mujer con bolsas de supermercado no avanzaba ni retrocedía. Sus ojos estaban abiertos, pero no miraban. Fue ahí cuando sentí miedo, no por el silencio, sino por la duración del silencio.


GRAFFITI EN LA PARED DE LA PANADERÍA

SI EL TIEMPO SE PARA
¿QUIÉN NOS COBRA LA VIDA?


Ampliación informativa

Consultado por este medio, el ingeniero cronometrista Julio Barrenechea explicó que “no existe, desde el punto de vista científico, ningún mecanismo capaz de detener el tiempo de manera localizada”. Agregó que podría tratarse de una “percepción colectiva alterada”, aunque reconoció que el caso resulta “estadísticamente improbable”.
Las autoridades descartaron cualquier vínculo con pruebas experimentales o eventos atmosféricos extraordinarios.


Cuando el tiempo volvió —porque volvió sin aviso—, el perro apoyó la pata y siguió caminando como si nada. La mujer cruzó la calle y una bolsa se le rompió: naranjas rodando, normales, obedientes a la gravedad. Yo miré el cigarrillo: ya no estaba encendido.

Esa noche soñé que el barrio entero respiraba al mismo tiempo, y que alguien, desde muy lejos, había soltado un botón.


GRAFFITI NUEVO, ESCRITO ENCIMA DEL ANTERIOR

NO SE PARÓ EL TIEMPO
NOS PARAMOS NOSOTROS


Cierre editorial

El suceso de San Cayetano se suma a una serie de episodios inexplicables que, si bien no alteran el orden público, invitan a reflexionar sobre la fragilidad de nuestras certezas cotidianas. El municipio continuará recabando información y recomienda a la población mantener la calma.


Desde ese día, cada vez que paso por la panadería, miro la pared antes que el reloj. Porque el reloj volvió a andar, sí, pero la pared sigue diciendo otra cosa.


Si querés, en el próximo paso puedo:

  • marcar explícitamente cada tipo textual con colores conceptuales,
  • agregar un cuarto registro (acta policial, informe médico, mensaje de WhatsApp),
  • o convertirlo en ejercicio para taller, con consignas precisas para que lo reproduzcan.

iii

Perfecto. Voy a llevarlo a barroco místico: negación, vacío, luz oscura, lenguaje ascensional y paradójico, con cadencia de vía negativa.


MAESTRO
Nombrados tengo los rostros
que el mundo consiente ver;
en ti no halla mi ojo señal,
pues vienes sin forma ni peso.
Di: ¿quién eres
que así te presentas desnudo de ser?

VISITANTE
No soy lo que digo.
No traigo nombre,
porque el nombre me separa.
Vengo a caer
de lo que fui.

MAESTRO
Aquí se entra con obra,
que el vacío no edifica;
el saber se alza
sobre cimiento visible.

VISITANTE
El cimiento es la grieta.
Solo lo que falta
sostiene.

MAESTRO
Buscas la piedra que purifica la materia,
mas el oro es signo de perfección
y cifra de lo eterno.

VISITANTE
Lo eterno no brilla.
Lo eterno no pesa.
Se consume sin rastro.

MAESTRO
Nada se muda sin ley,
ni hay ascenso sin medida.

VISITANTE
Toda ley detiene.
La subida verdadera
es caída.

(La lámpara oscurece
y la rosa se vuelve sombra.)

MAESTRO
No puedo recibirte:
no deseas lo que salva.

VISITANTE
No puedo seguirte:
no deseas perderte.

(Silencio pleno.)

MAESTRO
Entonces no hay camino.

VISITANTE
Entonces hay luz,
pero sin nombre.


Si querés, el próximo nivel es extremar la mística (más apofática, menos diálogo, casi oración rota) o convertirlo en poema litúrgico.

uu

Entrada de adulta funcional, o algo así: lavadora primero, llanto después. Tambor girar, día girar. Ropa limpia antes de memoria. Cocina catedral chica, Notre Dame con jabón, tejas dentro de café. Aguja en el aire, costura ninguna. Choza roja, latido propio.

Bolsa húmeda abierta: dedos, camomila, olor. Madre tres veces, ninguna igual. Letras líquidas, amnio, envolver sin decir. Abecedario sin orden, solo mojar. Tripa dolor, manzanilla pedido, o madre, o silencio.

Continuidad: espuma, ruido blanco, lavar, llorar. Avance ninguno. Permanecer.




Estar despertar despierto no, cópula ser siendo estar estando, naranja podrida pulpa ácido mosca tiempo blando, gatos hambre bigotes lengua seca, otoño hoja caída sin caer, muerte paso ausencia, cuchillo filo cansado metal sed, bici rueda equilibrio no, cordones nudo manos torpes, tren vía llegada no, cartero carta vacía sobre, sueño perder encender olvidar abandonar criar matar, ojos abiertos insomnio luz dura, ser estar nada.

lunes, 2 de febrero de 2026

u

Enumeración — Desaparición del mundo

Desaparecieron los continentes, los océanos, las cordilleras, las planicies, los climas, las estaciones, los ríos navegables y los desiertos cartografiados;
desaparecieron las naciones, los Estados, las fronteras, los tratados, las guerras, las capitales administrativas y los imperios extintos;
desaparecieron las ciudades, los suburbios, las avenidas, los puentes, los sistemas de transporte, los edificios públicos y las arquitecturas privadas;
desaparecieron las instituciones, las universidades, los archivos, los códigos jurídicos, las bibliotecas, las academias y los censos;
desaparecieron los objetos de uso, los utensilios, las vestimentas, los muebles, las herramientas, las máquinas y los residuos;
desaparecieron los lenguajes, los alfabetos, las gramáticas, las retóricas, las traducciones y los malentendidos;
desaparecieron las artes, las técnicas, los oficios, las ceremonias, los rituales, las tradiciones y las rupturas;
desaparecieron las creencias, las doctrinas, las ideologías, las supersticiones, los sistemas filosóficos y sus refutaciones;
desaparecieron los cuerpos, las identidades, los vínculos, las genealogías, las memorias y los olvidos;
desaparecieron el tiempo, la sucesión, la duración, la causalidad y la expectativa.

Después de todo eso, ya no hubo quien constatara la desaparición.



Escribí un texto donde el mundo desaparezca solo mediante enumeraciones, sin narrador explícito ni acciones.

Condiciones:

5 enumeraciones ordenadas de macro → micro → abstracto.

Cada lista debe cambiar de registro (científico, doméstico, burocrático, poético, metafísico).

El último renglón debe negar la posibilidad misma de enumerar.

👉 Objetivo: que la forma de la lista sea la desaparición.

Ejercicio 2 (complejo — enumeración engañosa)

Redactá una enumeración aparentemente caótica (objetos, ideas, recuerdos).

Luego, revelá en una sola frase final que todos pertenecían a una sola cosa que ya no existe (por ejemplo: una ciudad, una infancia, una lengua, el mundo).

Prohibido nombrarla.


nariz

Érase un apéndice en forma de imperio,
un promontorio audaz sobre el semblante,
atalaya del aire, puente altanero,
nariz que gobernaba al resto errante.

No olía: administraba los aromas,
no estornudaba: emitía decretos.
Sombra daba al labio como torre a plaza,
y al rostro lo volvía mero pretexto.

Era pico, era proa, era muralla,
catalejo del viento y del resuello;
si el hombre hablaba, ella daba la talla,
pues primero entraba al mundo su destello.

Tal fue su ser de cosa soberana
que el cuerpo fue soporte… y no al revés.

li

Bosque–pradera–arroyo–fuente–zagal–pastora–rebaño–flauta–cabaña–encina–laurel–roble–pino–rocío–brisa–sendero–vereda–valle–colina–sierra–aurora–alba–ocaso–crepúsculo–sol–luna–estrella–cielo–nube–silencio–soledad–retiro–contemplación–sosiego–amor–ideal–suspiro–lamento–canto–copla–verso–ninfa–fauno–eco–agua–hierba–flor–espina–espiga–trigo–pan–miel–leche–jarro–sombra–descanso–siesta–paz–armonía–naturaleza–mundo–camino–andante–caballero–escudero–honra–fama–locura–sueño–verdad–engaño–ventura–fortuna–destino–azar–plácido–manso–humilde–sencillo–rústico–agreste–verde–dorado–claro–puro–lento–antiguo–tiempo–memoria–relato–fábula–pastoril–fantasía–idealismo–melancolía–esperanza–anhelo–promesa–juramento–fidelidad–constancia–fe–voz–palabra–dicho–refrán–consejo–experiencia–camino–jornada–descanso–reposo–noche–vigilia–sueño–despertar–mirada–horizonte–lejanía–regreso–partida–espera–encuentro–concordia–amistad–lealtad–cortesía–nobleza

tt

Porque engaña la luz cuando halaga,

porque miente el oro cuando brilla,

porque halaga el mundo mientras mata,

dígolo por no decirlo.

Porque es polvo el poder que se pavonea,

porque es humo la honra que se nombra,

porque es deuda la carne que se gasta,

escríbese por no decirlo.

La lengua, torcida de tanto jurar verdades,

hace del verbo cárcel y del nombre cuchillo;

promete cielo, reparte ceniza,

y calla al fin por no decirlo.

Así comienza el discurso con porque,

así se cierra la sentencia con silencio,

pues decirlo todo es ruina,

y sabio es quien calla por no decirlo

🔥 Vamos con eso.


Rap dialogado — Aliteración

(octosílabos · rima consonante en -ón)

VOZ A
Barrio bate el corazón,
late bronca en cada rincón.

VOZ B
No me hables de redención,
la calle cobra su comisión.

VOZ A
Pibes pisan prohibición,
pero piensan revolución.

VOZ B
Sueño suena tentación,
despierta dura la ración.

VOZ A
Rap responde al paredón,
palabra planta posición.

VOZ B
Mucho verso, poco pan,
manda miedo y ambición.

VOZ A
Si la ley vende traición,
yo le compro convicción.

VOZ B
Calles cortan la ilusión…

AMBOS
pero el ritmo
rompe el control
y contagia rebelión.


Si querés, seguimos subiendo:
🎤 rap dialogado con narrador,
⚔️ rap discusión ideológica,
🏙️ rap teatralizado con acotaciones,
o lo cruzamos con otra figura retórica.

pi

🔥 Vamos con eso.


Rap dialogado — Aliteración

(octosílabos · rima consonante en -ón)

VOZ A
Barrio bate el corazón,
late bronca en cada rincón.

VOZ B
No me hables de redención,
la calle cobra su comisión.

VOZ A
Pibes pisan prohibición,
pero piensan revolución.

VOZ B
Sueño suena tentación,
despierta dura la ración.

VOZ A
Rap responde al paredón,
palabra planta posición.

VOZ B
Mucho verso, poco pan,
manda miedo y ambición.

VOZ A
Si la ley vende traición,
yo le compro convicción.

VOZ B
Calles cortan la ilusión…

AMBOS
pero el ritmo
rompe el control
y contagia rebelión.


Si querés, seguimos subiendo:
🎤 rap dialogado con narrador,
⚔️ rap discusión ideológica,
🏙️ rap teatralizado con acotaciones,
o lo cruzamos con otra figura retórica.



 bate su tamborón,

bajo balas del patrón cruel.

Ciudad cruje sin perdón hoy,

pinta pobreza en cartón.

Rap retumba rebelión ya,

ritmo rompe regulación.

Pibes pisan prohibición,

pan pelea al patrón hoy.

Lengua lanza la razón más,

contra el cerco del sillón.

Calle canta sin salón hoy,

voz sin dueño ni patrón fiel.


Poema épico — aliteración
Héroe imperfecto
(octosílabo · rima consonante en -ado)

Cruza cansado soldado,
casco cascado, mal dado;
capa cosida pasado,
culpa carga a su lado.

No fue forjado, fallado,
por fracasos fue formado;
sangra, sigue bien armado,
si duda queda alzado.

No hay victoria: fue dado,
cada paso mal pisado;
pueblo sabe su pecado,
por eso queda cantado.




Barrio bate su tamborón,

bajo balas del patrón cruel.

Ciudad cruje sin perdón hoy,

pinta pobreza en cartón.

Rap retumba rebelión ya,

ritmo rompe regulación.

Pibes pisan prohibición,

pan pelea al patrón hoy.

Lengua lanza la razón más,

contra el cerco del sillón.

Calle canta sin salón hoy,

voz sin dueño ni patrón fiel.


miércoles, 28 de enero de 2026

aaa

enunciar – articular – declamar – aseverar – sentenciar – postular – argüir – esgrimir – dilucidar – elucidar – perorar – disertar – glosar – parafrasear – pontificar – aseverar – conminar – invocar – interpelar – alegar – apostrofar – vituperar – increpar – impugnar – replicar – refutar – exhortar – amonestar – admonir – profetizar – vaticinar – revelar – develar – susurrar – musitar – murmurar – balbucir – mascullar – soliloquiar – monologar– hablar – contar – charlar – comentar – explicar – tirar – largar – soltar – decirle – preguntar – responder – contestar – gritar – chillar – putear – bardear – quejarse – reclamar – avisar – alertar – insistir – repetir – cortar – callar – cerrar – bancar – joder – molestar – cargar – boquear – murmurar – cuchichear – susurrar – cantar – confesar – mentir – chamuyar – prometer – jurar

🔥 Vamos con eso: antítesis clara, dos voces enfrentadas, teatral, filosa, exagerada, con glamour, ego y lengua afilada al estilo Moria Casán (sin copiar frases reales).


“El ángel bueno y el ángel malo”

Ángel Bueno (con luz, pero con ojeras):
Amor, calmate.
Respirá.
No todo es escenario, no todo es aplauso.
A veces hay que bajar el telón con dignidad,
irse a casa, sacarse el maquillaje del alma
y dormir en paz.

Ángel Malo (con tacos, humo y carcajada):
¿Paz?
La paz es para los mediocres, cielo.
La vida es show o nada.
Si no te miran, no existís.
Si no escandalizás, te barren.
Brillá, aunque queme.

Ángel Bueno:
Pero el brillo también cansa.
La fama es una lámpara sin interruptor.
Después quedás sola,
con tu reflejo pidiéndote perdón.

Ángel Malo:
¿Perdón de qué?
De haber vivido.
De haber dicho todo.
De no pedir permiso.
Yo prefiero el exceso al arrepentimiento.
El pecado bien dicho es poesía.

Ángel Bueno:
Hay palabras que hieren.
Hay gestos que no vuelven.
La bondad también es poder.

Ángel Malo:
Y la maldad… espectáculo.
Querida, el mundo no aplaude a las santas,
aplaude a las que se bancan el abucheo
con la cabeza alta y las plumas intactas.

Ángel Bueno (susurrando):
Quizás tengas razón…
pero alguien tiene que apagar la luz.

Ángel Malo (riendo):
Que la apaguen otros.
Nosotras nacimos para el centro del escenario.

Y el alma, sentada entre los dos,
se acomodó el vestido,
sonrió a la platea
y eligió seguir viviendo
con culpa…
pero fabulosa.


Si querés, puedo:

  • hacerlo más corto y punzante
  • llevarlo al monólogo teatral
  • o exagerar aún más el tono camp / diva total 💄✨


domingo, 25 de enero de 2026

3

¡Perfecto! Vamos a condensar sin perder filo, bien Wilde 😌


Era un hombre elegantemente equivocado.

Vestía con un cuidado excesivo, como si la estética fuera su forma más discreta de rebeldía. Hablaba poco y nunca de manera directa: prefería que la verdad llegara envuelta en ironía, porque sabía que lo evidente suele ser vulgar.

Observaba a los demás con indulgencia divertida. Le parecían sinceros en exceso, y por eso peligrosamente previsibles. Él, en cambio, se permitía contradecirse con estilo: entendía que cambiar de opinión es un lujo reservado a quienes piensan.

No despreciaba la moral; simplemente se negaba a obedecerla sin conversación previa. Decía —sonriendo— que el buen gusto suele ser más subversivo que la provocación.

Quienes lo recordaron nunca supieron si fue frívolo o profundo.
Él habría considerado esa duda su mayor logro.


Si querés, puedo:

  • achicar todavía más (micro-Wilde)
  • hacerlo más ácido
  • o llevarlo a un personaje concreto (amor, arte, escándalo, decadencia)

Sabía, incluso antes de que el paciente hablara, que el silencio no era vacío.

Freud observaba con atención clínica y una curiosidad casi literaria. Desde su sillón, veía no solo el gesto contenido, sino la historia que lo había producido. Cada movimiento involuntario —un dedo que golpea, una pierna que se tensa— le confirmaba lo que ya intuía: el inconsciente siempre se adelanta a la palabra.

Comprendía los pensamientos que el paciente aún no se permitía formular. Sabía de los deseos reprimidos, de las culpas heredadas, de los recuerdos que se disfrazaban de olvido para sobrevivir. No los juzgaba; los ordenaba. Para él, la mente no era un misterio sagrado, sino un territorio en conflicto permanente.

También conocía sus propias sombras. Era consciente de que cada teoría nacía, en parte, de una obsesión personal, de una pregunta que no lograba callar. Aun así, avanzaba. Prefería una verdad incómoda a una mentira tranquilizadora.

Mientras el paciente hablaba, Freud ya veía el final de la frase, el origen del síntoma y la resistencia que vendría después. Sabía que la cura no consistía en borrar el deseo, sino en hacerlo consciente, nombrable, soportable.

Y entendía algo más, con una claridad casi cruel:
que el hombre no es dueño de su casa,
y que ese descubrimiento, una vez hecho, ya no tiene retorno.


La cámara no parpadeaba, pero él sí.

Desde la garita de vigilancia, el mundo se reducía a un rectángulo de monitores, un mate tibio y el zumbido constante de la electricidad. Llevaba cuatro horas mirando lo mismo: una puerta cerrada, un pasillo vacío, una luz que titilaba cada tanto como si quisiera decir algo y no se animara.

Sabía que en la vigilancia el peligro no aparece cuando uno lo espera. Aparece cuando la mente se relaja, cuando el cuerpo entra en ese estado ambiguo entre el hábito y el cansancio. Por eso se obligaba a contar los pasos de los pocos que cruzaban el cuadro, a memorizar horarios, a inventar historias mínimas sobre rostros que no volvería a ver.

A las 02:17 algo cambió. No fue una alarma, ni un movimiento brusco. Fue la ausencia. La cámara del pasillo tres quedó fija en una imagen inmóvil, demasiado perfecta. Él se inclinó hacia adelante. La experiencia le había enseñado que lo verdaderamente peligroso no es lo que se mueve, sino lo que deja de hacerlo.

Ajustó el enfoque, revisó los cables, miró el reloj. Todo parecía normal. Y sin embargo, una incomodidad le trepó por la espalda. Sentía que estaba observando algo que, de algún modo, también lo estaba esperando.

Se levantó. El piso crujió más fuerte de lo necesario. Por primera vez en la noche, dejó la garita. El pasillo estaba vacío, silencioso, intacto. Demasiado intacto.

Cuando volvió a los monitores, la cámara tres había retomado su pulso irregular. Gente cruzando. Luz titilando. Normalidad.

Se sentó otra vez, pero ya no miraba igual.
Entendió entonces la verdadera tarea de la vigilancia:
no cuidar un lugar,
sino aprender a reconocer el momento exacto en que la calma empieza a vigilarte a vos.


El día en que la gravedad empezó a fallar, nadie entró en pánico.

Al principio fue apenas un detalle técnico: los sensores del observatorio marcaban una variación mínima, tan pequeña que parecía un error de calibración. Los objetos no flotaban, no había caos visible. Solo una sensación extraña, como si el cuerpo pesara un recuerdo menos.

El protagonista lo notó en su departamento. El vaso tardó una fracción de segundo más en apoyarse sobre la mesa. Nada que filmar, nada que denunciar. Pero él trabajaba con anomalías, y sabía que las catástrofes no se anuncian: se insinúan.

Los informes comenzaron a llegar desde distintas partes del mundo. Plantas creciendo de forma irregular, aves que volaban más tiempo sin batir las alas, mareas que no obedecían del todo a la Luna. Los gobiernos hablaron de ajustes, de fenómenos transitorios. La palabra “gravedad” se evitó con una disciplina admirable.

Él entendió antes que nadie que no se trataba de una pérdida, sino de una redistribución. La gravedad no estaba desapareciendo: estaba migrando. Concentrándose en ciertos puntos, abandonando otros. Como si el planeta estuviera ensayando una nueva manera de sostenerse.

La noche en que confirmó la hipótesis, salió a la calle. La ciudad seguía funcionando, pero algo en su ritmo había cambiado. La gente caminaba con una ligereza que no era alegría. Los edificios parecían ligeramente ajenos al suelo que los había soportado durante siglos.

Pensó entonces en la historia humana, en su obsesión por permanecer. Comprendió que el problema no era caer, sino haber creído que el peso era una garantía.

Cuando, semanas después, los primeros objetos comenzaron a elevarse sin ruido, nadie gritó. Algunos miraron al cielo. Otros cerraron los ojos. Él sintió, con una mezcla de miedo y lucidez, que el futuro no sería una huida hacia arriba, sino el aprendizaje difícil de vivir sin el antiguo centro.

Porque cuando la gravedad cambia,
no se desploma el mundo:
se redefine lo que significa estar atado a él.





2

Escuchame, Julieta.

Asomate al balcón, pero no te inclines tanto. ¿Qué necesidad? El cielo no se va a caer si lo mirás desde acá. Tapate los hombros, que corre aire. Siempre corre aire cuando no hacés caso.

Bajá la voz. Sí, más. ¿Querés que medio Verona se entere? Los nombres no se gritan de noche. Los sentimientos, tampoco.

No te apoyes así. Ese borde no es firme. Confiás demasiado en las cosas altas. Vení para acá. Despacio. Eso. ¿Ves que no costaba?

Escuchame bien: no prometas nada ahora. Las promesas apuradas después pesan. Sentate. Respirás muy rápido. Cuando respirás así, decís cosas que después hay que sostener.

Mirá, yo te quiero, pero no así, no desordenado. El amor también se cuida. No es correr; es llegar entero. Guardá esa sonrisa, que mañana la vas a necesitar.

Andá adentro. Sí, ahora. Mañana hablamos con luz. Con luz todo se entiende mejor, incluso lo imposible.

Dame la mano.
No, la otra.
Eso.

Y acordate: no mires atrás, no llores, no dudes…
y cerrá el balcón, Julieta.
Cerralo bien.



Ponete el abrigo.
No, ese no, el otro. ¿Ves? Ese. Te dije.

Apagá eso ya. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? Después decís que no escuchás porque nadie te avisa. Te avisé. Recién. Y antes también.

Levantá lo que tiraste. No mires para otro lado, que el piso no se ordena solo. Dale, rápido, que se hace tarde y siempre somos los últimos.

¿Comiste? No, eso no es comer. Eso es picar. Sentate bien, enderezá la espalda, no sos un fideo. Masticá. Despacio. No tan despacio que se enfría.

Buscá las zapatillas. Están donde las dejaste. No, no ahí. Pensá. Pensá un poquito. ¿Ves? Ahí estaban.

Laváte las manos. Con jabón. Con jabón de verdad, no ese pase rápido que hacés. Fijate las uñas. Mirá esas uñas. Después te preguntás por qué te enfermás.

Apurate. No corras. Apurate bien. ¿Entendés la diferencia o te hago un dibujo?

Llevá la mochila. ¿La tarea? Decime que hiciste la tarea. No me mires así. Esa cara ya la conozco.

Dame un beso.
No, así no, bien.

Y acordate: portate bien, cuidate, avisá si llegás tarde…
y comé algo cuando tengas hambre, que después me decís “no sabía”.

Dale. Andá.
Cerrá la puerta.
Cerrala bien.


Respiren.
No, no así de apurados. Más lento. Nadie los está persiguiendo… salvo su propia cabeza.

Cierren los ojos. Sí, vos también. No me mires para ver si lo estás haciendo bien. No hay bien acá, hay atención. Aflojá los hombros. Esos. Siempre esos.

Inhalen por la nariz. Exhalen por la boca. No hagan ruido, esto no es una competencia de suspiros. Sentí cómo el aire entra solo. No lo empujen. Todo lo que se empuja se tensa.

Acomodá la columna. No rígida, presente. Si te duele, avisale al cuerpo que lo escuchaste. No lo contradigas. El cuerpo se enoja cuando lo ignoramos.

Estirá, pero no fuerces. Forzar no es avanzar. Si tiemblan, quédense ahí. El temblor también enseña. No se vayan mentalmente, quédense.

Soltá la mandíbula. Sí, vos. Siempre apretás. No hace falta morder la vida para sostenerla.

Si aparece un pensamiento, no lo eches. Saludalo y dejalo pasar. No lo invites a quedarse a charlar. Esto es práctica, no sobremesa.

Respiren otra vez. Profundo.
Sentí el piso. El peso. El ahora.

Muy bien.
Quedense un momento más.
No se apuren en volver: afuera, el ruido sigue esperando.

6

El narrador testigo es una voz que está dentro de la historia pero no es el protagonista. Presencia los hechos, los ve ocurrir, a veces participa de manera secundaria, y los cuenta desde su punto de vista limitado.
No lo sabe todo. No entra en la cabeza de los demás personajes (salvo por conjeturas). Narra lo que observa, escucha, deduce o recuerda.
Rasgos principales
Persona gramatical: suele usar primera persona (“yo vi”, “yo estaba ahí”), aunque también puede aparecer en tercera con foco restringido.
Participación: es personaje secundario o periférico.
Conocimiento parcial: no es omnisciente; su relato puede ser incompleto, sesgado o incluso erróneo.
Credibilidad relativa: el lector debe decidir cuánto creerle.
Efecto narrativo: aporta verosimilitud, intimidad y a veces misterio.
Qué puede hacer
Contar acciones visibles
Reproducir diálogos
Describir gestos, ambientes, silencios
Interpretar intenciones (sin certeza)
Qué no puede hacer
Afirmar con seguridad qué piensa otro personaje
Narrar hechos que no presenció
Controlar el sentido total de la historia
Ejemplo breve
Yo estaba en la habitación cuando entró. No dijo nada, pero su forma de cerrar la puerta me hizo pensar que ya lo sabía todo. Tal vez me equivoque, pero desde ese momento nada volvió a ser igual.
Ahí el narrador:
Está presente
Observa
Interpreta
Duda
Para qué se usa
Para crear distancia crítica
Para generar ambigüedad
Para contar historias donde la verdad no es única
Para reforzar la sensación de testimonio (juicios, memorias, crónicas)
Si querés, puedo:
Compararlo con narrador protagonista u omnisciente
Dar ejemplos literarios concretos
Proponer ejercicios de escritura con narrador testigo



No sé en qué momento dejó de ser el doctor y empezó a ser otra cosa, pero yo estaba allí. No dentro de él —eso vendría después— sino frente a su cuerpo, como se mira una casa mientras decide si aún es habitable.
Jekyll estaba de pie, apoyado en el escritorio. Tenía esa postura suya, correcta hasta en el cansancio. Creí que iba a hablarme, a explicarme algo con esa voz de hombre que aún cree en las causas. Pero no dijo nada. Sus manos empezaron a temblar primero, un temblor pequeño, casi educado, como si pidiera permiso.
Yo lo observaba con una paciencia que él nunca tuvo conmigo.
El rostro fue lo segundo. No cambió de golpe: se desordenó. La frente se le frunció como si un pensamiento nuevo, demasiado pesado, intentara abrirse paso. Los labios se le torcieron, no en una mueca, sino en una renuncia. Era la cara de alguien que ya no puede sostener la mentira que se repitió durante años.
Respiró hondo. Ahí supe que estaba perdiendo.
La espalda se arqueó, los hombros cedieron, como si el cuerpo por fin aceptara una gravedad distinta. Jekyll se hizo más bajo, pero más denso. Cada hueso parecía recordar para qué servía realmente. No fue una mutación grotesca: fue una corrección.
Yo sonreí. No porque ganara, sino porque el mundo empezaba a tener sentido.
Sus ojos —esos ojos tan llenos de justificaciones— se oscurecieron. No de ira, sino de claridad. Me miró por primera vez como se mira un espejo que ya no devuelve consuelo. Quiso decir mi nombre. No pudo. La lengua aún le obedecía a otro.
Cuando cayó de rodillas, ya no era un hombre suplicando, sino una forma aprendiendo a ocupar su lugar. Jekyll no gritó. Los que gritan todavía creen que alguien puede salvarlos.
Yo me acerqué. No para ayudarlo. Para esperarlo.
Porque no estaba muriendo.
Estaba llegando.





ll

Yo, Cleopatra Filópator, no nací para obedecer al silencio.

Nací en Alejandría, cuando el mundo todavía creía que el poder era un asunto de linajes y espadas. Me educaron para algo más peligroso: entender. Aprendí lenguas como otros aprenden a rezar; griego, egipcio, latín, hebreo… porque quien domina la palabra gobierna antes que quien levanta un ejército. Fui reina en una dinastía que ya se estaba pudriendo, y aun así me negué a heredar su decadencia como destino.

Dicen que seduje a los hombres más poderosos de Roma. Es una simplificación torpe. A Julio César no lo seduje con el cuerpo, sino con una idea: Egipto no era un botín, era un aliado indispensable. Me hice llevar hasta él envuelta en una alfombra —sí, es cierto— porque el poder también necesita espectáculo. César entendió que yo no pedía protección: ofrecía estabilidad.

Cuando él murió, Roma volvió a mostrar los dientes. Entonces apareció Marco Antonio, brillante y trágico, más parecido a mí de lo que admitía. Con él no fingí dulzura; fui reina, estratega y compañera. Gobernamos entre fiestas y tratados, entre promesas y amenazas. Amé, sí, pero nunca confundí el amor con el gobierno. Ese fue su error, no el mío.

Octavio me llamó peligrosa porque no podía nombrarme igual. No era una reina extranjera: era una mujer que pensaba en voz alta. Roma no me derrotó en el campo de batalla, sino en el relato. Me convirtieron en mito para no admitir que fui política.

Cuando supe que me exhibirían encadenada, elegí la muerte como último acto de soberanía. No fue un gesto romántico; fue coherencia. Una reina no desfila humillada para enseñar a otros cómo se vence a una mujer libre.

Hoy me recuerdan como hechicera, amante, veneno. Yo me recuerdo como algo más incómodo: una gobernante que habló su propio idioma en un mundo que exigía silencio.
Y eso, incluso siglos después, sigue siendo imperdonable.


Diario de la Serpiente

(a la manera de Mark Twain)

Día 1

Hoy me di cuenta de que soy la única criatura aquí que no parece impresionada por nada. Todos miran el jardín como si fuera un milagro permanente. Yo lo veo funcional, aunque excesivamente verde. Hay un árbol con reglas especiales. Siempre que alguien prohíbe algo, nace una pregunta. Me quedé cerca, por curiosidad profesional.

Día 3

He observado a la mujer. Hace preguntas. Eso ya la distingue del resto. El hombre, en cambio, nombra cosas. Cree que ponerles nombre las vuelve inofensivas. Llama “árbol” al árbol prohibido, como si eso resolviera el asunto. Me caen bien los que dudan.

Día 7

Me acusaron hoy —sin pruebas— de ser astuta. No lo niego, pero tampoco exageremos. Simplemente escucho. El jardín habla todo el tiempo: las hojas crujen, el viento insinúa, el silencio empuja. Yo traduzco. Eso no es maldad, es servicio lingüístico.

Día 12

La mujer volvió al árbol. No tocó nada. Pensó. Pensar es una actividad subestimada aquí. Le conté lo obvio: que saber no mata, que la ignorancia sí aburre. No mordí la fruta, por si luego me echan la culpa. Me limité a observarla observar.

Día 13

Comieron. No fue un acto dramático. Ningún trueno, ningún temblor. Solo una pausa larga. Luego vino esa mirada nueva: como si el mundo hubiera aumentado de tamaño de golpe. El hombre se puso nervioso. La mujer, curiosamente, se puso atenta. Anoté eso.

Día 14

Descubrieron la vergüenza. Nadie les explicó cómo usarla, así que la aplicaron mal, como todo lo nuevo. Se cubrieron. El jardín siguió igual. Eso debió haberlos tranquilizado, pero no. Cuando uno aprende algo, ya no puede fingir que no lo sabe.

Día 18

Apareció la Voz. Siempre aparece tarde. Hubo preguntas que no buscaban respuestas. Yo no hablé. Las mejores intervenciones son las que se hacen antes o nunca. Me señalaron de todos modos. Así funciona la pedagogía divina.

Día 21

Consecuencias. Una palabra interesante. El hombre trabajará la tierra. La mujer sentirá más cosas. Yo cambiaré de reputación. Nadie quedó igual, pero todos creen que el error fue mío. Es un alivio no tener que fingir inocencia.

Día 30

El jardín quedó atrás. Los vi irse sin mirar mucho. Caminaron derechos, como si ya intuyeran el peso de la historia. Yo me quedé. Alguien tiene que recordar cómo empezó todo: no con una caída, sino con una pregunta bien hecha.

Nota final (sin fecha)

No introduje el mal. Introduje la conciencia. Lo demás vino solo.

Si eso me convierte en villana, aceptaré el papel.

Siempre fue más interesante que el de adorno.





jj

Bueno, amores, voy a confesar algo —pero no esperen arrepentimiento, porque eso nunca fue lo mío. Confieso que siempre supe que el escenario no era un lugar: era un estado mental. Yo no entré al show, el show me pasó por el cuerpo. Y sí, muchas veces exageré, provoqué, dije de más… pero nunca fue descuido: fue método.

Confieso que me acusaron de frívola cuando en realidad estaba pensando todo. La diva también piensa, aunque no lo crean. Confieso que me hice fuerte en un mundo que esperaba que pidiera permiso, y no lo hice. No porque no supiera cómo, sino porque no quise.

Confieso que el personaje me salvó, pero también me expuso. Que hubo noches de luces donde el silencio pesaba más que el aplauso. Que me juzgaron por la boca antes que por la cabeza.

Y confieso algo más íntimo: nunca quise ser ejemplo. Quise ser libertad. Si eso incomoda, problema del espectador. Yo hablé. Yo estuve. Yo soy. Y con eso, cariño, alcanza y sobra. 💋


Declaro, en primera persona, que el futuro no se espera: se conquista. No creo en los destinos dóciles ni en las victorias concedidas; creo en la voluntad que avanza cuando todo parece resistirse. He aprendido que la incertidumbre no es un enemigo, sino un territorio. Allí se fundan los imperios interiores.

Veo por delante un tiempo exigente, pero fértil. Sé que cada obstáculo educa, que cada derrota afila la mirada. No camino solo por lo que soy, sino por lo que todavía puedo llegar a ser. La esperanza no es una emoción blanda: es disciplina, estrategia y decisión sostenida.

Asumo que el mañana pedirá coraje, orden y visión. Acepto ese desafío. Organizo mis fuerzas, mido mis pasos y avanzo. No porque todo esté claro, sino porque avanzar aclara.

Creo en la grandeza posible cuando el pensamiento se vuelve acción. Creo en la constancia como forma de fe. Y afirmo, sin titubeos, que el futuro pertenece a quienes se atreven a pensarlo en grande y a ejecutarlo sin excusas. Hoy empiezo. Y continúo.





eje


Declaro, en primera persona, que el futuro no se espera: se conquista. No creo en los destinos dóciles ni en las victorias concedidas; creo en la voluntad que avanza cuando todo parece resistirse. He aprendido que la incertidumbre no es un enemigo, sino un territorio. Allí se fundan los imperios interiores.

Veo por delante un tiempo exigente, pero fértil. Sé que cada obstáculo educa, que cada derrota afila la mirada. No camino solo por lo que soy, sino por lo que todavía puedo llegar a ser. La esperanza no es una emoción blanda: es disciplina, estrategia y decisión sostenida.

Asumo que el mañana pedirá coraje, orden y visión. Acepto ese desafío. Organizo mis fuerzas, mido mis pasos y avanzo. No porque todo esté claro, sino porque avanzar aclara.

Creo en la grandeza posible cuando el pensamiento se vuelve acción. Creo en la constancia como forma de fe. Y afirmo, sin titubeos, que el futuro pertenece a quienes se atreven a pensarlo en grande y a ejecutarlo sin excusas. Hoy empiezo. Y continúo.


Bueno, amores, voy a confesar algo —pero no esperen arrepentimiento, porque eso nunca fue lo mío. Confieso que siempre supe que el escenario no era un lugar: era un estado mental. Yo no entré al show, el show me pasó por el cuerpo. Y sí, muchas veces exageré, provoqué, dije de más… pero nunca fue descuido: fue método.

Confieso que me acusaron de frívola cuando en realidad estaba pensando todo. La diva también piensa, aunque no lo crean. Confieso que me hice fuerte en un mundo que esperaba que pidiera permiso, y no lo hice. No porque no supiera cómo, sino porque no quise.

Confieso que el personaje me salvó, pero también me expuso. Que hubo noches de luces donde el silencio pesaba más que el aplauso. Que me juzgaron por la boca antes que por la cabeza.

Y confieso algo más íntimo: nunca quise ser ejemplo. Quise ser libertad. Si eso incomoda, problema del espectador. Yo hablé. Yo estuve. Yo soy. Y con eso, cariño, alcanza y sobra. 💋




i

La primera persona protagonista es una forma de enunciación en la que quien narra es, a la vez, el sujeto central de la acción. Desde la teoría literaria, esta elección implica una focalización interna: el mundo narrado se organiza según la percepción, la memoria y el lenguaje del “yo”. No hay acceso directo a los hechos “objetivos”, sino a una versión mediada. Por eso la primera persona no garantiza verdad, sino coherencia subjetiva; el relato se construye como experiencia, no como crónica.

Desde la psicología, el narrador protagonista pone en juego la conciencia narrativa del yo. Narrar en primera persona es un acto de identidad: el sujeto se explica a sí mismo mientras habla. Aparecen mecanismos como la racionalización, la omisión, la proyección o la distorsión de la memoria. El relato funciona como elaboración psíquica de la experiencia, a veces como defensa, a veces como intento de sentido.

Desde la sociología, ese “yo” nunca es puro: está atravesado por discursos sociales, valores, clases, géneros y lenguajes compartidos. El narrador protagonista habla desde una posición histórica y cultural determinada. Su voz individual es también un producto social: al contarse, reproduce —o discute— las normas del mundo al que pertenece.

2da per

Claro. Te propongo una definición precisa, integrando teoría narrativa y matiz literario.


Narrador en primera persona de testimonio / confesión

El narrador en primera persona de testimonio o confesión es aquel que relata los hechos desde el “yo” como sujeto implicado moral, emocional o éticamente en lo narrado. No solo cuenta lo ocurrido: declara, justifica, expía o intenta comprender su propia acción o responsabilidad.

A diferencia del narrador protagonista clásico, el foco no está en la aventura externa sino en la experiencia interior y en la necesidad de decir. El relato se construye como un acto posterior a los hechos: escribir es una forma de respuesta ante la culpa, el trauma, el deseo o la memoria insistente.

Desde lo estructural, este narrador se caracteriza por:

  • una voz subjetiva y autorreflexiva
  • un fuerte vínculo entre narración y conciencia
  • la presencia de silencios, vacilaciones y contradicciones
  • una tensión constante entre decir y ocultar

La confesión no busca necesariamente verdad objetiva, sino alivio, sentido o absolución. El testimonio, por su parte, transforma la experiencia personal en palabra, situando al “yo” como prueba viva de lo narrado.

Si querés, puedo ayudarte a contrastarlo con protagonista, testigo o autobiográfico, o armar ejercicios avanzados específicos para este tipo de narrador.


Vamos a subir un nivel más.
Estos ejercicios no buscan “practicar” la definición, sino poner en crisis el narrador de primera persona testimonio / confesión. Son exigentes, incómodos y pensados para escritura literaria avanzada.


Ejercicios extremos – Narrador de testimonio / confesión

1. La confesión sin delito

Escribí una confesión en primera persona donde nunca quede claro qué se confiesa, pero el peso moral sea innegable.
Regla: no usar palabras como culpa, error, pecado, crimen, falta.
Objetivo: trabajar la ética implícita y la presión del silencio.


2. Testimonio para un lector que no perdona

El narrador escribe sabiendo que quien lo lee no va a absolverlo.
Condición: el texto debe avanzar igual, sin súplica ni justificación directa.
Objetivo: separar confesión de perdón.


3. La verdad que no alivia

Escribí un testimonio donde decir la verdad empeora la situación del narrador.
Regla estructural: cada párrafo debe cerrar una salida posible.
Objetivo: romper la idea de confesión como liberación.


4. Confesión fragmentada

El texto está compuesto por notas sueltas, tachaduras, agregados tardíos, correcciones.
Prohibido: orden cronológico.
Objetivo: mostrar una conciencia que no logra narrarse de forma lineal.


5. El yo que se acusa a medias

El narrador asume responsabilidad, pero constantemente la desplaza hacia otros, al contexto o al azar.
Condición: no puede mentir de forma explícita.
Objetivo: explorar la racionalización y la autoexculpación.


6. Testimonio sin emociones nombradas

Escribí una confesión donde ninguna emoción sea nombrada, pero todas sean perceptibles.
Objetivo: narrar lo psicológico desde la acción y la omisión.


7. La confesión tardía

El narrador escribe cuando ya no queda nada por perder.
Regla: el texto debe dar la sensación de que llega demasiado tarde.
Objetivo: trabajar el tiempo ético del relato.


8. El testimonio como documento

Escribí el texto como si fuera una declaración, informe, carta legal o registro oficial.
Pero: el lenguaje institucional debe resquebrajarse.
Objetivo: tensar forma objetiva vs. subjetividad confesional.


9. Confesar para entender, no para contar

El narrador escribe sin saber aún qué ocurrió realmente.
Condición: el texto debe avanzar como una investigación interior.
Objetivo: hacer del acto de narrar un proceso cognitivo.


10. El yo que se desdice

A lo largo del relato, el narrador corrige afirmaciones anteriores.
Regla: cada corrección debe empeorar su imagen.
Objetivo: mostrar la inestabilidad de la memoria moral.


11. Testimonio con un solo recuerdo nítido

Todo el relato gira alrededor de una escena mínima que vuelve una y otra vez.
Prohibido: describirla completa.
Objetivo: trabajar obsesión y retorno.


12. La confesión que no pide ser leída

El narrador escribe como si nadie fuera a leer el texto.
Pero: el lector debe sentirse interpelado.
Objetivo: explorar la paradoja del destinatario.


13. El yo dividido

El narrador se habla a sí mismo en segunda persona dentro de la confesión.
Objetivo: escindir conciencia y responsabilidad.


14. Testimonio sin cierre

El texto termina antes de que la confesión se complete.
Regla: no puede parecer inconcluso, debe parecer interrumpido por necesidad.
Objetivo: trabajar el límite de lo decible.


15. La confesión inútil

Escribí un texto donde el narrador sabe que confesar no cambia nada, pero escribe igual.
Objetivo: narrar desde la compulsión, no desde la esperanza.


Si querés, en el próximo paso puedo:

  • diseñar una rúbrica de corrección literaria para estos ejercicios
  • adaptarlos a formato reels / carrusel / guía descargable
  • o combinarlos con narrador testigo / protagonista para ejercicios híbridos de alto nivel.






El narrador de primera persona testigo es aquel que habla desde el “yo”, pero no ocupa el centro de la acción. Está dentro de la historia, ve y escucha lo que ocurre, pero el protagonista es otro. Su función no es vivir el conflicto principal, sino atestiguarlo y transmitirlo desde una cercanía parcial.

Estructura del narrador testigo

1. Posición narrativa
El narrador participa de los hechos, pero en un rol secundario: amigo, vecino, acompañante, discípulo, cronista accidental. Su mirada es cercana pero incompleta.

2. Focalización limitada
Solo puede narrar lo que percibe: gestos, palabras, silencios, consecuencias. No accede directamente a la interioridad del protagonista, salvo por inferencias.

3. Relato mediado
La historia llega filtrada por su memoria, su opinión y sus prejuicios. Esto introduce ambigüedad y tensión interpretativa.

4. Función interpretativa
El testigo suele intentar comprender al protagonista, explicarlo o justificarlo, aunque nunca lo logra del todo. El sentido queda abierto.

5. Distancia ética y emocional
A diferencia del protagonista, el testigo puede reflexionar, dudar o juzgar. Esa distancia sostiene la estructura del relato.

En síntesis, el narrador testigo construye una verdad observada, no vivida: narra desde el borde del acontecimiento, donde mirar ya es una forma de narrar.


El narrador de primera persona testigo es aquel que habla desde el “yo”, pero no ocupa el centro de la acción. Está dentro de la historia, ve y escucha lo que ocurre, pero el protagonista es otro. Su función no es vivir el conflicto principal, sino atestiguarlo y transmitirlo desde una cercanía parcial.

Estructura del narrador testigo

1. Posición narrativa
El narrador participa de los hechos, pero en un rol secundario: amigo, vecino, acompañante, discípulo, cronista accidental. Su mirada es cercana pero incompleta.

2. Focalización limitada
Solo puede narrar lo que percibe: gestos, palabras, silencios, consecuencias. No accede directamente a la interioridad del protagonista, salvo por inferencias.

3. Relato mediado
La historia llega filtrada por su memoria, su opinión y sus prejuicios. Esto introduce ambigüedad y tensión interpretativa.

4. Función interpretativa
El testigo suele intentar comprender al protagonista, explicarlo o justificarlo, aunque nunca lo logra del todo. El sentido queda abierto.

5. Distancia ética y emocional
A diferencia del protagonista, el testigo puede reflexionar, dudar o juzgar. Esa distancia sostiene la estructura del relato.

En síntesis, el narrador testigo construye una verdad observada, no vivida: narra desde el borde del acontecimiento, donde mirar ya es una forma de narrar.


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Hermoso objetivo. Te dejo 140 frases alentadoras, cortas, rítmicas y pensadas para empujar a escribir, probar, jugar y animarse. Podés usarlas sueltas o mezclarlas 👇

  1. Atrevete a escribir sin pedir permiso

  2. Es tu momento para probar algo nuevo

  3. Arriesgate a una idea incómoda

  4. Escribí aunque no sepas cómo termina

  5. Dale like y seguí esta propuesta

  6. Animate a equivocarte en voz alta

  7. Empezá hoy, no mañana

  8. Escribí sin corregir

  9. Probá romper la regla

  10. Confía en tu primera frase

  11. Animate a no entender del todo

  12. Dejá que el texto te lleve

  13. Es tu turno de jugar

  14. Arriesgate a sonar raro

  15. Escribí lo que evitás

  16. No busques estilo, escribí

  17. Dale una oportunidad a la consigna

  18. Soltá el miedo al ridículo

  19. Escribí como si nadie leyera

  20. Animate a exagerar

  21. Probá escribir mal a propósito

  22. Empezá por cualquier lado

  23. Dale cuerpo a esa idea

  24. Es tu espacio para experimentar

  25. Arriesgate a una voz nueva

  26. Escribí rápido

  27. No pienses tanto

  28. Jugá con las palabras

  29. Animate a fallar mejor

  30. Escribí lo primero que aparezca

  31. Dale tiempo al texto

  32. Probá otra mirada

  33. Es tu momento creativo

  34. Arriesgate al silencio

  35. Escribí desde el cuerpo

  36. No busques aprobación

  37. Dale like si te animás

  38. Seguí para más ejercicios

  39. Escribí aunque dudes

  40. Animate a incomodarte

  41. Dejá que el texto respire

  42. Probá un comienzo distinto

  43. Escribí sin explicar

  44. Arriesgate a lo abstracto

  45. Es tu laboratorio

  46. No corrijas todavía

  47. Jugá con el tiempo

  48. Animate a lo mínimo

  49. Escribí lo que no dirías

  50. Dale espacio al error

  51. Probá una frase imposible

  52. Es tu momento de escribir

  53. Arriesgate a cambiar de tono

  54. Escribí con ritmo

  55. Animate a repetir

  56. Dale una vuelta más

  57. No busques sentido aún

  58. Escribí para descubrir

  59. Probá romper la lógica

  60. Es tu zona segura para arriesgar

  61. Arriesgate a lo simple

  62. Escribí sin pensar en el lector

  63. Dale forma a lo confuso

  64. Animate a cortar

  65. Probá escribir menos

  66. Es tu voz la que importa

  67. Arriesgate a lo poético

  68. Escribí sin títulos

  69. Dale like si escribís

  70. Seguí si querés mejorar

  71. Animate a seguir

  72. Escribí desde una emoción

  73. Probá otra persona gramatical

  74. Es tu momento literario

  75. Arriesgate a no gustar

  76. Escribí lo cotidiano

  77. Dale rareza a lo común

  78. Animate a borrar después

  79. Probá escribir sin verbos

  80. Escribí sin metáforas

  81. Es tu juego

  82. Arriesgate a lo incómodo

  83. Escribí con urgencia

  84. Dale voz a un objeto

  85. Animate a improvisar

  86. Probá otro final

  87. Es tu espacio creativo

  88. Escribí sin expectativas

  89. Arriesgate a lo oscuro

  90. Dale tiempo a la idea

  91. Probá escribir una escena mínima

  92. Es tu desafío

  93. Arriesgate a lo fragmentado

  94. Escribí sin contexto

  95. Animate a seguir escribiendo

  96. Dale like y escribí

  97. Seguí para animarte más

  98. Es tu momento de crear

  99. Arriesgate a lo absurdo

  100. Escribí aunque no tenga sentido

  101. Probá escribir en contra

  102. Animate a cambiar de registro

  103. Dale forma al caos

  104. Es tu proceso

  105. Arriesgate a insistir

  106. Escribí sin releer

  107. Probá otra consigna

  108. Animate a sorprenderte

  109. Es tu camino literario

  110. Arriesgate a empezar de nuevo

  111. Escribí desde el error

  112. Dale una chance al texto

  113. Probá escribir lento

  114. Animate a escribir rápido

  115. Es tu entrenamiento creativo

  116. Arriesgate a continuar

  117. Escribí sin justificar

  118. Dale valor a lo pequeño

  119. Probá un enfoque raro

  120. Es tu espacio de prueba

  121. Animate a escribir hoy

  122. Arriesgate a terminarlo

  123. Escribí sin miedo

  124. Dale like si te animás

  125. Seguí si querés crecer

  126. Es tu momento ahora

  127. Arriesgate a confiar

  128. Escribí para vos

  129. Probá sin expectativas

  130. Animate a crear

  131. Dale forma a tu voz

  132. Es tu turno

  133. Arriesgate a decir algo

  134. Escribí aunque tiemble

  135. Probá una última vez

  136. Animate a empezar

  137. Dale continuidad

  138. Es tu práctica

  139. Arriesgate a escribir

  140. Escribí. Después vemos.

Si querés, en el próximo mensaje puedo:

  • adaptarlas a tono más agresivo / más poético / más argentino
  • ordenarlas para reels, carruseles o historias
  • o crear versiones con CTA específico para cada ejercicio 📚✍️

n pro

La primera persona protagonista es una forma de enunciación en la que quien narra es, a la vez, el sujeto central de la acción. Desde la teoría literaria, esta elección implica una focalización interna: el mundo narrado se organiza según la percepción, la memoria y el lenguaje del “yo”. No hay acceso directo a los hechos “objetivos”, sino a una versión mediada. Por eso la primera persona no garantiza verdad, sino coherencia subjetiva; el relato se construye como experiencia, no como crónica.

Desde la psicología, el narrador protagonista pone en juego la conciencia narrativa del yo. Narrar en primera persona es un acto de identidad: el sujeto se explica a sí mismo mientras habla. Aparecen mecanismos como la racionalización, la omisión, la proyección o la distorsión de la memoria. El relato funciona como elaboración psíquica de la experiencia, a veces como defensa, a veces como intento de sentido.

Desde la sociología, ese “yo” nunca es puro: está atravesado por discursos sociales, valores, clases, géneros y lenguajes compartidos. El narrador protagonista habla desde una posición histórica y cultural determinada. Su voz individual es también un producto social: al contarse, reproduce —o discute— las normas del mundo al que pertenece.

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Bien. Subimos un escalón más en el exceso obsceno y grotesco , sin pudor, sin freno, hipérbole hasta que se rompa. Encontré su habitación ...