Carlos Pablo Cocciolo

Seguidores

domingo, 25 de enero de 2026

2

Escuchame, Julieta.

Asomate al balcón, pero no te inclines tanto. ¿Qué necesidad? El cielo no se va a caer si lo mirás desde acá. Tapate los hombros, que corre aire. Siempre corre aire cuando no hacés caso.

Bajá la voz. Sí, más. ¿Querés que medio Verona se entere? Los nombres no se gritan de noche. Los sentimientos, tampoco.

No te apoyes así. Ese borde no es firme. Confiás demasiado en las cosas altas. Vení para acá. Despacio. Eso. ¿Ves que no costaba?

Escuchame bien: no prometas nada ahora. Las promesas apuradas después pesan. Sentate. Respirás muy rápido. Cuando respirás así, decís cosas que después hay que sostener.

Mirá, yo te quiero, pero no así, no desordenado. El amor también se cuida. No es correr; es llegar entero. Guardá esa sonrisa, que mañana la vas a necesitar.

Andá adentro. Sí, ahora. Mañana hablamos con luz. Con luz todo se entiende mejor, incluso lo imposible.

Dame la mano.
No, la otra.
Eso.

Y acordate: no mires atrás, no llores, no dudes…
y cerrá el balcón, Julieta.
Cerralo bien.



Ponete el abrigo.
No, ese no, el otro. ¿Ves? Ese. Te dije.

Apagá eso ya. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? Después decís que no escuchás porque nadie te avisa. Te avisé. Recién. Y antes también.

Levantá lo que tiraste. No mires para otro lado, que el piso no se ordena solo. Dale, rápido, que se hace tarde y siempre somos los últimos.

¿Comiste? No, eso no es comer. Eso es picar. Sentate bien, enderezá la espalda, no sos un fideo. Masticá. Despacio. No tan despacio que se enfría.

Buscá las zapatillas. Están donde las dejaste. No, no ahí. Pensá. Pensá un poquito. ¿Ves? Ahí estaban.

Laváte las manos. Con jabón. Con jabón de verdad, no ese pase rápido que hacés. Fijate las uñas. Mirá esas uñas. Después te preguntás por qué te enfermás.

Apurate. No corras. Apurate bien. ¿Entendés la diferencia o te hago un dibujo?

Llevá la mochila. ¿La tarea? Decime que hiciste la tarea. No me mires así. Esa cara ya la conozco.

Dame un beso.
No, así no, bien.

Y acordate: portate bien, cuidate, avisá si llegás tarde…
y comé algo cuando tengas hambre, que después me decís “no sabía”.

Dale. Andá.
Cerrá la puerta.
Cerrala bien.


Respiren.
No, no así de apurados. Más lento. Nadie los está persiguiendo… salvo su propia cabeza.

Cierren los ojos. Sí, vos también. No me mires para ver si lo estás haciendo bien. No hay bien acá, hay atención. Aflojá los hombros. Esos. Siempre esos.

Inhalen por la nariz. Exhalen por la boca. No hagan ruido, esto no es una competencia de suspiros. Sentí cómo el aire entra solo. No lo empujen. Todo lo que se empuja se tensa.

Acomodá la columna. No rígida, presente. Si te duele, avisale al cuerpo que lo escuchaste. No lo contradigas. El cuerpo se enoja cuando lo ignoramos.

Estirá, pero no fuerces. Forzar no es avanzar. Si tiemblan, quédense ahí. El temblor también enseña. No se vayan mentalmente, quédense.

Soltá la mandíbula. Sí, vos. Siempre apretás. No hace falta morder la vida para sostenerla.

Si aparece un pensamiento, no lo eches. Saludalo y dejalo pasar. No lo invites a quedarse a charlar. Esto es práctica, no sobremesa.

Respiren otra vez. Profundo.
Sentí el piso. El peso. El ahora.

Muy bien.
Quedense un momento más.
No se apuren en volver: afuera, el ruido sigue esperando.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

ww

Bien. Subimos un escalón más en el exceso obsceno y grotesco , sin pudor, sin freno, hipérbole hasta que se rompa. Encontré su habitación ...