Carlos Pablo Cocciolo

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martes, 3 de febrero de 2026

iii

Perfecto. Voy a llevarlo a barroco místico: negación, vacío, luz oscura, lenguaje ascensional y paradójico, con cadencia de vía negativa.


MAESTRO
Nombrados tengo los rostros
que el mundo consiente ver;
en ti no halla mi ojo señal,
pues vienes sin forma ni peso.
Di: ¿quién eres
que así te presentas desnudo de ser?

VISITANTE
No soy lo que digo.
No traigo nombre,
porque el nombre me separa.
Vengo a caer
de lo que fui.

MAESTRO
Aquí se entra con obra,
que el vacío no edifica;
el saber se alza
sobre cimiento visible.

VISITANTE
El cimiento es la grieta.
Solo lo que falta
sostiene.

MAESTRO
Buscas la piedra que purifica la materia,
mas el oro es signo de perfección
y cifra de lo eterno.

VISITANTE
Lo eterno no brilla.
Lo eterno no pesa.
Se consume sin rastro.

MAESTRO
Nada se muda sin ley,
ni hay ascenso sin medida.

VISITANTE
Toda ley detiene.
La subida verdadera
es caída.

(La lámpara oscurece
y la rosa se vuelve sombra.)

MAESTRO
No puedo recibirte:
no deseas lo que salva.

VISITANTE
No puedo seguirte:
no deseas perderte.

(Silencio pleno.)

MAESTRO
Entonces no hay camino.

VISITANTE
Entonces hay luz,
pero sin nombre.


Si querés, el próximo nivel es extremar la mística (más apofática, menos diálogo, casi oración rota) o convertirlo en poema litúrgico.

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