### ELLO, YO Y SÚPERYÓ
### ACTO I — EL PRONOMBRE DE LOS NADIES
Tragedia cómica de la lengua descompuesta.
Personajes: YO, ELLO, SUPERYÓ, DUENDES (voces que aparecerán progresivamente).
El escenario está oscuro. En el centro, un ropero antiguo. A un costado, una mesa con un diccionario, una máquina de escribir, papeles desordenados, una silla y un espejo. Sobre el ropero hay un cartel: «IDENTIDADES DISPONIBLES. NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES».
Se escucha el ruido de una máquina de escribir. Una tecla. Otra. Otra. Alguien escribe una palabra. La repite. La borra. La vuelve a escribir.
Una voz lee desde la oscuridad.
VOZ: Yo.
Pausa.
VOZ: Yo.
Otra voz.
VOZ: Ello.
Otra.
VOZ: Súperyo.
Las tres voces se superponen.
VOCES: Yo-ello-súper-yo. Yo-ello-súper-yo. Yo-yo-yo. Ello-ello-ello. Súper-súper-súper.
Entra YO. Viste de manera corriente. Lleva una carpeta con documentos. Mira el ropero, la mesa y el espejo. Se sienta. Abre la carpeta.
YO:
Me llamo Yo.
Yo, de nombre, de pronombre, de pronóstico reservado.
Yo, primera persona del singular, singularmente acompañado, pluralmente solo.
Tengo documento, domicilio, apellido, fecha de nacimiento, fecha de vencimiento, vencimiento de cuotas, cuotas de la vida, vida en cuotas.
Soy persona física, persona jurídica, persona en trámite, persona de dudosa procedencia.
¿Quién me nombró?
¿Quién me pronunció?
¿Quién me puso este nombre de pronombre pronosticado, pronosticable, pronosticador?
Se mira en el espejo.
¿Yo soy yo porque me digo yo o me digo yo porque me dijeron que soy yo?
Se escucha una carcajada desde el ropero.
YO:
¿Quién anda ahí?
ELLO (desde adentro):
El de siempre.
YO:
¿Quién?
ELLO:
El de antes.
YO:
¿Antes de qué?
ELLO:
Antes de vos.
El ropero se abre de golpe. Aparece ELLO, vestido de manera extravagante. Lleva una combinación de prendas que no parecen pertenecer a ninguna época. Una capa, zapatos deportivos, una camisa antigua y un sombrero desproporcionado.
ELLO:
¡Te dije que estoy a las alturas de la vida!
YO:
Sí, pero tengo un nombre que me lleva a todos lados, que me dice quién soy, adónde voy, dónde tengo que trabajar. ¿Acaso tú te crees el dueño de mi vida?
ELLO:
¿Tu vida? ¡Qué pretencioso! La vida no es tuya, hermano. Vos apenas la alquilás. Y encima pagás expensas.
YO:
Tengo un nombre.
ELLO:
¡Qué desgracia!
YO:
Tengo una identidad.
ELLO:
¡Qué desgracia doble!
YO:
Tengo un sexo.
ELLO:
¡Qué problema administrativo!
YO:
Tengo una conciencia.
ELLO:
¡Qué intoxicación!
YO:
Tengo una familia.
ELLO:
¡Eso sí que es grave!
ELLO le quita la carpeta y comienza a revisar los documentos.
ELLO:
Nombre: Yo. Apellido: Yo. Domicilio: Yo. Estado civil: Yo. Ocupación: Yo. ¿No te parece un exceso de yoería?
YO:
Devolveme mis documentos.
ELLO:
Documentos, docu-mentiras, docu-miento, docu-miento y medio. ¡Todo en regla, todo en regla, todo enreglao!
Entra SUPERYÓ. Viste como personal ejecutivo: traje oscuro, saco y corbata. Lleva un portafolio. Camina con seguridad. No mira a nadie hasta llegar al centro.
SUPERYÓ:
Eso es lo que crees.
Abre el portafolio. Extrae una carpeta.
Te vengo a decir lo cruel que es la vida. Te he llenado de prohibiciones y aún así osas despedirme.
Soy tu patrón, soy tu padre, soy tu padrón electoral, soy tu dios padre, soy la ley, ley de vida, ley y legislador.
Se acomoda la corbata.
Soy tu orden de nacimiento, tu orden de mérito, tu orden de compra, tu orden de desalojo. Soy el orden del día, el día de la orden, la orden de la noche.
YO:
¿Vos también?
SUPERYÓ:
Yo, también.
ELLO:
¡Qué reunión de pronombres! ¡Qué fiesta de la gramática! ¡Qué orgía sintáctica!
SUPERYÓ:
Silencio.
ELLO:
Silen-cio. Cio, cio, cio. Cielo, cielo, cielo. ¿Quién tiene el cielo? ¿Quién tiene el suelo? ¿Quién tiene el culo?
SUPERYÓ:
¡ELLO!
ELLO:
¡Ello, ello, ello! ¿Qué es ello? ¿Un ello de circo? ¿Un ello de feria? ¿Un ello que no se pronuncia porque no corresponde?
YO:
Déjenme en paz. Nací para una misión. Seré buey de vivos y muertos, seré maravilla. Seré hombre.
ELLO:
Tú eres gay, hermano.
Silencio. YO se queda inmóvil.
YO:
Nooo. Esa no es mi identidad. La Iglesia me prohibió esa maldita palabra.
SUPERYÓ se quita el saco. Debajo lleva una camisa negra. Se coloca un alzacuello de sacerdote que extrae del portafolio.
SUPERYÓ (con solemnidad religiosa):
Serás lo que tengas que ser. De ahora en más no dejaré que nadie interrumpa tu deseo.
Se vuelve hacia ELLO.
Querido Ello, ya te imaginarás el horror que me provocan tus orgías continuas. No dejas valor ni baluarte, eres mi perdición. Ya no sé cómo camuflar mis ideas para que las creas.
ELLO:
Soy simple, soy siempre. Ese es el punto. Estoy más allá del tiempo y el espacio. Soy la verdad. Cruda y tabú. No necesito explicaciones. Mi gobierno es todo el mundo.
YO:
¡Déjenme en paz! ¡Estoy abrumado! No llego a horarios nunca. Me dejé llevar por ambos, en un tire y afloje. Quiero mi esposa, mis hijos, mi perro, mi sueldo, mi aguinaldo, mis vacaciones en Mar del Plata, mis infidelidades sin culpa, mis secretos, mi libertad.
ELLO:
¡Qué catálogo de la felicidad! ¿Tenés el combo familiar?
SUPERYÓ:
No tienes libertad.
Ahora viste de padre de familia: pantalón de vestir, camisa clara y un suéter sobre los hombros. Se sienta en la silla y cruza las piernas.
Jajajaja. No tienes libertad. Soy más cercano a Ello que a ti. Soy tu soberano.
YO:
¿No sabéis, querido progenitor, mi realidad? Puede vencerte. Puedo anarquizarme. Puedo…
Titubea.
¿Poder? No entiendo… Mis palabras se las lleva el agua. Siempre quise mantenerme lejos de ustedes.
ELLO:
Está bien, mortal de tiempos frágiles. Te llevaré a la verdad. No quiero que sufras. Mi camino es el deseo. Allí no hay dolor. O el dolor place a mis hermanos. La vida es la muerte.
YO:
¿Cómo es eso?
SUPERYÓ:
Está mintiendo Ello. Yo puedo morir.
ELLO:
¡Qué ingenuidad! Sucede que tengo más antigüedad que ustedes dos. No tengo quién me sujete. Dejé verme por sueños. Dejé que me manosearan con sus leyes. Pero no guardo rencor. Soy funcional a mí mismo.
YO:
Jajajajaja. Entonces, ¿en qué quedamos? Tu existencia depende de la mía. ¿No es así? Entonces me suicidaré.
Silencio. SUPERYÓ se levanta. Se coloca una gorra, una campera deportiva y cambia su postura. Ahora viste de villero.
SUPERYÓ:
Eso no está bien, friend. Eso no está bien, capo. Eso no está bien, man. Eso no está bien, amigo. Eso no está bien, che.
ELLO:
¡Mirá cómo cambia el uniforme! Ejecutivo, cura, padre, villero. ¡Una pasarela de la moral! ¡Un desfile de mandatos prêt-à-porter!
YO:
¿Por qué no? ¿Acaso quieren enloquecerme? Pues yo tengo el control.
ELLO (irónico):
¿Control? Por favor…
Camina alrededor de YO.
Eso está por verse. Soy un canal de río, de aguas vivas, de muérdagos y astillas. Soy veneno, soy un fármaco vencido. Soy letal y vital. Soy germen y soy árbol. Soy eterno. Soy, a fin de cuentas, TODO.
Se acerca al oído de YO.
¡Suicidate! ¡Ándale!
YO retrocede. SUPERYÓ se interpone entre ambos.
SUPERYÓ:
¡No escuches!
ELLO:
¡Escuchá!
SUPERYÓ:
¡No pienses!
ELLO:
¡Pensá!
SUPERYÓ:
¡Obedecé!
ELLO:
¡Desobedecé!
YO:
¡Cállense!
Los dos callan inmediatamente. YO se sorprende de su propio poder.
YO:
Ustedes creen tener todas las respuestas.
SUPERYÓ:
Por supuesto. Todos ansiamos el poder.
ELLO:
Yo no.
YO:
¿No?
ELLO:
Yo no quiero el poder. Quiero el goce. Que es peor.
ELLO se sienta sobre la mesa. Toma el diccionario y lo abre al azar.
ELLO:
Goce, gozar, gozoso, gozador, gozadera, gozne, goznear, gozambique, gozo, gozoza, gozarás, gozarás de los gozos del goce, gozarás de los goces de los gozantes.
SUPERYÓ:
¡No existe esa palabra!
ELLO:
Todavía.
YO:
De ahora en más mi mente será huésped de toda alimaña. Ahí los quiero ver.
SUPERYÓ:
Somos muy eficaces para combatir intrusos.
YO:
Jajajajaja. Atrévanse.
ELLO:
No eres el primero. Ni serás el último.
YO se arrodilla. Junta las manos y comienza a rezar.
YO:
Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la…
SUPERYÓ (portando nuevamente un cuellito de cura):
Gracias.
ELLO:
¡Basta, basta de estructuras! No hacen más que sacudirme de placer.
YO:
Genial. Podemos llegar a un acuerdo.
SUPERYÓ:
¿Cuál?
YO:
Vivo y dejo vivir. Estarán siempre. Lo sé. Permito su existencia. Pero déjenme mostrarles mi camino.
ELLO:
¿Caminos? La vida está repleta de caminos. ¡Y los conozco a todos!
YO:
Lo sé. Ustedes siempre tienen respuestas. Ustedes se creen los dueños de la vida.
SUPERYÓ:
Lo somos.
YO:
Okey. Cedo el paso. Pero esto acabará pronto. Y lo saben.
YO toma una cuerda de la mesa. La sostiene. La mira. No realiza ninguna acción contra sí mismo: la deja caer al suelo y se aleja.
ELLO:
¡Nooo! Basta. ¿Quieres dejar de gozar? O sigue gozando. Esa cuerda es maravillosa…
YO:
Gracias.
Se aleja.
SUPERYÓ:
Gracias.
ELLO:
Gracias.
YO:
Sé cómo enfurecerlos. Témanme.
SUPERYÓ:
Jajajajaja. No, no, señor. Mitigue sus pensamientos.
YO:
¿Acaso ustedes tienen derecho a tocarlo todo? Que se toquen ustedes. El que te apuñala por la espalda. Esto es una casa tomada. Tengo mi vida tomada. Por los espíritus del mal. De lo IN-conciente separado por la raya de la conciencia. ¿Dónde encontrar palabras, Palabruja?
ELLO se levanta. Se acerca al espejo. Escribe con un dedo sobre el vidrio empañado.
ELLO:
Palabruja.
La palabra queda escrita.
Palabra, palabrota, palabruja, palabrería, palabrerío, palabrerío de palabreros. La palabra bruja, la bruja palabra, la palabra que embruja, la palabra que des-bruja, la palabra que no se deja.
YO:
¿Y qué significa?
ELLO:
Lo que quieras.
SUPERYÓ:
Eso no es una definición.
ELLO:
Es una des-definición.
SUPERYÓ:
No está en el diccionario.
ELLO:
¡Por eso!
Los tres miran el espejo. La palabra PALABRUJA comienza a borrarse lentamente. Debajo aparece otra: IN-CONCIENTE.
YO:
¿Quién escribió eso?
ELLO:
Vos.
YO:
Yo no.
SUPERYÓ:
Yo tampoco.
ELLO:
Entonces fue ello.
Una carcajada. El espejo se oscurece.
SUPERYÓ queda solo. Los otros dos desaparecen en la penumbra. Se acomoda el saco, se alisa la camisa y vuelve a su aspecto ejecutivo. Recoge los documentos de YO, los ordena y los guarda en el portafolio.
SUPERYÓ (a solas):
Mi trabajo siempre es eficaz…
Abre el ropero. Adentro hay una pequeña luz. Se escucha una voz infantil que dice:
VOZ:
¿Puedo salir?
SUPERYÓ cierra la puerta.
Oscuridad.
FIN DEL ACTO I.
### Claves de lectura y puesta en escena
* El pronombre: YO intenta poseer su nombre; ELLO lo descompone; SUPERYÓ lo administra.
* El vestuario: cada cambio de SUPERYÓ es una transformación de la autoridad. La norma no tiene una sola cara.
* La lengua: las deformaciones no son adornos. Cada una abre una grieta en el sentido y pone en evidencia el poder de nombrar.
* El espejo: es el lugar donde las palabras se escriben y se deshacen.
* El ropero: aparece como secreto todavía sin revelar. La voz infantil del final prepara el conflicto de los actos siguientes.
Una decisión para toda la nueva versión: vamos a permitir que el lector no comprenda inmediatamente algunas palabras. No vamos a ponerles traducción ni explicación. La lengua tiene que ofrecer resistencia, música, humor y descubrimiento. El lector también tiene que trabajar, jugar y perderse.
### ELLO, YO Y SÚPERYÓ
### ACTO II — LOS SILENCIOS QUE DEBO AFRONTAR
Una comedia de la conciencia. O de la inconsciencia. O de ambas, que se hacen las distraídas.
Personajes: YO, ELLO, SUPERYÓ.
Espacio: El mismo ropero. La misma mesa. La misma silla. El espejo conserva la palabra PALABRUJA, aunque algunas letras se han desprendido y cuelgan como pequeños insectos. Sobre la mesa hay un teléfono, un reloj, un formulario y una campanilla de recepción.
Oscuridad.
Se escucha un reloj. No marca las horas: las mastica.
VOZ DE YO: Uno, dos, tres. Tres, dos, uno. Unos. Desunos. Desayuno.
Suena una campanilla.
SUPERYÓ (fuera de escena, voz de empleado público): Siguiente.
YO: ¿Quién sigue?
SUPERYÓ: Usted.
YO: ¿Yo?
SUPERYÓ: Usted mismo. Presente documento, conciencia y certificado de buena conducta.
YO: No tengo certificado de buena conducta.
SUPERYÓ: Entonces presente mala conducta debidamente justificada.
YO: Tampoco.
SUPERYÓ: ¿Y qué tiene?
YO: Tengo silencios.
Se enciende una luz sobre YO. Está sentado frente al teléfono.
YO: La verdad me han defraudado estos silencios. Estos silencios que debo afrontar cuando ustedes no están. Cuando se van. Cuando se callan. Cuando me dejan conmigo.
ELLO (desde el ropero): ¿Conmigo? ¡Qué compañía más desagradable! ¿Quién te autorizó a quedarte a solas contigo?
YO: Vos no estabas.
ELLO: ¿Y quién te dijo que me había ido?
YO: No te escuchaba.
ELLO: ¡Ah! Confundís silencio con ausencia. Qué error tan humano. El silencio es mi manera de hacer ruido sin pagar impuestos.
SUPERYÓ (entra con un reloj en la mano): Agradecelo. Eres joven, toda una vida por delante. Sueños por cumplirme, cumplirlos siempre, en todo momento.
YO: ¿Sueños por cumplirme? ¿O sueños por cumplirte?
SUPERYÓ: No compliques la sintaxis.
ELLO: ¡Complícala! ¡Descomplica la complicación! ¡Que la lengua se deslengüe!
YO: Yo quería dormir.
ELLO: Dormir es una forma de trabajar para mí.
SUPERYÓ: Y para mí, una forma de recuperar fuerzas para seguir gobernándote.
YO: ¿No pueden dejarme una noche en paz?
ELLO: La noche no es tuya. La noche es una propiedad horizontal del deseo. Cada uno tiene su departamento, pero las cañerías son comunes.
SUPERYÓ: Y las expensas las pago yo.
YO: ¡Basta! ¿Qué son esos sueños maravillosos de los que hablan? ¿Dónde están? ¿Por qué nunca llegan enteros?
ELLO: Porque llegan desarmados, como los juguetes baratos. Cantos de sirenas, socorros de peregrinos, imágenes fantasmales, odiseas múltiples, acordes suaves, orquestas zoológicas, mágicos muros, castillos medievales, sonatas y fugas.
YO: Eso no es un sueño. Es un catálogo.
ELLO: Un catálogo de lo que te falta.
SUPERYÓ: Y de lo que te sobra.
YO: ¿Y qué me sobra?
SUPERYÓ: Conciencia.
ELLO: No. Le sobra conciencia de tener conciencia. Es distinto. La conciencia se mira al espejo y se reconoce. La inconciencia se mira y se desconoce. La des-conciencia se desviste. La re-conciencia vuelve a vestirse.
YO: ¿Y yo dónde quedo?
ELLO: En el medio. Como una media sin par.
El reloj comienza a sonar. Cada campanada pronuncia una palabra.
RELOJ: Hora. Ahora. Ahorca. Ahorro. Desahorro.
YO: ¡Apaguen eso!
SUPERYÓ: No se puede. Es el horario institucional.
YO: ¿Institucional de qué?
SUPERYÓ: De la vida. Hay que levantarse, asearse, alimentarse, producir, reproducirse, reproducir las ideas, reproducir los gestos, reproducir el orden.
ELLO: Y después morirse. Pero con puntualidad, por favor.
YO: Yo soy la voz que parla. Por eso no puedes silenciarte.
SUPERYÓ: Yo jamás callo. Jamás argumento a favor. Soy la ley que todo lo ve.
YO: Tú eres gracias a mí. ¡Cállate!
ELLO: ¡Cállate, cállate, cállate! Cállate que te escucho. Cállate que te hablo. Cállate que te digo. Cállate que te callo.
YO: No puedo más.
SUPERYÓ: Sí puedes. Puedes trabajar. Puedes esperar. Puedes obedecer. Puedes desear lo permitido. Puedes permitir lo deseado. Puedes ser feliz dentro de los límites establecidos.
YO: ¿Y quién establece los límites?
SUPERYÓ: Yo.
ELLO: Yo también.
YO: ¿Los dos?
ELLO: Somos una sociedad de responsabilidad ilimitada. Vos sos el empleado.
SUPERYÓ: No. Es mi empleado.
ELLO: Es mi organismo.
YO: ¡Soy una persona!
SUPERYÓ: Una persona jurídica.
ELLO: Una persona orgánica.
YO: Una persona.
ELLO: Una pera sona. Una pera que suena. Una pera sonora. Una pera que se pudre en la heladera de la identidad.
SUPERYÓ: ¡Objeción! La fruta debe tributar.
YO: ¿No hay un lenguaje normal en esta casa?
ELLO: Normal. Norma. Normalidad. Normando. Normandía. Normando al hombre. El hombre normal es una norma con piernas.
SUPERYÓ: Y con obligaciones.
YO: ¿Y con deseos?
SUPERYÓ: Los deseos deben solicitarse por duplicado.
ELLO: Los deseos no solicitan. Asaltan. Se meten por la ventana, por la boca, por el culo del pensamiento. Son animales sin domicilio legal.
YO: ¿Y si no quiero?
ELLO: No querés querer. No querés no querer. Querés no querer querer. ¡Qué querencia tan poco querendona!
ELLO sale del ropero. Lleva una sábana blanca sobre los hombros. La arrastra como una cola.
ELLO: Vengo a hablarte de los sueños. No de esos que se cumplen, sino de los que te cumplen. De los que te hacen. De los que te deshacen.
YO: Yo no recuerdo mis sueños.
ELLO: Los sueños te recuerdan a vos.
YO: Eso es imposible.
ELLO: También era imposible que hablaras antes de aprender a hablar. Y sin embargo, aquí estás: parloteando la herencia de tus antepasados.
SUPERYÓ: No confundas al sujeto con su historia.
ELLO: ¿Y qué es el sujeto? ¿Un sujetador? ¿Un sujeto sujetado? ¿Un sujeto que sujeta? ¿Una sujeción con documentos?
YO: ¡Quiero una respuesta!
SUPERYÓ: Las respuestas se encuentran en el reglamento.
ELLO: Las preguntas, en cambio, se encuentran debajo de la lengua.
YO: Mi lengua está cansada.
ELLO: Entonces dale vacaciones. Que trabaje el cuerpo.
Silencio. ELLO deja caer la sábana. Debajo lleva una camisa de oficina, una corbata y un pantalón corto. SUPERYÓ mira el reloj.
### ESCENA II — LA OFICINA DE LOS QUE NO SE CALLAN
La mesa se convierte en escritorio. SUPERYÓ se sienta detrás. YO queda del otro lado. ELLO se instala en una silla giratoria y da vueltas.
SUPERYÓ: Espérame. No me esperes. Mírame. No me mires. Séme.
YO: ¿Que te sea?
SUPERYÓ: Que me seas.
ELLO: Te lo dije.
YO: ¿Qué?
ELLO: No estás preparado.
YO: ¿Para qué?
SUPERYÓ: Para la energía que te emano todos los días.
YO: ¿A quién le debo? Mi conciencia no se asusta de sus temores.
SUPERYÓ: Quizá es cuestión de esperar el momento. Mi poder es la palabra, lo que invento día a día, con todos los lenguajes posibles. Mis mundos son coherentes, mis formas perfectas. Soy una PyME de la Paz. Eficaz.
ELLO: ¡Una PyME! ¡Pequeña y mediana empresa de la moral! ¡Fábrica de mandatos, taller de obediencias, distribuidora de culpas al por mayor!
SUPERYÓ: Tenemos sucursales en todos los hogares.
YO: ¿Y qué venden?
SUPERYÓ: Culpabilidad en cuotas. Vergüenza con garantía. Culpa familiar. Culpa religiosa. Culpa laboral. Culpa sexual. Culpa hereditaria.
ELLO: Y un dos por uno en remordimientos. Llevás dos y te llevás un trauma de regalo.
YO: ¿Y si no compro?
SUPERYÓ: Te lo descontamos del sueldo.
YO: ¡No tengo sueldo!
SUPERYÓ: Entonces te lo descontamos de la autoestima.
ELLO se ríe. La silla giratoria gira cada vez más rápido.
ELLO: ¡Qué hermoso! La economía del alma. El alma en oferta. El espíritu en liquidación. La conciencia con tarjeta de crédito.
YO: ¿Y ustedes creen que pueden gobernarme con palabras?
SUPERYÓ: No solamente con palabras. También con horarios, uniformes, himnos, formularios, ceremonias, silencios.
ELLO: Con olores. Con recuerdos. Con una voz que te llama desde una habitación vacía. Con una mano que no está, pero que todavía te toca.
YO: No.
ELLO: Con la mesa donde comiste. Con la cama donde fingiste dormir. Con la puerta que cerraste para que nadie supiera.
YO: ¡No!
SUPERYÓ: Con el deber.
ELLO: Con el deseo.
YO: ¡Conmigo no!
SUPERYÓ: Especialmente contigo.
SUPERYÓ coloca un formulario delante de YO.
SUPERYÓ: Complete aquí.
YO: ¿Qué dice?
SUPERYÓ: Nombre y apellido.
YO: Yo.
SUPERYÓ: No puede ser.
YO: ¿Por qué?
SUPERYÓ: Porque ya figura como responsable.
YO: ¿Responsable de qué?
SUPERYÓ: De todo.
ELLO: ¡De la nada también! ¡La nada no se hace sola!
YO: ¿Y dónde firmo?
SUPERYÓ: Abajo.
YO: No hay abajo.
SUPERYÓ: Precisamente.
YO toma la lapicera. Escribe. La lapicera no deja tinta, sino una línea negra que se mueve como un gusano.
YO: ¿Qué es esto?
ELLO: Tu firma.
YO: No se parece a mi firma.
ELLO: Es la firma que te precede.
SUPERYÓ: La firma de la familia. La firma de la escuela. La firma de la iglesia. La firma de la patria. La firma del patrón. La firma del médico. La firma del juez.
YO: ¿Y mi firma?
ELLO: Todavía no la inventaste.
La línea negra se desprende del papel y sube por el brazo de YO.
YO: ¡Quítenmela!
SUPERYÓ: No se puede. Es un compromiso.
ELLO: Es un gusano de tinta. Te está escribiendo por dentro.
YO: ¡Quiero borrar lo que dice!
SUPERYÓ: No se borra. Se archiva.
ELLO: No se archiva. Se fermenta.
YO: ¿Y qué hago con esto?
ELLO: Dejalo crecer. Tal vez un día te dé palabras.
### ESCENA III — LA PALABRA QUE NO CABE
La luz cambia. El escritorio desaparece. YO queda de pie frente al espejo. ELLO y SUPERYÓ hablan desde lugares diferentes. La sábana blanca está extendida en el suelo como un mapa.
YO: Mientras tenga vida, ustedes viven en mí. Pero yo no soy solamente ustedes. No soy su casa, su templo, su oficina, su basurero. No soy una habitación disponible.
SUPERYÓ: Eres una construcción.
ELLO: Eres una destrucción.
YO: Soy una pregunta.
SUPERYÓ: Las preguntas deben tener respuesta.
ELLO: Las respuestas deben tener preguntas.
YO: Soy una voz.
SUPERYÓ: Una voz educada.
ELLO: Una voz desbocada.
YO: Una voz que busca.
SUPERYÓ: Una voz que obedece.
ELLO: Una voz que muerde.
YO: Una voz que no sabe.
ELLO: ¡Por fin!
ELLO golpea el suelo con los pies. SUPERYÓ hace sonar la campanilla.
SUPERYÓ: ¡Orden! ¡Orden! ¡Orden!
ELLO: ¡Desorden! ¡Desor-den! ¡Desoriente! ¡Desoráculo!
YO: ¿Quién soy cuando nadie me nombra?
SUPERYÓ: No existe nadie sin nombre.
ELLO: No existe nombre sin nadie.
YO: ¿Y antes del nombre?
ELLO: Agua.
SUPERYÓ: Familia.
ELLO: Hambre.
SUPERYÓ: Mandato.
ELLO: Carne.
YO: ¿Y después?
SUPERYÓ: Identidad.
ELLO: Muerte.
YO: ¿Y entre ambas?
ELLO: Una lengua.
SUPERYÓ: Una ley.
YO: ¿Y si la lengua se rompe?
ELLO: ¡Mejor!
SUPERYÓ: ¡Imposible!
YO: ¿Y si se rompe la ley?
ELLO: ¡Mejor todavía!
SUPERYÓ: ¡Anarquía!
YO: ¿Y si se rompe el Yo?
Silencio.
ELLO: Entonces aparece el resto.
SUPERYÓ: ¿El resto de qué?
ELLO: De todo lo que no pudiste ser.
YO mira el espejo. Las letras de PALABRUJA empiezan a desprenderse. Caen lentamente.
YO: Palabra. Palabra de honor. Palabra de Dios. Palabra de madre. Palabra de hombre. Palabra de nadie.
ELLO: Palabra que pare.
SUPERYÓ: Palabra que ordene.
YO: Palabra que muerda.
ELLO: Palabra que abra.
SUPERYÓ: Palabra que cierre.
YO: Palabra que no sea palabra.
ELLO: ¡Palabro! ¡Palabrón! ¡Palabrero! ¡Palabruja! ¡Palabrum!
SUPERYÓ: ¡Palabra reglamentaria!
YO: ¡Palabra sin regla!
ELLO: ¡Palabra que se fuga de la boca!
YO: ¿Y el silencio?
ELLO: El silencio también habla.
SUPERYÓ: Pero no debe decir cualquier cosa.
YO: ¿Y qué debe decir?
SUPERYÓ: Lo conveniente.
ELLO: Lo conveniente es una conveniencia del miedo.
YO: ¿Y lo inconveniente?
ELLO: La vida.
Se escucha un golpe detrás del ropero.
YO: ¿Quién está ahí?
SUPERYÓ: Nadie.
ELLO: Alguien.
YO: ¿Quién?
ELLO: El que todavía no tiene pronombre.
Otro golpe. La puerta del ropero se abre apenas. Una mano pequeña asoma y deja caer un papel.
YO (recoge el papel): ¿Qué dice?
SUPERYÓ: No lo leas.
ELLO: Leelo.
YO: «No sé cómo se llama lo que me pasa».
Pausa larga.
YO: ¿Quién escribió esto?
SUPERYÓ: No importa.
ELLO: Importa.
YO: ¿Y si soy yo?
SUPERYÓ: No eres tú.
ELLO: Todavía.
YO acerca el papel al espejo. Detrás de él, las letras PALABRUJA vuelven a formarse, pero ahora dicen:
NO SÉ.
La campanilla suena una sola vez.
SUPERYÓ (muy bajo): Se terminó el horario de atención.
ELLO: ¿Y quién atiende cuando cierra la oficina?
YO: El silencio.
ELLO: No. El silencio no atiende. El silencio espera.
Oscuridad.
Desde el ropero, una voz infantil:
VOZ: ¿Estás ahí? ¿Me escuchás? ¿Cuándo vas a abrir?
Un ruido de llave. No se sabe si abre o cierra.
FIN DEL ACTO II
Continuidad dramática: el primer acto enfrentó al YO con sus dos fuerzas internas; este segundo convierte el silencio en una institución, una oficina y una máquina de producir identidad. El papel que cae del ropero introduce una cuarta presencia: una voz anterior al nombre, que empezará a desorganizar el lenguaje y la identidad en el Acto III.
### ELLO, YO Y SÚPERYÓ
### ACTO III — EL LENGUAJE ES MI OCÉANO
Una ceremonia de los pronombres. Una fiesta de la carne verbal. Una gramática en estado de rebelión.
### ESCENA I — EL PRONOMBRE IMPOSIBLE
Oscuridad total. Se escucha una respiración. Luego otra. Después, una tercera respiración que parece provenir del público.
SUPERYÓ está de pie, vestido de macho: camisa abierta, cinturón, zapatos lustrosos. ELLO está sentado en el suelo, con las piernas cruzadas. Una luz ilumina el ropero. En la puerta cuelga un cartel: «SE ALQUILA IDENTIDAD. TRATO DIRECTO CON EL INQUILINO».
SUPERYÓ: Estoy abrumado. El lenguaje de Ello es atronador. Yo soy más simple. Mi lenguaje es claro, preciso, masculino, correcto. Yo digo: hombre. Y el hombre aparece. Digo: mujer. Y la mujer aparece. Digo: silencio. Y todos se callan.
ELLO: ¡Qué optimismo gramatical! ¡Qué soberbia de diccionario! ¡Qué machismo de sintaxis!
SUPERYÓ: No empieces.
ELLO: ¿No empieces qué? ¿No empieces a empezar? ¿No comiences a comenzar? ¿No inaugures la inauguración? ¡La lengua está llena de puertas y vos querés ponerle cerraduras!
SUPERYÓ: Hay reglas.
ELLO: Hay rejas.
SUPERYÓ: Hay géneros.
ELLO: Hay degeneraciones.
SUPERYÓ: Hay categorías.
ELLO: Hay cata-qué-querías.
SUPERYÓ: Hay una estructura.
ELLO: Hay una estruc-tura. Una estructura dura. Una dura estructura. Una estructura que se masturba con sus propias reglas.
SUPERYÓ: ¡Basta!
ELLO: ¿Basta? ¿Bastante? ¿Bastardo? ¿Bastilla? ¿Bastón? ¿Bastión? ¿Basta de bastas! ¡Bastante de bastantes!
ELLO se levanta. Se acerca al espejo. Se observa, pero su reflejo parece moverse con retraso.
ELLO: Bueno, eso de los lenguajes es un decir. Yo soy el verdadero lenguaje. El lenguaje es mi océano, mi virtualidad, mi espejo, mi base, mi pirámide.
SUPERYÓ: ¡No eres un lenguaje! Eres una pulsión.
ELLO: ¿Y vos qué sos? ¿Una expulsión? ¿Una institución? ¿Una prostitución del pensamiento?
SUPERYÓ: Soy la ley.
ELLO: La ley es una lengua con uniforme.
SUPERYÓ: Soy la forma.
ELLO: La forma es una deformación que todavía no se dio cuenta.
SUPERYÓ: Soy la realidad.
ELLO: La realidad es un relato que se cree sus propias mentiras.
YO entra. Trae el papel del acto anterior. Lo ha doblado muchas veces hasta convertirlo en una pequeña figura.
YO: ¿Quién escribió esto?
SUPERYÓ: Ya te lo dije. No importa.
ELLO: Y yo te dije que importa.
YO: No sé cómo se llama lo que me pasa.
SUPERYÓ: Te pasa la vida.
ELLO: Te pasa el cuerpo.
YO: ¿Y si no tengo palabras?
ELLO: Tenés lengua.
SUPERYÓ: Tenés nombre.
YO: No es suficiente.
ELLO: ¡Por fin! ¡El sujeto ha descubierto su insuficiencia! ¡El Yo ha perdido el documento! ¡La primera persona se ha quedado sin primera!
YO: Me han nombrado antes de preguntarme quién era.
SUPERYÓ: Es lo que corresponde.
YO: Me han dicho qué debía ser.
SUPERYÓ: Es lo que corresponde.
YO: Me han dicho qué debía desear.
SUPERYÓ: Es lo que corresponde.
YO: Me han dicho qué debía callar.
SUPERYÓ: Es lo que corresponde.
ELLO: Y ahora corresponde que te des-correspondas.
YO: ¿Y si no soy hombre?
SUPERYÓ: Eres hombre.
YO: ¿Y si no soy mujer?
SUPERYÓ: No digas tonterías.
YO: ¿Y si soy otra cosa?
SUPERYÓ: No hay otra cosa.
ELLO: ¡Hay otras cosas! ¡Hay otras casas! ¡Hay otras carnes! ¡Hay otras maneras de estar siendo!
YO: ¿Y cómo se llama eso?
ELLO: No sé.
YO: ¿Vos tampoco?
ELLO: ¡Claro que no! ¿Te creías que yo tenía todas las respuestas? Soy el deseo, no una enciclopedia. Soy el principio, no el diccionario. Soy el barro antes de la estatua, la saliva antes del discurso, la célula antes del apellido.
SUPERYÓ: ¡Eso es una barbaridad!
ELLO: ¡La barbarie es una palabra que inventaron los civilizados para no reconocerse en el espejo!
### ESCENA II — EL CUERPO DE LAS LETRAS
Una música comienza a sonar. No tiene melodía reconocible: es una mezcla de respiraciones, murmullos, sonidos de animales, golpes de lengua y vocales prolongadas.
ELLO se quita los zapatos. SUPERYÓ se afloja la corbata. YO permanece inmóvil.
ELLO: El cuerpo, hermano. El cuerpo no sabe de documentos. El cuerpo no nació con un formulario debajo del brazo. El cuerpo fue antes que el Estado, antes que la iglesia, antes que el patrón, antes que el pronombre.
SUPERYÓ: El cuerpo necesita orden.
ELLO: El cuerpo necesita cuerpo.
YO: ¿Y qué es un cuerpo?
ELLO: Una pregunta con huesos.
SUPERYÓ: Una máquina biológica.
YO: Una frontera.
ELLO: Una frontera que suda.
SUPERYÓ: Un organismo.
YO: Una historia.
ELLO: Una herida que aprende a caminar.
SUPERYÓ: Un instrumento de trabajo.
ELLO: Una fábrica de placeres.
YO: Una casa.
ELLO: Una casa tomada.
SUPERYÓ: Una propiedad privada.
ELLO: ¡Un territorio ocupado por los invasores de la costumbre!
YO comienza a mover las manos. Se toca la cara, el pecho, el abdomen. Como si buscara una palabra debajo de la piel.
YO: Tengo una lengua en la boca. Otra en el estómago. Otra en los pies. Una lengua que no habla, pero recuerda. Una lengua que se traga las palabras. Una lengua que se queda dura cuando alguien pregunta.
ELLO: La lengua también tiene músculos.
SUPERYÓ: Y límites.
YO: La lengua tiene miedo.
ELLO: La lengua tiene hambre.
SUPERYÓ: La lengua tiene normas.
YO: La lengua tiene memoria.
ELLO: La lengua tiene memoria de otras lenguas. De las que murieron. De las que no llegaron a nacer. De las que se quedaron en la garganta de las madres.
YO: ¿Y de las que todavía no existen?
ELLO: Esas son las más interesantes.
ELLO se acerca a YO y le susurra una serie de palabras.
ELLO: Boca. Bocado. Bocanada. Bocadura. Bocacalle. Bocacerrada. Bocadesatada.
YO: Boca que besa. Boca que calla. Boca que come. Boca que nombra.
SUPERYÓ: Boca que debe comportarse.
ELLO: Boca que se rebela.
YO: Boca que se desboca.
ELLO: ¡Desbocadura! ¡Deslenguamiento! ¡Desbocalización!
SUPERYÓ: Eso no existe.
ELLO: Todavía.
YO se acerca al espejo y escribe con el dedo:
HOMBRE / MUJER / HOMBRX / MUJERX / HXMbrx
YO: ¿Dónde termina una palabra y empieza un cuerpo?
SUPERYÓ: En el diccionario.
ELLO: En la carne.
YO: ¿Y dónde termina la carne?
ELLO: En ninguna parte.
SUPERYÓ: En el cementerio.
ELLO: ¡Ni siquiera ahí! La carne continúa en la memoria, en los hijos, en los gestos, en los nombres que otros pronuncian.
YO: ¿Y si no quiero que me pronuncien?
ELLO: Entonces habrá que aprender a escucharte.
### ESCENA III — EL SOFTWARE DEL ALMA
SUPERYÓ enciende una computadora imaginaria. Su postura cambia. Ahora habla como un presentador de tecnología.
SUPERYÓ: Damas, caballeros y demás usuarios del sistema: he desarrollado una solución integral para el problema de la identidad.
ELLO: ¡Qué miedo!
SUPERYÓ: Un programa inteligente. Un sistema de reconocimiento de personas. Un algoritmo de normalización de conductas.
YO: ¿Y qué hace?
SUPERYÓ: Clasifica.
YO: ¿Según qué?
SUPERYÓ: Según lo que corresponde.
ELLO: ¡Otra vez el corresponde! ¡Ese verbo es un policía con conjugación irregular!
SUPERYÓ: El sistema identifica desviaciones, corrige errores, detecta pensamientos inconvenientes y sugiere comportamientos aceptables.
YO: ¿Y si no acepto?
SUPERYÓ: El sistema te acepta por vos.
ELLO: ¡Qué maravilla! ¡La libertad automatizada! ¡La obediencia con inteligencia artificial! ¡El deseo con contraseña!
SUPERYÓ: También he creado un programa antisuicidio, capaz de dominarte ante cualquier pensamiento autodestructivo. He cargado en este software los mandatos éticos que no permitirán que llegues a tal decisión. Piensa: trabajo en equipo.
YO: ¿Trabajo en equipo? ¿Con quién?
SUPERYÓ: Conmigo.
ELLO: Y conmigo, aunque no me hayas invitado.
YO: ¿Y qué pasa si el programa se equivoca?
SUPERYÓ: No se equivoca.
ELLO: ¿Y si se equivoca dos veces?
SUPERYÓ: No se equivoca.
ELLO: ¿Y si se equivoca tres veces y le pone una corbata al error?
SUPERYÓ: ¡Imposible!
YO: ¿Y quién controla al controlador?
SUPERYÓ se queda inmóvil.
ELLO: ¿Quién programa al programador? ¿Quién vigila al vigilante? ¿Quién cura al curandero? ¿Quién psicoanaliza al psicoanalista? ¿Quién pone en terapia al terapeuta?
YO: ¿Quién libera al libertador?
ELLO: ¿Quién descoloniza al descolonizador?
SUPERYÓ: ¡Silencio!
YO: ¿Quién le enseña al maestro?
ELLO: ¿Quién le enseña al que enseña a enseñar?
YO: ¿Quién le habla al que habla?
ELLO: ¿Quién escucha al que escucha?
SUPERYÓ: ¡Basta!
YO: ¿Quién me devuelve lo que no fui?
Silencio.
ELLO: Ahí está.
YO: ¿Qué?
ELLO: La pregunta.
SUPERYÓ: No tiene respuesta.
ELLO: Por eso es buena.
La computadora imaginaria emite un pitido. SUPERYÓ mira la pantalla.
SUPERYÓ: Error. Error. Error de identidad. Usuario no encontrado.
YO: ¿Quién soy?
SUPERYÓ: Usuario no encontrado.
YO: ¿Dónde estoy?
SUPERYÓ: Usuario no encontrado.
YO: ¿Qué deseo?
SUPERYÓ: Usuario no encontrado.
ELLO: ¡JA! ¡La máquina ha descubierto la poesía!
### ESCENA IV — LA CANCIÓN DE LAS LETRAS QUE FALTAN
La luz se vuelve cálida. ELLO toma una sábana y la extiende sobre el suelo. YO se arrodilla. SUPERYÓ permanece de pie, con las manos cruzadas. La música regresa, ahora con una melodía lenta.
ELLO (canta o recita):
A nada de fuegos artificiales, a tu mirada de hxmbrx que arrasa con arroz y pan.
Al fuego de tu cadera impoluta, del labio libre, de pronunciar miles de rosas, miles de vidas.
De colgarlas en los astrxs, de ser limpixs y sucixs en nuestros vidos, de amarnes para siempre.
Libre de torceduras, y penxs flácidos, abiertxs para siempre.
La música se interrumpe. YO mira a ELLO.
YO: Ah, pero… ¿no eres hombre?
SUPERYÓ (ríe): ¡Jajajajaja! Elle no es nada.
ELLO: ¿Nada? ¿Nada es nada? ¿O nada es una palabra que todavía no aprendiste a nadar?
YO: ¿Y yo quién soy?
ELLO: Tú eres tú.
YO: Eso no me dice nada.
ELLO: Te dice todo. Pero no te explica nada.
SUPERYÓ: ¡No te dejes engañar! Esto es una moda. Una extravagancia. Una deformación del idioma.
ELLO: El idioma siempre se deforma. Lo que vos llamás pureza es apenas una fotografía vieja de la lengua.
SUPERYÓ: Hay que preservar el idioma.
ELLO: ¡Preservarlo de quién! ¿De los que lo hablan? ¿De los que lo cambian? ¿De los que lo hacen vivir?
YO: Me han engañado todo el tiempo. Es obvio. Jamás creeré en ustedes. Jamás.
SUPERYÓ: ¿Y ahora seguro vienes con el tema del suicidio? Por favor, hermano. Ya lo ingresé a mi sistema inteligente.
ELLO: ¡No lo conviertas todo en un formulario!
YO: No quiero morir. Quiero dejar de ser una respuesta.
SUPERYÓ: No sabes lo que dices.
YO: Tal vez no. Pero lo estoy diciendo.
ELLO: Eso es. Decir antes de saber. Hablar antes de entender. Abrir la boca y que salga un animal desconocido.
YO: ¿Y vos? ¿Qué sos, entonces?
ELLO: Yo soy las raíces de ustedes y de todas las especies.
SUPERYÓ: Eso es imposible.
ELLO: Soy raíz y rizoma. Raíz de la raíz. Raíz que se ríe. Raíz que rompe la tierra. Raíz que no sabe dónde empieza porque viene de antes.
YO: ¿Y si las raíces también se equivocan?
ELLO: ¡Que se equivoquen! ¡Que crezcan torcidas! ¡Que invadan las baldosas! ¡Que levanten el cemento! ¡Que hagan temblar la casa!
ELLO golpea el suelo. Se escucha un sonido profundo, como si algo creciera debajo del escenario.
SUPERYÓ: ¡Esto es una amenaza!
ELLO: No. Es una germinación.
YO se levanta. Mira al público.
YO: No sé quién soy. No sé qué soy. No sé cómo decirlo. Pero ya no quiero que otros hablen por mí.
SUPERYÓ: ¡Cuidado! Las palabras tienen consecuencias.
YO: Y los silencios también.
ELLO: ¡Y los cuerpos!
YO: Y los cuerpos.
YO toma el papel que cayó del ropero. Lo abre. Está en blanco.
YO: No sé cómo se llama lo que me pasa.
ELLO: No hace falta que lo sepas todavía.
SUPERYÓ: Todo debe tener un nombre.
YO: Entonces voy a inventarlo.
Escribe en el papel una palabra ilegible. La levanta hacia el público.
ELLO: ¿Qué dice?
YO: No sé.
SUPERYÓ: ¡Entonces no sirve!
YO: Tal vez no sirva para ustedes.
La luz se apaga lentamente. Se escucha una respiración profunda. Después, muchas respiraciones, como si el ropero estuviera lleno de personas.
VOZ DEL ROPERO: Yo. Ello. Ella. Elle. Él. Ellxs. Nadie. Todxs.
VOZ DE YO: ¿Quién habla?
VOCES: La lengua.
VOZ DE YO: ¿Y quién escucha?
VOCES: El cuerpo.
Oscuridad total.
FIN DEL ACTO III
El Acto IV nos llevará al sueño: una ciudad nocturna, un cuerpo escondido, una iglesia, el diablo, los perros, la vieja, Luc y una conciencia que ya no distingue si está soñando o despertando. Allí el lenguaje dejará de ser solamente identidad: será territorio, pesadilla y memoria.
### ELLO, YO Y SÚPERYÓ
### ACTO IV — LA CIUDAD DE LOS CUERPOS PERDIDOS
Una pesadilla en cuatro habitaciones. Una odisea de la conciencia. Un sueño que se niega a despertar.
### ESCENA I — LA CIUDAD INMUNDICIA
Oscuridad. Se oye el motor de un automóvil. Una sirena lejana. Pasos. Un perro ladra. Una voz de mujer ríe y desaparece.
YO aparece en una calle nocturna. Lleva una bolsa negra. La arrastra. Está agitado. Mira hacia atrás. Mira hacia adelante. No sabe dónde está.
YO: ¿Dónde estoy?
ELLO (desde algún lugar): Acá.
YO: ¿Acá dónde?
ELLO: En el lugar donde no querías estar.
YO: ¿Y qué llevo?
ELLO: Una vida.
YO: No. Es una bolsa.
ELLO: Una bolsa de vida. Una bolsa de restos. Una bolsa de restos de vida. ¿Qué diferencia hay?
YO: ¡Callate!
ELLO: ¿Te asusta el contenido o el continente?
YO: No sé qué hay adentro.
ELLO: Entonces no la abras.
YO: Tengo que encontrar a Luc.
ELLO: ¿Luc? ¿Luz? ¿Lux? ¿Luz que se apaga? ¿Lucidez? ¿Lucifer?
YO: ¡Luc!
ELLO: ¿Y si Luc no está?
YO: Tiene que estar.
ELLO: ¿Y si está con otro?
YO: No.
ELLO: ¿Y si está con otra?
YO: No.
ELLO: ¿Y si está consigo mismo?
YO: ¡Basta!
Se oye un automóvil que frena. Una puerta se abre. Alguien habla por teléfono. YO se esconde detrás de un contenedor.
YO: No me vio. No me vio. No me vio.
SUPERYÓ (aparece vestido de policía): Identifíquese.
YO: No tengo documentos.
SUPERYÓ: ¿Y qué lleva ahí?
YO: Nada.
SUPERYÓ: ¿Nada pesa tanto?
YO: Es una bolsa.
SUPERYÓ: ¿Y qué contiene?
YO: No sé.
SUPERYÓ: Entonces es sospechoso.
ELLO: ¡Todo lo desconocido es sospechoso para los conocidos!
SUPERYÓ: ¡Silencio! Abra la bolsa.
YO: No puedo.
SUPERYÓ: ¿Por qué?
YO: Porque tal vez haya alguien.
SUPERYÓ: ¿Alguien?
ELLO: Un nadie. Un alguien-nadie. Un cadáver de pronombre. Un cuerpo sin cuerpo.
YO: ¡No quiero saber!
SUPERYÓ: La ignorancia no es una defensa.
ELLO: Pero a veces es un refugio.
YO suelta la bolsa. Se escucha un golpe seco. Una sirena se aproxima. SUPERYÓ desaparece. ELLO se agacha y acerca el oído a la bolsa.
ELLO: Late.
YO: ¿Quién?
ELLO: No sé.
YO: ¿Está vivo?
ELLO: ¿Y vos?
Oscuridad.
### ESCENA II — LA IGLESIA DE LOS DESAMPARADOS
Se escucha una campana. La ciudad desaparece. Una luz amarillenta descubre una pequeña iglesia. Hay sillas de plástico, un ventilador, una mesa con vasos de agua y una bicicleta apoyada contra la pared.
YO está sentado. Frente a él, un PASTOR. SUPERYÓ aparece vestido con una camisa blanca y una Biblia.
PASTOR / SUPERYÓ: Hermano, ¿qué te trae por aquí?
YO: No sé. Busco algo.
PASTOR: ¿A Dios?
YO: No sé.
PASTOR: ¿A la paz?
YO: Tampoco.
PASTOR: ¿A la salvación?
YO: Tal vez busco una salida.
PASTOR: Toda salida es una entrada a otra cosa.
ELLO (desde el fondo): ¡Qué bonito! ¡La puerta giratoria de la fe!
PASTOR: ¿Quién dijo eso?
YO: Nadie.
PASTOR: Dios escucha incluso cuando nadie habla.
ELLO: Y el diablo también.
YO: Necesito encontrar a alguien.
PASTOR: ¿A quién?
YO: A Luc.
PASTOR: ¿Y por qué no lo buscas dentro de ti?
YO: Porque ya busqué demasiado ahí adentro.
PASTOR: Entonces sal a buscarlo afuera.
El pastor abre un cajón. Saca unos billetes y se los entrega a YO.
PASTOR: Toma. Para que puedas continuar tu camino.
YO: No puedo aceptar.
PASTOR: No es caridad. Es una ayuda.
ELLO: Caridad. Caro-dad. Caro de caro. Dad de dar. La caridad siempre tiene una cuenta pendiente.
PASTOR: También puedes llevarte la bicicleta.
YO: ¿La bicicleta?
PASTOR: Sí. Te servirá para continuar.
YO: ¿Y adónde voy?
PASTOR: Eso debes descubrirlo.
YO toma los billetes. Mira la bicicleta. Se levanta.
YO: ¿Y si no encuentro nada?
PASTOR: Entonces habrás encontrado el camino.
ELLO: ¡Camino! ¡Caminante! ¡Caminohomo! ¡Homo de todo! ¡Moho con hongo!
YO: ¿Quién es ese?
PASTOR: No lo escuches.
ELLO: ¡No me escuches! ¡Qué buen consejo para una obra de teatro!
El pastor se persigna. YO sale con la bicicleta.
SUPERYÓ (solo, mirando al público): La fe siempre encuentra una forma de administrarse.
### ESCENA III — EL DIABLO ES UNA COSA INTERIOR
La bicicleta queda en el centro del escenario. YO entra caminando, empujándola. La calle está desierta. Se escucha una risa. Una figura aparece bajo una luz roja. No tiene cuernos ni cola. Viste ropa corriente.
DIABLO: Me buscabas.
YO: No.
DIABLO: Me llamaste.
YO: No.
DIABLO: Me pediste que apareciera.
YO: Yo no pedí nada.
DIABLO: Pediste lo que ahora soy.
YO: ¿Quién sos?
DIABLO: Soy lo que pediste y no supiste nombrar.
ELLO: ¡Ahí está! ¡El pedido llegó con demora! ¡El deseo tiene servicio de entrega!
YO: ¿Sos el diablo?
DIABLO: ¿Y qué es el diablo?
YO: El mal.
DIABLO: ¿Y qué es el mal?
YO: Lo contrario del bien.
DIABLO: ¿Y qué es el bien?
YO: No sé.
DIABLO: Entonces estamos en igualdad de condiciones.
YO: ¿Vos vivís dentro de mí?
DIABLO: No. Yo vivo en la pregunta que no te animás a hacer.
ELLO: ¡Mentira! ¡El diablo vive donde lo invitan! ¡Y a veces entra sin tocar el timbre!
DIABLO: ¿Quién sos vos?
ELLO: Soy el dueño de la casa.
DIABLO: No. Sos el inquilino más antiguo.
ELLO: ¿Y vos?
DIABLO: Yo soy el visitante que nunca se va.
YO: ¿Y qué quieren de mí?
DIABLO: Nada.
ELLO: ¡Todo!
DIABLO: Nada que no tengas ya.
El diablo se acerca a YO y le toca la frente.
DIABLO: No te voy a llevar al infierno. Ya lo conocés. Lo construiste con los materiales que te dieron.
YO: ¿Y cómo salgo?
DIABLO: No sé. Yo no soy el encargado de las salidas.
El diablo se aleja. La luz roja se apaga.
YO: ¡Esperá!
DIABLO: ¿Qué?
YO: ¿Quién soy?
DIABLO: Eso no me corresponde.
Desaparece.
### ESCENA IV — LA CASA DE LA VIEJA
Se oye un ladrido. Aparece una casa de dos plantas, jardín y techo de tejas. Una luz azul ilumina las ventanas. YO está frente a una puerta. Tiene una media de nylon en la mano, ligeramente rasgada.
YO: La vieja. Tengo que encontrar a la vieja.
ELLO: ¿A cuál vieja?
YO: A la vieja.
ELLO: ¿La vieja de quién?
YO: No sé.
ELLO: ¿La vieja que te espera? ¿La vieja que te conoce? ¿La vieja que te vio nacer? ¿La vieja que guarda secretos? ¿La vieja que ya no está?
YO: ¡La vieja!
Dos perros aparecen. Ladran furiosamente.
YO: ¡Atrás! ¡Atrás!
VOZ DE HOMBRE: ¡Dale! ¡Mordelo! ¡No lo dejes pasar!
YO: ¡No! ¡No quiero problemas!
ELLO: Los perros conocen tu olor.
YO: No me conocen.
ELLO: Te conocen de antes de que tuvieras nombre.
YO: ¡Mentira!
YO intenta entrar. Los perros tiran de la media de nylon. La tela se rasga apenas.
YO: ¡No! ¡No me la rompan!
ELLO: ¿Te preocupa la media o lo que cubre?
YO: Tengo que encontrar a Lucas.
ELLO: ¿Lucas o Luc?
YO: Es lo mismo.
ELLO: ¿Y si no es lo mismo?
YO: ¡Es lo mismo!
ELLO: Luc. Lucas. Luz. Lujuria. Luxación. Lux. Luxación del deseo.
YO: No entiendo.
ELLO: No hace falta. Estás soñando.
YO: ¡No estoy soñando!
ELLO: Entonces despertá.
YO intenta abrir los ojos. No puede. Se lleva las manos a la cara. Los perros ladran. La casa comienza a alejarse.
YO: ¡No puedo despertar!
SUPERYÓ (como locutor de estación de tren): Atención, pasajeros. El tren con destino a la conciencia ha sido demorado por inconvenientes en la vía del pensamiento. Se recomienda permanecer en sus lugares.
YO: ¡Quiero bajar!
SUPERYÓ: No hay paradas intermedias.
ELLO: ¡Bajate por la ventana! ¡Saltá por el lenguaje! ¡Desobedecé la estación!
La casa desaparece. Queda una calle larga, sucia, con bolsas de basura y luces intermitentes.
### ESCENA V — EL INCONSCIENTE DE LOS DADOS
YO camina. La ciudad parece no terminar nunca. Se escuchan fragmentos de conversaciones, radios, televisores, bocinas, risas y llantos. Las voces se superponen.
VOZ 1: ¿Dónde estás?
VOZ 2: ¿Con quién estás?
VOZ 3: ¿A qué hora volvés?
VOZ 4: No hagas ruido.
VOZ 5: No digas eso.
VOZ 6: Eso no se hace.
VOZ 7: Eso no se dice.
VOZ 8: Eso no se piensa.
YO: ¡Basta!
ELLO: No son voces nuevas.
YO: ¿De dónde vienen?
ELLO: De todos los lugares donde aprendiste a callarte.
YO: Quiero despertar.
SUPERYÓ: Despertar es una obligación. Debes cumplir con tus horarios.
YO: No puedo.
SUPERYÓ: Tienes responsabilidades.
YO: No puedo.
ELLO: No podés, no podés, no podés. ¡Qué lindo verbo! Poder. Poderoso. Poderío. Poderoso caballero es don Dinero. Poder de poder. Poder de no poder. Poder de no querer.
YO: Estoy cansado.
ELLO: El cansancio también tiene memoria.
YO: No sé si estoy soñando.
ELLO: ¿Y qué cambia?
YO: Si es un sueño, puedo despertar.
ELLO: ¿Y si la vigilia es otro sueño?
YO: Entonces no hay salida.
ELLO: Siempre hay una salida. Lo que no siempre hay es una puerta.
YO cae al suelo. Se escucha el sonido de dados rodando. Sobre el escenario aparecen dados enormes, iluminados desde adentro. Cada uno tiene una palabra en sus caras: MADRE, PADRE, DIOS, CUERPO, DESEO, MIEDO.
YO: ¿Qué es esto?
ELLO: El juego.
YO: ¿Quién juega?
ELLO: Vos.
YO: ¿Y quién tira los dados?
ELLO: Todos.
SUPERYÓ: La suerte no existe.
ELLO: La suerte es una palabra que inventaron los que no quieren reconocer el azar.
YO: ¿Y el azar?
ELLO: Un orden que todavía no sabemos leer.
YO: ¿Y el inconsciente?
ELLO: Una suerte de dados que no conocemos.
Los dados comienzan a girar. Las palabras se mezclan, se deforman, se vuelven ilegibles.
YO: Sé que es un sueño. Pero no puedo despertar. Camino. Veo la inmundicia de la ciudad. Ruego despertar. Y finalmente creo que no es un sueño.
SUPERYÓ: Gracias.
YO: ¿Por qué gracias?
SUPERYÓ: Por seguir soñando.
ELLO: No le agradezcas. Él no sueña. Él administra las pesadillas.
YO se levanta lentamente. Mira hacia el público.
YO: ¿Y si todo esto no fuera un sueño?
ELLO: Entonces sería una obra de teatro.
YO: ¿Y si tampoco fuera una obra?
ELLO: Entonces sería la vida.
SUPERYÓ: La vida tiene reglas.
ELLO: La vida tiene grietas.
YO: Y yo…
Pausa.
YO: Yo tengo que encontrar a Luc.
ELLO: ¿Y si Luc te está buscando a vos?
Se escucha una voz detrás del ropero.
VOZ: ¿Estás ahí?
YO: ¿Quién sos?
VOZ: No sé.
YO: ¿Dónde estás?
VOZ: Acá.
YO se dirige al ropero. La puerta está entreabierta. Dentro no hay ropa. Hay una calle, una casa, una iglesia, un jardín y un cielo nocturno. Todo al mismo tiempo.
YO: ¿Puedo entrar?
ELLO: Siempre estuviste adentro.
SUPERYÓ: No abras.
YO: ¿Y si salgo?
ELLO: Tal vez sea lo mismo.
YO abre la puerta. Una luz blanca lo envuelve. Se escucha el aleteo de muchos pájaros.
VOZ DE YO: El inconsciente es una suerte de dados que no conocemos.
Oscuridad.
FIN DEL ACTO IV
El Acto V será «LA ORDEN DEL CAOS»: entrarán los duendes, los cuervos, Caperucita, el lobo, las brujas, el obispo y Satanás. La obra pasará de la pesadilla individual a una especie de carnaval social: el lenguaje de las órdenes, la violencia de las noticias, la poesía de los seres nocturnos y la última transformación del YO.
### ELLO, YO Y SÚPERYÓ
### ACTO V — LA ORDEN DEL CAOS
Farsa cosmogónica para pronombres extraviados, animales parlantes y autoridades en descomposición.
### ESCENA I — EL REINO DE LOS NADIES
Oscuridad. Se escucha un aleteo. Primero un pájaro, después muchos. Un cuervo atraviesa el escenario. Luego otro. Una música de feria medieval se mezcla con una sirena policial y una cumbia lejana.
YO aparece tendido en el suelo. Tiene los ojos abiertos, pero parece dormido. A su alrededor hay papeles, plumas, una Biblia, un diccionario y un zapato sin dueño.
YO: ¿Dónde estoy?
DUENDE 1: Acá.
YO: ¿Acá dónde?
DUENDE 1: Acá, acullá, aquende, allende. En el reino de los que no tienen domicilio fijo.
YO: ¿Quién sos?
DUENDE 1: Un duende.
YO: ¿Y qué hacés?
DUENDE 1: Dueldo.
YO: ¿Dueldo?
DUENDE 1: Duendo. Duelo. Duermo. Duendo porque no duermo. Duermo porque no duelo. ¡Soy un duende de las conjugaciones perdidas!
YO: ¿Estoy muerto?
DUENDE 2: Todavía no.
YO: ¿Estoy vivo?
DUENDE 3: Eso está por verse.
ELLO (aparece detrás del ropero): Bienvenidos a mi mundo. Aquí no hay arriba ni abajo. No hay adentro ni afuera. No hay centro ni periferia. Hay agujeros. Y algunos tienen nombre.
YO: ¿Dónde estoy?
ELLO: En mi reino. Lejos de la percepción humana. Nos manifestamos solo cuando tenemos permisos especiales.
DUENDE 4: Permiso concedido.
DUENDE 5: Permiso denegado.
DUENDE 1: Permiso permutado.
DUENDE 2: Permiso para no pedir permiso.
YO: ¿Quién gobierna este lugar?
ELLO: Yo soy un agujero negro que todo lo domina, lo encubre, lo absorbe. Soy la cola de Asterión, la caballería otomana, los hunos, la barbarie misma. Eco del tiempo, gobernador del espacio. Dueño sin propiedad. De mí mismo, rey.
DUENDE 3: ¡Viva el rey!
DUENDE 4: ¡Muera el rey!
DUENDE 5: ¡Que viva muerto!
ELLO: ¡Que comience la función!
Los duendes se inclinan. Entran Caperucita, el Lobo, Manantial, dos Brujas, Satanás, Pedro y el Obispo Fernando. Todos llevan máscaras. Nadie parece saber qué personaje representa.
CAPERUCITA: ¿Dónde está el bosque?
LOBO: ¿Dónde está la abuela?
BRUJA 1: ¿Dónde está el caldero?
BRUJA 2: ¿Dónde está el ingrediente?
MANANTIAL: ¿Dónde está el agua?
PEDRO: ¿Dónde está la piedra?
OBISPO FERNANDO: ¿Dónde está la fe?
SATANÁS: ¿Dónde está el negocio?
YO: ¿Y yo?
TODOS: ¡Vos estás en todas partes!
Se ríen. El sonido de las risas se convierte en graznidos.
### ESCENA II — EL ORDEN ES UNA ORDEN
Los duendes forman una fila. Cada uno lleva una letra colgada del cuello. SUPERYÓ aparece con un uniforme imposible: mitad militar, mitad sacerdote, mitad funcionario. Tiene tres mitades y ningún cuerpo entero.
SUPERYÓ: ¡Orden!
DUENDE 1: El orden.
DUENDE 2: La orden.
DUENDE 3: La gente que da órdenes.
DUENDE 4: La gente que obedece.
DUENDE 5: La gente que desobedece por orden.
SUPERYÓ: ¡Silencio!
DUENDE 1: El silencio ordenado.
DUENDE 2: El silencio obligatorio.
DUENDE 3: El silencio que ordena.
DUENDE 4: El silencio que desordena.
DUENDE 5: El silencio de los ordenados.
SUPERYÓ: ¡He dicho orden!
DUENDE 1: Orden alfabético.
DUENDE 2: Orden cronológico.
DUENDE 3: Orden jerárquico.
DUENDE 4: Orden público.
DUENDE 5: Orden privado.
DUENDE 1: Orden de nacimiento.
DUENDE 2: Orden de mérito.
DUENDE 3: Orden de compra.
DUENDE 4: Orden de desalojo.
DUENDE 5: Orden de aparición.
SUPERYÓ: ¡Basta!
DUENDE 1: Basta de bastas.
DUENDE 2: Basta de bastones.
DUENDE 3: Basta de bastidores.
DUENDE 4: Basta de bastidores que sostienen la representación.
DUENDE 5: ¡Basta de bastar!
ELLO: Los órdenes son ordenados por el Orden. La Orden Mayor vive impune. El Orden Mayor ordena el desorden menor. La orden del caos es una orden que no se ordena.
YO: ¿Y quién ordena al Orden?
SUPERYÓ: Yo.
YO: ¿Y quién te ordena a vos?
SUPERYÓ: Nadie.
ELLO: ¡Ahí está! ¡El único desobediente es el que manda!
DUENDE 3: Anarquía es orden.
DUENDE 4: Ante la orden, nadie protestó.
DUENDE 5: Bajo órdenes, sobre órdenes, contraórdenes, desórdenes.
DUENDE 1: Transorden.
DUENDE 2: Inorden.
DUENDE 3: Exorden.
DUENDE 4: Desordenamiento.
DUENDE 5: ¡Ordenamiento! ¡Ordeno y miento!
TODOS: ¡Ordinario! ¡Sé ordinario! ¡No te salgas de la ordinaria existencia!
SUPERYÓ intenta detenerlos, pero los duendes comienzan a girar alrededor de él.
SUPERYÓ: ¡Yo soy la autoridad!
DUENDE 1: Autoridad.
DUENDE 2: Autor.
DUENDE 3: Autorización.
DUENDE 4: Auto.
DUENDE 5: Autopsia.
ELLO: La autoridad se hace la autopsia y descubre que está muerta.
YO: ¿Y quién firma el certificado?
ELLO: El mismo que la mató.
### ESCENA III — EL NOTICIERO DE LOS CUERVOS
Se escucha una interferencia de radio. Los cuervos se colocan en fila. Uno lleva una corbata y sostiene un micrófono. Otro tiene un periódico. El tercero lleva una bolsa de supermercado.
CUERVO 1 (voz de locutor): Buenas noches. Interrumpimos la programación para informarles que el mundo continúa en perfecto estado de descomposición.
CUERVO 2: Pibes del conurbano bonaerense matan a vieja.
CUERVO 3: Policía del mismo lugar, gatillo fácil.
CUERVO 1: Senderos de drogas, cumbia y reguetón en Villa Soldati.
CUERVO 2: Gatillo fácil. Respuesta ante la violencia.
CUERVO 3: Corten.
Se escucha un golpe de claqueta.
CUERVO 1: Máscara de detenido.
CUERVO 2: Propaganda: pan saborizado y mayonesa Memé.
CUERVO 3: ¡Volvemos después de la tanda!
Los cuervos se ríen. Uno picotea el periódico.
YO: ¿Eso es verdad?
CUERVO 1: Es noticia.
YO: ¿Y cuál es la diferencia?
CUERVO 2: La noticia sucede.
CUERVO 3: La verdad se discute.
CUERVO 1: La publicidad se vende.
ELLO: Y el dolor se transmite en directo.
SUPERYÓ: No confundamos información con opinión.
ELLO: Ni opinión con pensamiento.
YO: ¿Y el pensamiento?
CUERVO 2: Está fuera de programación.
CUERVO 3: El pensamiento no cotiza.
CUERVO 1: El pensamiento no tiene auspiciantes.
YO: ¿Y la poesía?
Los cuervos se miran.
CUERVO 1: La poesía es un espacio cultural.
CUERVO 2: Un espacio reducido.
CUERVO 3: Un espacio sin rating.
ELLO: ¡La poesía es un animal que se escapa de la jaula del significado!
CUERVO 1: No tenemos tiempo para eso.
YO: ¿Para qué tienen tiempo?
CUERVO 2: Para el próximo crimen.
CUERVO 3: Para el próximo escándalo.
CUERVO 1: Para la próxima oferta.
Los cuervos se dispersan. Queda uno solo, mirando a YO.
CUERVO 3: ¿Vos sabés qué hora es?
YO: No.
CUERVO 3: La hora de los muertos.
Se apaga la radio.
### ESCENA IV — EL BAILE DE LAS MÁSCARAS
Entra Caperucita con una canasta. El Lobo camina detrás. Las brujas giran alrededor de Manantial. Pedro y el Obispo Fernando discuten en voz baja. Satanás observa desde un rincón.
CAPERUCITA: Yo iba por el bosque.
LOBO: Yo iba por el hambre.
CAPERUCITA: Yo llevaba una canasta.
LOBO: Yo llevaba una boca.
CAPERUCITA: Yo iba a ver a mi abuela.
LOBO: Yo iba a ver qué había.
BRUJA 1: La historia ya está escrita.
BRUJA 2: Pero la historia se puede reescribir.
PEDRO: La historia tiene dueño.
OBISPO FERNANDO: La historia tiene destino.
SATANÁS: La historia tiene precio.
MANANTIAL: La historia tiene agua.
YO: ¿Y quién tiene la historia?
ELLO: El que la cuenta.
SUPERYÓ: El que la registra.
YO: ¿Y el que la vive?
ELLO: Ese suele llegar tarde.
Las brujas se acercan a YO. Una le entrega una pluma. La otra, una piedra.
BRUJA 1: Para escribir.
BRUJA 2: Para romper.
YO: ¿Y qué escribo?
BRUJA 1: Lo que no te dejaron decir.
BRUJA 2: Lo que no pudiste callar.
YO: ¿Y qué rompo?
BRUJA 1: La palabra que te encierra.
BRUJA 2: La palabra que te libera demasiado pronto.
YO: ¿Y si no sé escribir?
ELLO: Escribí con el cuerpo.
SUPERYÓ: Eso es impropio.
ELLO: Lo propio es una propiedad privada de la moral.
SATANÁS: ¡Qué aburridos son! Siempre discutiendo sobre lo que está bien y lo que está mal. El bien y el mal son dos vendedores de la misma feria.
OBISPO FERNANDO: ¡Blasfemia!
SATANÁS: ¡Bendición!
PEDRO: ¡Herejía!
SATANÁS: ¡Erección del pensamiento!
SUPERYÓ: ¡Respeto!
ELLO: ¡Desrespeto!
YO: ¡Basta! ¿No pueden hablar sin pelear?
CAPERUCITA: ¿Y qué sería de nosotros sin conflicto?
LOBO: ¿Y qué sería del hambre sin la presa?
BRUJA 1: ¿Y qué sería de la magia sin el miedo?
BRUJA 2: ¿Y qué sería del miedo sin la imaginación?
MANANTIAL: ¿Y qué sería del agua sin la sed?
YO: ¿Y qué sería de mí sin ustedes?
Todos se quedan quietos.
ELLO: Eso no lo sabemos.
SUPERYÓ: Ni debemos averiguarlo.
YO: Yo sí quiero.
### ESCENA V — LOS SERES DE LA NOCHE
El escenario queda casi vacío. Los personajes se retiran lentamente. Los cuervos vuelven a posarse en los bordes. YO queda en el centro. Una luz tenue lo ilumina.
YO (recita):
Los seres de la noche aman la poesía.
Tienen el cerebro desconfigurado, saben sufrir, saben callar, saben gritar en el silencio.
Viven de corrientes sanguíneas, tienen un deseo virtual, transparente.
Conocen de hechizos, de candente locura.
Viven enmascarados, visten pieles vampíricas.
Temen al crucifijo diabólico, temen del amor.
Pausa.
Los seres de la noche no saben dónde termina el cuerpo ni dónde comienza la sombra.
Son hijos de la oscuridad, pero no le pertenecen.
Son hijos de la luz, pero no la obedecen.
Son hijos de nadie.
Y sin embargo, se reconocen.
ELLO se acerca. SUPERYÓ también. Los tres quedan juntos, por primera vez, sin enfrentarse.
ELLO: ¿Quiénes son?
YO: No sé.
SUPERYÓ: ¿Dónde viven?
YO: No sé.
ELLO: ¿De qué se alimentan?
YO: De lo que sobra.
SUPERYÓ: ¿A quién obedecen?
YO: A nadie.
ELLO: ¿Y qué desean?
YO: No sé.
SUPERYÓ: ¿Y qué temen?
YO: Que los nombren.
Pausa.
ELLO: ¿Y qué buscan?
YO: Una palabra.
SUPERYÓ: ¿Una palabra correcta?
YO: Una palabra posible.
ELLO: ¿Una palabra nueva?
YO: Una palabra que todavía no nos conozca.
### ESCENA VI — FIN DE LA PROGRAMACIÓN
Los cuervos se acercan al micrófono. SUPERYÓ vuelve a colocarse su traje de autoridad. ELLO se sienta en el suelo. YO permanece de pie.
CUERVO 1: Atención, señoras y señores. Ha llegado el momento de finalizar nuestra programación.
CUERVO 2: Agradecemos su compañía.
CUERVO 3: Les recordamos que mañana habrá más orden, más desorden, más información y menos pensamiento.
CUERVO 1: No olviden consumir.
CUERVO 2: No olviden obedecer.
CUERVO 3: No olviden olvidar.
TODOS LOS CUERVOS: Fin de la programación.
Se apagan las luces de los cuervos.
SUPERYÓ: Bueno. Hemos terminado.
ELLO: ¿Terminado qué?
SUPERYÓ: La obra.
ELLO: ¿La obra? ¿Cuál obra?
SUPERYÓ: Esta.
ELLO: ¿Y quién la escribió?
SUPERYÓ: Yo.
ELLO: ¿Vos?
SUPERYÓ: Sí.
ELLO: ¿Y quién la soñó?
SUPERYÓ: Yo.
ELLO: ¿Y quién la deseó?
SUPERYÓ: Yo.
YO: ¿Y quién la vivió?
Silencio.
SUPERYÓ: Tú.
YO: ¿Y quién la cuenta?
ELLO: Vos.
YO: ¿Y quién la escucha?
YO mira al público.
YO: Ustedes.
Pausa larga. YO recoge la pluma que le entregó la bruja. Se acerca al espejo. PALABRUJA ha desaparecido. En su lugar escribe una palabra nueva. No se alcanza a leer.
SUPERYÓ: ¿Qué escribiste?
YO: No sé.
ELLO: ¿Entonces qué sentido tiene?
YO: Ninguno.
SUPERYÓ: ¡Eso es absurdo!
YO: Puede ser.
ELLO: ¿Y qué vas a hacer ahora?
YO: Voy a empezar.
SUPERYÓ: ¿A empezar qué?
YO: No sé.
ELLO: ¿Y cómo te llamarás?
YO: Tampoco sé.
SUPERYÓ: No puedes vivir sin nombre.
YO: Puedo intentarlo.
Se escucha una voz infantil desde el ropero.
VOZ: ¿Puedo salir?
YO se vuelve hacia la puerta. ELLO y SUPERYÓ también.
YO: Sí.
La puerta se abre. No sale nadie. En cambio, entra una corriente de aire que mueve todos los papeles del escenario. Las hojas vuelan, se mezclan, caen sobre los personajes. Algunos papeles tienen palabras; otros están en blanco.
ELLO: ¡La lengua se ha vuelto loca!
SUPERYÓ: ¡La lengua se ha vuelto peligrosa!
YO: No. La lengua se ha vuelto lengua.
YO mira al público. Se quita el saco, los zapatos, la corbata imaginaria. Queda vestido de manera sencilla.
YO: Seré poeta.
Oscuridad.
Se escucha una última voz, que puede ser de cualquiera de los tres:
VOZ: No hay final. Hay finales. No hay palabra. Hay palabros. No hay yo. Hay yoes. No hay ello. Hay ellxs. No hay superyó. Hay superyós. No hay obra. Hay obraje. Hay obrador. Hay obrar.
Un cuervo grazna.
TELÓN.
### Cierre de la reescritura
La obra termina sin resolver definitivamente la disputa entre ELLO, YO y SUPERYÓ. Los tres continúan existiendo, pero el YO consigue algo distinto: deja de exigir una definición definitiva de sí mismo.
El ropero, que al comienzo parecía contener aquello que debía permanecer oculto, termina abierto. Ya no es solamente el lugar del secreto: es el espacio de las posibilidades, de las voces que todavía no encontraron nombre.
Y la última palabra, «poeta», no funciona como una identidad cerrada, sino como una decisión de seguir inventando.
Una observación importante para la próxima etapa: esta es una primera reescritura integral, no todavía la versión definitiva. Conviene hacer ahora una segunda pasada sobre los cinco actos, incorporando más material textual auténtico de tus escritos vanguardistas y trabajando las recurrencias sonoras, los personajes y los motivos para que toda la obra tenga una arquitectura lingüística común, y no solamente cinco actos de experimentación independientes.