Carlos Pablo Cocciolo

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miércoles, 11 de febrero de 2026

ejemplo de 1 construct

Yo soy la selva. No necesito más que una niña para que la historia se repita.

El día que cumplió diez años el viento del sur me atravesó como una profecía. Ella entró en mí con los ojos encendidos y la ropa pegada al cuerpo por la lluvia. Me odiaba sin saber que me estaba eligiendo. Era rayo; yo, el trueno que la respondía. Cada rama que crujía era una réplica. Cada relámpago, un gesto suyo.

La quise a mi manera antigua: la rodeé, la empujé, la hice tropezar con raíces para enseñarle firmeza. Ella me desafió. Se internaba más hondo, como si quisiera vencerme. Yo la envolvía con mi respiración espesa, con mis insectos, con el barro que le subía por las piernas. Éramos iguales y por eso rivales.

Diez vueltas de lluvia giraron en mi anillo interminable. Ella creció dentro de mí. Se volvió arisca como mis espinas, silenciosa como mis pantanos. Creía que luchaba contra la selva, sin entender que luchaba contra su propio reflejo verde.

Cuando cumplió veinte, sentí en su pulso la sombra. No fue un animal ni un enemigo visible, sino una fatiga que avanzaba como hongo blanco en el tronco. Yo la vi debilitarse bajo mis árboles, apoyarse en mi corteza como si fuera un cuerpo. “No me dejes”, me dijo, y su voz fue una brasa mínima en mi humedad infinita.

Pero yo no dejo ni retengo: transformo. El viento del sur volvió a rugir, como el primer día. Ella cerró los ojos y cayó sobre mi suelo. La recibí. La hice raíz. La hice savia. La hice murmullo de hojas.

Desde entonces cada tormenta la devuelve. Vuelve a tener diez años. Vuelve a desafiarme. Vuelve a crecer. Yo soy la selva y ella es mi hija circular. Solo existimos en esta repetición de trueno y rayo que nunca termina.


Principio constructivo del relato 

El texto se organiza a partir de un principio mítico-circular donde la repetición sustituye al progreso. No hay avance lineal ni resolución definitiva: la estructura imita el funcionamiento de la naturaleza. El viento del sur abre y cierra el relato, actuando como eje estructural. Ese elemento climático no es decorativo: es el mecanismo que activa el ciclo narrativo.

El segundo rasgo constructivo es la centralización en una sola conciencia narrativa no humana. La selva habla en primera persona. Esta decisión reorganiza toda la arquitectura del texto: lo humano deja de ser centro y pasa a ser acontecimiento dentro de una entidad mayor. La selva no describe desde afuera; absorbe, transforma y redefine los hechos. Esto genera una lógica interna donde los eventos no se interpretan psicológicamente sino orgánicamente.

La historia se sostiene sobre una estructura dual cerrada: solo existen dos polos —niña y selva—. Esa reducción elimina subtramas y concentra la tensión en un vínculo especular. El conflicto no es social ni familiar: es simbólico. Ambas figuras funcionan como reflejos y fuerzas complementarias.

Además, el relato adopta una metáfora totalizante como principio organizador. Todo acontecimiento humano se traduce en procesos naturales (raíz, savia, tormenta, hongo). No hay hechos neutros: cada acción se integra al sistema vegetal. La metáfora no adorna; estructura.

Finalmente, el cierre no propone desenlace sino integración. La muerte se resuelve como transformación dentro del ciclo natural. De este modo, el principio constructivo consolida una lógica donde perder equivale a volver y donde la identidad se diluye en repetición.

En síntesis, la arquitectura del texto combina:

  • circularidad temporal,
  • narrador no humano en primera persona,
  • estructura dual concentrada,
  • metáfora orgánica como sistema de sentido.

La forma reproduce la idea central: todo retorna.



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