Perfecto. Vamos con adverbio en clave Pizarnik.
El adverbio · Alejandra Pizarnik (emulación)
Nunca estoy del todo. Apenas.
Siempre llego tarde a mí misma, lentamente, como quien duda del umbral. Aquí el miedo respira mal; allí, todavía, la palabra no alcanza. Escribo casi sin voz, demasiado adentro, peligrosamente cerca. A veces sueño lejos, horriblemente lúcida; otras, no sueño nunca. Todo ocurre ahora, pero ahora se rompe enseguida. El adverbio me acecha: no dice qué soy, sino cómo caigo, cuándo tiemblo, dónde me pierdo. Así, tristemente, escribo. Así, inútilmente, vivo.
Ejercicio 1 — Novela: la vida en modo adverbial
Imaginá una novela donde los hechos importan menos que la manera en que suceden.
No se trata de qué pasa, sino de cómo, cuándo, cuánto, desde dónde.
Cada capítulo debe estar dominado por un tipo de adverbio:
– tiempo (siempre, nunca, ahora),
– modo (mal, apenas, violentamente),
– lugar (aquí, lejos, dentro).
El desafío es narrar una vida entera sin apoyarte en grandes acciones: que el drama esté en la intensidad, la repetición, la demora, la imposibilidad. Que el lector sienta que la existencia no avanza: oscila.
Ejercicio 2 — Género libre: carta o poema del “casi”
Escribí una carta literaria o un poema dirigido a alguien amado o perdido.
La consigna es que los adverbios expresen lo que no te animás a decir directamente.
No digas “te amo” o “te odio”: decilo tarde, mal, todavía, demasiado, nunca del todo.
Permitite que el texto se vuelva frágil, obsesivo, reiterativo.
Que el lector perciba que el hablante no controla lo que siente, solo cómo le ocurre.
Ejercicio 3 — Género experimental: adverbios como jaula
Construí un texto breve en prosa poética, diario íntimo o escena teatral mínima donde cada frase contenga al menos un adverbio.
A medida que avanza el texto, los adverbios deben volverse más extremos:
de “apenas” a “nunca”,
de “aquí” a “en ninguna parte”,
de “todavía” a “ya no”.
La idea es que el lenguaje muestre una conciencia atrapada en el modo, no en la acción.
El texto debe cerrar sin resolución, solo con una sensación: algo ocurrió, pero no terminó de ocurrir.
Cuando quieras, seguimos con pronombre, tiempo verbal, o cruzamos adverbio + subjetividad + silencio.
Perfecto. Vamos.
El verbo · Menem (emulación)
Yo hice, yo cambié, yo prometí. Dije revolución y firmé decretos. Abrí puertas, cerré fábricas, abracé al mundo. Mientras otros dudaban, yo decidí; mientras criticaban, yo avancé. Goberné hablando, mandé sonriendo, negocié jurando futuro. La historia no se piensa: se hace. El poder no se describe: se ejecuta. Fui, soy, seré acción. El verbo es mandato: hacer, ordenar, transformar, perdonar, olvidar. Lo demás —las consecuencias, los daños, la memoria— vino después. Yo actué.
Ejercicio 1 — Novela: el país como acción
Escribí una novela donde todo esté gobernado por verbos.
No importa tanto quiénes son los personajes, sino qué hacen, qué deshacen, qué postergan. El pasado pesa por lo que se hizo, el presente arde por lo que se está haciendo, el futuro amenaza por lo que se hará.
Cada capítulo debe organizarse alrededor de un verbo dominante (mandar, huir, prometer, traicionar).
La novela debe transmitir una idea inquietante: la acción siempre llega antes que la conciencia.
Ejercicio 2 — Género libre: discurso que avanza
Escribí un discurso político, religioso, empresarial o íntimo donde casi no haya sustantivos abstractos.
La fuerza del texto debe estar en una cadena de verbos que empujen al lector hacia adelante.
El hablante no reflexiona: actúa mientras habla.
Permitite que el texto seduzca por movimiento, ritmo y decisión, incluso si lo que se dice es ambiguo o peligroso.
Que el lector sienta que está siendo arrastrado por una voluntad.
Ejercicio 3 — Género experimental: verbos en conflicto
Construí un texto fragmentario, teatral o poético donde el conflicto no sea ideológico sino verbal.
Un personaje quiere hacer, otro esperar, otro recordar, otro borrar.
No discuten argumentos: chocan modos de acción.
Jugá con tiempos verbales (pretérito, presente, futuro) para mostrar poder, culpa o negación.
El texto debe dejar una pregunta abierta: ¿somos lo que pensamos o lo que hacemos?
Cuando quieras, seguimos con pronombre, tiempo verbal, o cruzamos verbo + narrador + poder.
Perfecto. Vamos con eso.
El sustantivo · Moria Casán (emulación)
Yo soy presencia, escena, animal de luces. No camino: hago entrada. No hablo: produzco frase, impacto, eco. A mi alrededor todo se vuelve objeto: miradas, cámaras, rumores, contratos, silencios. El tiempo es joya, la edad es decorado, el cuerpo es territorio político y estético. No hay adjetivo que me alcance: alcanza el nombre. Mujer, diva, mito, exceso. El mundo es una pasarela de cosas que reclaman ser nombradas: poder, deseo, envidia, aplauso, caída, regreso. Yo no explico: enumero mi existencia. Sustantivo tras sustantivo construyo mi reino. Lo demás —opiniones, juicios, moral— es apenas ruido de fondo.
Ejercicio 1 — Novela: el mundo como inventario
Imaginá una novela donde la realidad solo pueda sostenerse a través de sustantivos.
Los personajes no describen: nombran. No interpretan emociones: las convierten en cosas. El amor es “contrato”, “hambre”, “objeto”. El miedo es “sótano”, “lista”, “archivo”.
Permitite que la narración avance como un gran inventario existencial, donde cada sustantivo fija algo del mundo antes de que desaparezca.
La novela debe preguntarse, sin decirlo: ¿qué queda de nosotros cuando solo nos nombramos?
Ejercicio 2 — Género libre: monólogo de cosas
Escribí un texto —monólogo, poema narrativo, manifiesto— donde una voz se defina solo a través de sustantivos.
Nada de adjetivos explicativos. Nada de verbos reflexivos largos.
La voz puede ser una diva, un político, una madre, una inteligencia artificial, una ciudad.
La fuerza debe estar en la acumulación, en el peso material de las palabras.
Que el lector sienta que cada sustantivo es una pieza de identidad arrojada sobre la mesa.
Ejercicio 3 — Género experimental: conflicto nominal
Construí un texto dialogado o fragmentario donde el conflicto se dé porque los personajes no discuten ideas, sino nombres.
Qué cosa es esto. Cómo se llama. Quién tiene derecho a nombrar.
Un mismo objeto puede recibir distintos sustantivos según quién hable: “hogar / propiedad / trampa / refugio”.
Dejá que el choque de nombres revele poder, clase, deseo, violencia.
El texto no debe cerrar: debe quedar vibrando como una etiqueta mal pegada.
Cuando quieras, seguimos con verbo, pronombre, adverbio, o cruzamos gramática + narrador + violencia.
Perfecto, ajustamos entonces 👍
Mantengo emulación de autor + técnica, fragmento más extenso, y luego 3 ejercicios con una consigna seductora, creativa y no escolar.
Dialogación violenta · Diego Capusotto (emulación)
—¿Vos creés que esto es una discusión? —dijo, con una risa torcida—. Esto es un show, flaco.
—No me corras con eso. Yo hablo porque puedo.
—No, hablás porque te dejaron hablar. Porque te pusieron un micrófono y te dijeron: “decí lo tuyo, total no importa”.
—¿Y vos? ¿Sos distinto?
—Yo soy el chiste que se pasó de largo. El error de transmisión.
—Todos somos eso.
—No. Algunos todavía creen que están diciendo algo propio.
El silencio fue un golpe seco. Después vinieron los gritos, no para convencer, sino para no desaparecer.
Ejercicio 1 — Novela: la violencia como idioma
Escribí una novela donde todos los conflictos se desarrollen exclusivamente a través de diálogos violentos. No hay peleas físicas, no hay escenas de acción: todo sucede en conversaciones.
Familia, trabajo, política, amor, amistad: cada vínculo se rompe o se sostiene por lo que se dice y cómo se dice.
La violencia puede ser sarcástica, pasivo-agresiva, ideológica, irónica, absurda.
La pregunta que debe sostener la novela es: ¿qué le hace el lenguaje a las personas cuando ya no sirve para encontrarse?
Ejercicio 2 — Género híbrido: diálogo + manifiesto
Escribí un texto que combine diálogo violento y manifiesto.
Dos voces discuten, se atacan, se ridiculizan, pero entre líneas aparece una especie de programa político, cultural o existencial.
No aclarés quién tiene razón. Dejá que el lector se sienta incómodo, cómplice, interpelado.
El texto puede parecer un debate, una discusión de pareja, una pelea en redes, una asamblea delirante.
La clave: la violencia revela una verdad que nadie quiere decir de frente.
Ejercicio 3 — Género experimental: diálogo como síntoma
Creá un texto donde el diálogo no sea solo intercambio, sino síntoma.
Las voces se pisan, se contradicen, repiten frases, se deforman. No siempre queda claro quién habla.
Podés mezclar registros: lenguaje culto, vulgar, slogans, frases hechas, citas falsas.
El lector debe sentir que el diálogo está enfermo, que habla solo, que se reproduce como un virus.
No busques coherencia: buscá intensidad y verdad emocional.
Cuando quieras, seguimos con otra técnica o cruzamos violencia + narrador + tiempo para subir todavía más la apuesta.
Dialogación violenta · Diego Capusotto (emulación)
—¿Sabés qué te pasa? —gritó él—. Que pensás como te dijeron que pienses.
—¿Y vos qué sos, iluminado? —escupió el otro—. ¿El Mesías del resentimiento?
—Soy el producto, hermano. El descarte. El ruido que no pudieron callar.
—No jodas. Vos también cobrás, vos también repetís.
—Sí, pero yo lo sé. Y eso duele más.
Se miraron con odio idéntico. No era personal: era ideológico, era televisivo, era una violencia aprendida que pedía aplausos.
Ejercicio 1 — Novela del enfrentamiento discursivo
Imaginá una novela donde la violencia no sea física, sino verbal, simbólica, ideológica. Los personajes se agreden con consignas, ironías, frases hechas, verdades a medias. Cada diálogo es un choque de discursos: medios, política, mercado, identidad.
La trama no avanza por acciones, sino por escaladas verbales. Cada conversación deja heridas invisibles. El lector debe sentir que el lenguaje mismo es el arma.
Ejercicio 2 — Diálogo satírico en clave grotesca
Escribí un diálogo corto y feroz, casi humorístico, entre dos personajes atrapados en un sistema que los supera (un estudio de TV, una oficina pública, un bar temático, una red social encarnada).
Que se insulten sin insultar directamente: exageración, sarcasmo, cinismo. La violencia debe provocar risa incómoda, esa que deja pensando si uno también habla así sin darse cuenta.
Si querés, seguimos con diálogo político, diálogo patológico, diálogo amor–odio, o cambiamos de técnica 🔥
Dialogación · Morticia Addams (emulación)
—¿Te preocupa la oscuridad? —preguntó Morticia, acomodando una flor que ya había empezado a marchitarse.
—Un poco… —dijo él—. No veo nada.
—Eso es lo maravilloso —respondió ella—: cuando no se ve, se siente mejor.
—¿Y si duele?
—Entonces sabremos que estamos vivos.
Él sonrió con miedo. Morticia le tomó la mano con una ternura inquietante.
—No temas —susurró—. Nada abraza con más sinceridad que aquello que podría destruirnos.
Ejercicio 1 — Novela dialogada del afecto oscuro
Te propongo imaginar una novela construida casi por completo a través de diálogos, donde la relación central funcione como en el mundo de Morticia: los personajes dicen cosas amorosas que inquietan, consuelan mientras amenazan, cuidan mientras exponen al peligro.
El desafío no es solo escribir conversaciones, sino hacer que la trama avance únicamente por lo que se dice y lo que se calla. El narrador casi desaparece: el lector debe entender la historia leyendo entre líneas, silencios y dobles sentidos.
Ejercicio 2 — Diálogo íntimo en un espacio simbólico
Escribí un diálogo breve pero intenso entre dos personajes en un lugar cargado de sentido (un cementerio, una casa abandonada, un hospital vacío, un jardín nocturno).
Dejá que el espacio influya en lo que se dicen: cada frase debe parecer afectuosa y perturbadora a la vez.
Pensá el diálogo como una danza verbal donde nadie explica nada, pero todo se revela.
Cuando quieras, decime la próxima técnica o si seguimos profundizando en el diálogo (realista, absurdo, poético, violento, amoroso).
Oxímoron · Morticia Addams (emulación)
La casa respiraba un silencio elocuente. Morticia avanzó con su elegancia fúnebre, vestida de un negro luminoso, sonriendo con una tristeza feliz. Amaba con devoción desapegada, acariciaba con frialdad ardiente las rosas que morían vivas entre sus dedos. Todo en ella era una calma inquieta: la dulzura cruel de su voz, la ternura severa con que nombraba la muerte como si fuera una antigua amiga, siempre puntual, siempre bienvenida.
Ejercicio 1 — Novela del amor contradictorio
Imaginá una novela cuyo eje sea una relación sostenida únicamente por oxímoron: los personajes solo pueden pensarse y hablarse en términos contradictorios (amor hostil, fidelidad infiel, esperanza desesperada).
No se trata de usar oxímoron sueltos, sino de construir una psicología y una trama donde la contradicción sea la única forma honesta de decir la verdad emocional.
La historia debe avanzar porque los opuestos conviven, no a pesar de ello.
Ejercicio 2 — Carta íntima de una serenidad violenta
Escribí una carta literaria dirigida a alguien amado u odiado, donde cada afirmación contenga una tensión interna: despedidas permanentes, reproches agradecidos, promesas imposibles pero sinceras.
El oxímoron debe surgir de la experiencia afectiva, como si el lenguaje común ya no alcanzara para decir lo que se siente.
Ejercicio 3 — Poema de belleza oscura
Construí un poema donde la belleza surja de lo inquietante: una luz sombría, un canto silencioso, una herida protectora.
Permitite que cada verso niegue y confirme al mismo tiempo.
El objetivo es que el lector no pueda decidir si el poema consuela o perturba… y que no quiera hacerlo.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el próximo autor.
Diálogo absurdo · Lewis Carroll (emulación)
—¿Llegué tarde o temprano?
—Llegaste de costado —respondió el Sombrero, mirando el reloj que bostezaba—. Aquí el tiempo camina hacia atrás cuando se cansa.
—Entonces espero.
—Imposible —dijo la Liebre—. Esperar adelanta las cosas.
—¿Y hablar?
—Hablar las enreda.
—Perfecto —sonrió Alicia—. No digamos nada.
—¡Excelente idea! —gritaron todos—. Empecemos de inmediato a discutirla.
Ejercicio 1 — Novela del sinsentido lógico
Escribí una novela breve donde los personajes dialogan con absoluta seriedad, pero las reglas del mundo son incoherentes: el tiempo discute, los objetos opinan, las causas no producen efectos previsibles.
El desafío no es “hacer chistes”, sino sostener la lógica absurda con rigor interno: todo debe ser ilógico… pero coherente consigo mismo.
El lector debe sentir que entiende algo que no puede explicar.
Ejercicio 2 — Diálogo filosófico imposible (cuento)
Construí un cuento enteramente dialogado donde dos personajes discuten un problema profundo (la identidad, la verdad, el amor), pero cada respuesta desarma la pregunta anterior.
Las palabras se contradicen, cambian de sentido, se toman literalmente cuando no deberían.
El objetivo es que el diálogo avance sin avanzar, como una calesita conceptual.
Ejercicio 3 — Teatro absurdo cotidiano
Escribí una escena teatral ambientada en un lugar común (una oficina, una escuela, una fila bancaria), donde los personajes hablan con naturalidad, pero las normas del lenguaje fallan:
preguntas que responden a otras preguntas, afirmaciones que niegan lo que acaban de decir, órdenes imposibles de cumplir.
El absurdo debe surgir del lenguaje, no de lo fantástico.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor.
Diálogo realista · Lizi Tagliani (emulación)
—¿Vos estás bien o estás diciendo que estás bien para que no te pregunte más?
—Estoy bien… cansada, pero bien.
—Eso no es estar bien, amor. Eso es sobrevivir con glitter.
—Y bueno, alguien tiene que brillar mientras todo se cae.
—Sí, pero no siempre la payasa tiene que ser fuerte, ¿sabías?
—Lo sé. Hoy me lo olvidé un rato. Mañana me acuerdo de nuevo.
Ejercicio 1 — Novela del habla cotidiana
Te propongo una novela construida casi enteramente a través de diálogos realistas.
No grandes discursos ni frases literarias pulidas: voces que se pisan, silencios incómodos, bromas que esconden dolor.
El desafío es que la historia avance solo por lo que los personajes dicen y evitan decir.
El lector debe reconstruir el conflicto leyendo entre líneas, como en una charla de cocina a las tres de la mañana.
Ejercicio 2 — Carta dialogada
Escribí una carta que en realidad sea un diálogo: una persona escribe, pero reproduce lo que la otra dijo, interrumpe, contesta sola, se corrige.
El realismo tiene que estar en la imperfección: repeticiones, contradicciones, cambios de tono.
La carta debe sonar hablada, viva, emocionalmente desprolija, como una confesión que nunca se ensayó.
Ejercicio 3 — Relato coral de supervivencia
Imaginá un relato breve donde varias personas conversan en un espacio cotidiano (un camarín, una parada de colectivo, una guardia médica).
Nadie explica nada de forma directa: el conflicto social, afectivo o personal emerge del diálogo casual.
El reto es que el lector sienta que “estuvo ahí”, escuchando, sin narrador que ordene ni traduzca.
Cuando quieras, seguimos.
Decime la próxima técnica y el autor.
Flashback · Hermanas Wachowski (emulación)
Antes de caer, ya habías caído.
El cuerpo corre, esquiva, dispara; la mente vuelve. A la habitación blanca, al cable en la nuca, a la pregunta que nadie respondió. Cada salto hacia adelante activa un retroceso: el recuerdo no explica, interrumpe. No es pasado: es código activo. Mientras el presente pelea por existir, el ayer reescribe las reglas. Todo flashback es una grieta por donde el sistema falla y la conciencia despierta.
Ejercicio 1 — Novela del recuerdo intruso
Imaginá una novela de acción o ciencia ficción donde el pasado irrumpe sin aviso.
No habrá capítulos “de recuerdo”: los flashbacks aparecerán en medio de persecuciones, diálogos, escenas íntimas.
El lector debe comprender que el pasado no está terminado, sigue programando las decisiones actuales del protagonista.
La historia avanza, pero cada avance activa una memoria que la modifica.
Ejercicio 2 — Relato filosófico-cibernético
Escribí un relato breve donde el narrador cree vivir el presente, pero cada tanto descubre que lo que recuerda no ocurrió así.
Usá el flashback como error del sistema: recuerdos que se contradicen, escenas que se reescriben.
El desafío es que el lector dude: ¿el pasado es real o fue implantado?
Ejercicio 3 — Poema narrativo en bucle
Redactá un poema narrativo donde cada estrofa avanza un poco la historia, pero termina regresando a una misma escena pasada.
Ese recuerdo debe cambiar levemente cada vez.
El flashback no aclara: desestabiliza.
El poema debe funcionar como un bucle de conciencia que intenta salir de sí mismo.
Cuando quieras, seguimos.
Decime la próxima técnica y el autor.
Narración fracturada · Gilda (emulación)
Primero fue la música. Después el golpe. Después el silencio.
O quizá fue al revés: el silencio cantando, la ruta latiendo, los cuerpos creyendo.
No hay principio: hay pedazos. Una risa suelta, una mano que no llega, un estribillo cortado en el aire.
La historia no se cuenta: se desarma. Cada fragmento sabe algo que el todo ignora.
Y sin embargo, cuando alguien tararea, todo vuelve —roto, sí— pero vivo.
Ejercicio 1 — Novela rota (fragmentación vital)
Imaginá una novela construida como una canción interrumpida.
No hay capítulos completos: solo escenas breves, recuerdos, diálogos sueltos, titulares, pensamientos, versos, silencios.
El desafío es que el lector reconstruya la historia emocional, no la cronológica.
Pensá la novela como un duelo, una fe o un amor popular: no se explica, se siente a saltos.
Ejercicio 2 — Relato musical-policial
Escribí un relato policial donde el crimen nunca se narra directamente.
Solo aparecen fragmentos: una letra de canción, una declaración inconclusa, una noticia mal citada, una escena doméstica.
La verdad no está en un punto, sino en la suma imperfecta de voces.
El lector debe unir los restos como quien arma un altar improvisado.
Ejercicio 3 — Poema narrativo quebrado
Redactá un poema largo que cuente una historia, pero evitando toda linealidad.
Usá repeticiones truncas, versos que se interrumpen, imágenes que regresan deformadas.
La consigna no es cerrar: es resistirse al cierre.
La narración fracturada no busca orden: busca persistencia.
Cuando quieras, seguimos.
Decime técnica + autor.
Narración en tiempo circular · Borges (emulación)
Al final del pasillo encontré el mismo libro que había dejado al comenzar. Lo abrí: en la primera página se narraba mi llegada al pasillo. Comprendí entonces que no avanzaba, sino que regresaba con una variación mínima, casi imperceptible, como un error voluntario del destino. El tiempo no giraba: se repetía con conciencia. Cada vuelta agregaba un matiz, y ese matiz —no el movimiento— era la verdadera historia.
Ejercicio 1 — Novela del eterno retorno
Imaginá una novela construida como un círculo: la última escena debe ser casi idéntica a la primera, pero no exactamente.
El desafío es narrar una vida, una ciudad o una obsesión que vuelve siempre al mismo punto, aunque el lector —y el narrador— ya no sean los mismos. No expliques el círculo: dejá que se revele solo, como una trampa elegante del relato.
Ejercicio 2 — Cuento filosófico
Escribí un cuento breve donde un personaje descubre que cada decisión ya fue tomada antes y será tomada después.
El tiempo no avanza: se reconoce. Trabajá con repeticiones sutiles (frases, escenas, objetos) que regresen modificadas. El sentido no está en lo nuevo, sino en la diferencia mínima.
Ejercicio 3 — Ensayo narrativo
Redactá un ensayo literario donde reflexiones sobre un recuerdo personal que vuelve una y otra vez.
Cada regreso debe narrarse desde un “yo” distinto. No cambies el hecho: cambiá la mirada. El tiempo circular no es estático: es una espiral de conciencia.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica y autor.
Narración no lineal · Alperindongui (emulación)
Ayer me habló el hombre que seré mañana. Me dijo que no confíe en el recuerdo del martes, porque el martes todavía no ocurrió. En la cocina, el café ya estaba frío antes de hervir. Mi madre lloraba una foto que aún no sacamos. Yo firmé una carta que escribiré dentro de diez años. Todo sucedía a destiempo, como si la vida hubiera decidido barajar las escenas y obligarnos a entender sin orden, a fuerza de intuición.
Ejercicio 1 — Novela del tiempo roto
Te propongo escribir una novela no lineal donde el argumento esté completo desde la primera página, pero desordenado.
El lector irá armando la historia como un rompecabezas emocional. No se trata de confundir, sino de confiar en la inteligencia narrativa: cada fragmento debe tener sentido propio y, a la vez, resignificarse cuando aparece otro momento del pasado o del futuro. Pensá el tiempo como memoria, no como calendario.
Ejercicio 2 — Policial invertido
Escribí un relato policial que comience con la confesión del culpable y termine con el crimen.
Entre medio, alterná escenas del después, del antes y de un presente dudoso. El desafío es que el suspenso no dependa de “quién fue”, sino de cómo cada escena cambia el sentido de las otras. El tiempo es el verdadero enigma.
Ejercicio 3 — Autobiografía fragmentada
Construí una autobiografía ficcional narrada en escenas sueltas: una infancia tardía, una adultez prematura, una vejez que aparece a mitad del texto.
No expliques los saltos. Dejá que el lector experimente el tiempo como lo hace la mente humana: a golpes, asociaciones, regresos inesperados. La coherencia no está en el orden, sino en la voz.
Decime la próxima técnica y autor, y seguimos avanzando.
Narración de orden cronológico · Thalía (emulación)
Primero me desperté creyendo que el mundo iba a esperarme. Después me maquillé las dudas, salí a la calle, canté lo que sabía y sonreí aunque dolía. Más tarde llegaron los aplausos, los besos apurados, los contratos. Luego vino el cansancio, la noche larga, el silencio del camarín. Al final, cuando todo pasó, entendí que había vivido en orden perfecto: paso a paso, caída a caída, brillo a brillo, como una canción que no se salta ningún compás.
Ejercicio 1 — Novela del crecimiento
Imaginá una novela narrada estrictamente en orden cronológico, desde la infancia del protagonista hasta un momento decisivo de su adultez.
No podés usar saltos temporales, recuerdos ni anticipos. El desafío es que el interés no nazca del “qué va a pasar”, sino de cómo cada momento empuja al siguiente. Pensá la historia como una línea continua, emocional y vital, donde cada escena sea consecuencia de la anterior.
Ejercicio 2 — Crónica sentimental
Escribí una crónica narrativa de un amor (o una ambición) contada desde el primer encuentro hasta la despedida final, respetando el orden real de los hechos.
La consigna no es embellecer el pasado, sino mostrar la transformación: cómo cambia la voz, el cuerpo, las expectativas. El tiempo avanza y no vuelve; la escritura debe acompañar ese avance sin nostalgia anticipada.
Ejercicio 3 — Canción-historia
Construí un relato con estructura de canción pop: estrofas que avancen cronológicamente, un estribillo que marque un momento clave repetido en distintos tiempos, y un cierre que llegue “después de todo”.
La dificultad está en sostener el orden temporal sin perder intensidad, haciendo que cada etapa tenga su propio ritmo narrativo.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor y seguimos.
Segunda persona · Intimidad · Valeria Lynch (emulación)
Te acercás sin hacer ruido y yo ya te siento. No decís nada, pero mi cuerpo entiende. Vos sabés dónde tocar, aunque no toques; sabés cuándo quedarte, aunque siempre estés a punto de irte. Te hablo sin palabras, te canto por dentro. Sos vos el que me mira cuando cierro los ojos, el que me nombra sin decir mi nombre. Y aunque no prometas nada, te quedás lo suficiente para doler.
Ejercicio 1 — Novela de la voz íntima
Escribí una novela breve en segunda persona donde toda la historia sea una confesión dirigida a un “vos” amado.
Ese “vos” nunca responde. No sabremos si escucha, si existe o si es recuerdo. El argumento debe avanzar solo por lo que el narrador se anima (o no) a decirle: deseos, reproches, silencios, entregas. La intimidad debe ser el motor narrativo.
Ejercicio 2 — Balada en prosa
Construí un texto híbrido entre canción y relato, escrito en segunda persona.
Trabajá con repeticiones suaves, variaciones emocionales, frases que podrían cantarse. El desafío es narrar una historia de amor completa —inicio, clímax y pérdida— sin salir nunca del tono íntimo, casi susurrado.
Ejercicio 3 — Confesión nocturna
Escribí un monólogo íntimo en segunda persona, situado en una noche específica.
No cuentes los hechos: contá cómo se sienten en el cuerpo. El “vos” funciona como espejo emocional. La narración debe dar la sensación de que hablarle al otro es la única forma de no desarmarse.
Cuando quieras, pasame la próxima técnica y el autor.
Segunda persona · Orden · Foucault (emulación)
Caminá derecho. Mirá al frente. No preguntes por qué el pasillo es angosto ni quién decidió su forma. Registrá tu nombre, repetilo, aceptalo. Obedecé no porque te lo pidan, sino porque aprendiste a hacerlo. Controlá tus gestos, regulá tus palabras, vigilá tu pensamiento como si otro lo mirara desde adentro. Cuando dudes, corregite. Cuando sufras, normalizalo. Así funciona el orden: no grita, instruye.
Ejercicio 1 — Novela del mandato invisible
Imaginá una novela narrada íntegramente en segunda persona, donde el protagonista nunca decide: recibe órdenes constantes, suaves, razonables, casi amables.
No hay un tirano visible. Las instrucciones provienen de manuales, carteles, voces interiores, protocolos cotidianos. El desafío es que el argumento avance por obediencias mínimas, hasta que el lector descubra que la historia misma es una forma de control.
Ejercicio 2 — Carta disciplinaria
Escribí una carta literaria en segunda persona que parece un consejo afectuoso, pero en realidad organiza la vida del destinatario.
Indicá cómo debe amar, trabajar, descansar, recordar. Evitá amenazas: usá el tono de la normalidad. El reto es que la violencia esté en la claridad, no en el exceso.
Ejercicio 3 — Relato breve de instrucciones
Construí un cuento compuesto solo por órdenes: frases imperativas, reglamentos, listas de conducta.
No expliques quién manda ni por qué. Dejá que el lector infiera la historia a partir de lo que se exige. La narración debe surgir del mandato mismo, como si narrar fuera una forma de disciplinar.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor.
Monólogo interior · Calderón de la Barca (emulación)
¿Sueño o vigilia es este rumor que en mi pecho combate? Porque pienso y, pensando, me desdigo; deseo y, deseando, me castigo. Si libre me nombro, ¿por qué obedezco al miedo? Si preso me siento, ¿quién me manda soñar? ¡Oh razón que me guías y me extravías! Dentro de mí discuten el cielo y la culpa, y yo, teatro de ambos, escucho sin poder cerrar el telón.
Ejercicio 1 — Novela del conflicto interior
Escribí una novela construida casi enteramente como monólogo interior.
El protagonista no actúa: piensa. Cada capítulo es una batalla mental entre deber y deseo, fe y duda, libertad y destino. El argumento no avanza por hechos, sino por decisiones que nunca llegan a cumplirse. El desafío es sostener tensión narrativa sin acción externa, solo con pensamiento dramático.
Ejercicio 2 — Drama filosófico en primera persona
Redactá un texto dramático breve (no teatralizado, sin diálogos externos) donde un personaje reflexiona antes de una acción decisiva que tal vez no ocurra.
El monólogo debe oscilar, contradecirse, elevarse y caer. No busques claridad: buscá intensidad moral. Que el lector sienta que está dentro de una conciencia en disputa.
Ejercicio 3 — Poema narrativo del desdoblamiento
Escribí un poema largo o prosa poética donde el yo se divide en dos voces internas: una que ordena, otra que desea.
Ambas habitan el mismo monólogo. No se distinguen tipográficamente: el lector debe percibir el quiebre solo por el tono y las ideas. El reto es hacer visible el conflicto sin explicarlo.
Decime la próxima técnica y el autor, y seguimos.
Primera persona · Diario íntimo · Homero Simpson (emulación)
Querido diario: hoy pensé en mejorar como persona, pero después pensé mejor. Fui al trabajo, apreté botones que no entiendo y nadie murió, así que fue un buen día. Comí una rosquilla que no era mía y otra que tampoco. Marge me miró como si supiera todo lo que no escribo acá. Yo también lo sé, pero finjo hambre. Si mañana soy mejor, lo anoto. Si no, también.
Ejercicio 1 — Novela-diario de la mediocridad feliz
Imaginá una novela escrita como diario íntimo en primera persona, donde el narrador no aspire a cambiar ni a redimirse.
Cada entrada registra lo mínimo, lo trivial, lo aparentemente insignificante, pero poco a poco se vuelve evidente que ahí se esconde una filosofía de vida. El desafío es construir una novela completa desde la repetición, la torpeza y la sinceridad involuntaria.
Ejercicio 2 — Diario íntimo laboral (género social / satírico)
Escribí un diario en primera persona de alguien que trabaja en un lugar absurdo, rutinario o peligroso, pero que lo narra con naturalidad absoluta.
No sabe que vive algo extraño: lo anota como quien anota el clima. El efecto literario debe surgir del contraste entre lo que ocurre y la forma despreocupada en que se registra.
Ejercicio 3 — Diario íntimo que no quiere ser leído
Redactá un diario íntimo ficcional donde el narrador escribe solo para evitar pensar.
Las entradas pueden ser breves, erráticas, repetitivas. A veces se contradice, a veces miente.
La consigna es que el diario funcione como refugio mental más que como relato: el lector entra en la cabeza del personaje, no en su historia.
Cuando quieras, seguimos con otra técnica y otro autor.
Primera persona · Memoria · Manuel Belgrano (emulación)
Recuerdo con más nitidez los errores que las victorias. No porque hayan sido más grandes, sino porque pesaron distinto. A veces la memoria no guarda fechas ni nombres, sino sensaciones: el cansancio del cuerpo, el frío de una decisión tomada tarde, el silencio posterior a una orden dada. Yo creí que la patria era una idea clara; con los años entendí que fue, más bien, una suma de dudas sostenidas con obstinación. Cuando miro hacia atrás, no me veo como héroe, sino como alguien que avanzó aun sin saber si el suelo resistiría el paso siguiente.
Ejercicio 1 — Novela de memoria y conciencia
Te propongo escribir una novela en primera persona donde el narrador recuerde su vida desde un punto de retiro, derrota o vejez.
La memoria no debe ser lineal ni confiable: dejá que el recuerdo vuelva de forma fragmentada, emotiva, incluso contradictoria.
El argumento no avanza por los hechos, sino por la relectura del pasado: cada recuerdo modifica el sentido del anterior. La identidad del narrador debe construirse a partir de lo que recuerda… y de lo que evita recordar.
Ejercicio 2 — Carta memorial (género epistolar)
Escribí una carta larga dirigida a alguien que ya no puede responder (un muerto, una patria, una idea).
La primera persona debe apoyarse en la memoria como justificación, confesión y defensa.
Permitite dudar de tus propios recuerdos: el narrador puede corregirse, rectificarse, sospechar de sí mismo. La tensión debe surgir entre la necesidad de recordar y el temor a hacerlo con demasiada claridad.
Ejercicio 3 — Relato histórico íntimo
Redactá un relato histórico en primera persona donde un personaje involucrado en un hecho colectivo narre desde la intimidad.
El foco no está en el acontecimiento público, sino en cómo ese hecho fue vivido, interpretado y deformado por la memoria personal.
La técnica exige que el “yo” recuerde no como cronista, sino como conciencia: la historia aparece filtrada por emociones, culpas, ideales y cansancio.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor y seguimos.
Narrador omnisciente · Emma Bovary · Gustave Flaubert (emulación)
Emma observaba el polvo sobre el piano como si fuese una ofensa personal. No sabía —aunque lo sentía— que ese fastidio no era por el polvo, sino por la vida entera que se le había vuelto opaca. Charles, desde la otra habitación, pensaba en la cena; Emma, en cambio, recordaba un baile que nunca terminaría de existir. El narrador lo ve todo: el gesto mínimo, la ilusión secreta, la distancia exacta entre lo que Emma espera y lo que el mundo le concede.
Ejercicio 1 — Novela: la conciencia total
Te propongo escribir una novela donde el narrador lo sepa todo: pensamientos, recuerdos, deseos ocultos, incluso aquello que los personajes todavía no saben de sí mismos.
El desafío no es informar, sino dosificar: decidir qué revelar y cuándo.
Imaginá que el narrador es una mirada silenciosa que acompaña, comprende y a veces juzga con una ironía leve, casi cruel. La historia debe avanzar porque el lector entiende más que los personajes, no porque pasen grandes cosas.
Ejercicio 2 — Drama íntimo en tercera persona
Escribí un texto narrativo breve con tono dramático, donde el conflicto central sea interno.
El narrador omnisciente debe mostrar la distancia entre lo que el personaje cree sentir y lo que realmente lo mueve.
Permitite anticipar el fracaso, el error o la caída antes de que ocurra. El lector debe sentir una especie de fatalidad suave, como si el destino ya estuviera escrito en los pensamientos más pequeños.
Ejercicio 3 — Novela psicológica contemporánea
Construí una novela psicológica ambientada en la actualidad, pero narrada con un narrador omnisciente clásico.
Mostrá cómo los personajes creen ser libres mientras el narrador revela patrones, repeticiones, autoengaños.
La omnisciencia no debe ser grandilocuente: debe aparecer en detalles cotidianos, en contradicciones íntimas, en deseos que el personaje nunca admitiría en voz alta.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor.
Narrador múltiple · Manuel Puig (emulación)
Ella dice que no pasó nada.
La vecina jura haber oído golpes y una radio encendida.
La carta, escrita con birome azul, habla de amor y de fiebre.
El parte médico enumera hematomas sin causa clara.
Yo recuerdo la escena distinta, pero mi recuerdo también miente.
Cada voz arma su película, cada versión corta el plano donde más duele.
La verdad no está escondida: está fragmentada, repartida en murmullos, diálogos, documentos, recuerdos ajenos.
Nadie narra mejor que todos juntos, aunque ninguno diga todo.
Ejercicio 1 — Novela: la verdad como montaje
Imaginá una novela construida únicamente a partir de voces distintas: diálogos, cartas, mensajes, informes, recuerdos en primera persona, rumores en tercera.
No hay narrador central que ordene el mundo: la historia se arma como un rompecabezas emocional.
Cada voz cree decir la verdad, pero sólo muestra una parte.
La novela no avanza por acciones, sino por superposición de versiones. El lector debe sentir que arma la historia como quien edita una película vieja encontrada en pedazos.
Ejercicio 2 — Policial psicológico
Escribí un policial donde el crimen nunca se narre directamente.
El hecho aparece apenas insinuado a través de declaraciones contradictorias: el sospechoso, un familiar, un periodista, un objeto (una grabación, una receta, un recibo).
Cada narrador revela más sobre sí mismo que sobre el crimen.
La resolución no depende de descubrir “qué pasó”, sino quién puede soportar lo ocurrido.
Ejercicio 3 — Novela epistolar híbrida
Construí una novela corta usando correos, notas de voz transcritas, diarios íntimos y diálogos teatrales.
Las voces deben interrumpirse, repetirse, corregirse entre sí.
Permití contradicciones abiertas: que una voz desmienta a otra sin resolver el conflicto.
El efecto buscado no es claridad, sino intimidad: que el lector sienta que espía una red de conciencias en conflicto.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor.
Juegos de palabras · Melanie Klein (emulación)
El niño no dice miedo: lo juega. No nombra a la madre: la desarma en sílabas, la muerde en sonidos, la vuelve mamá, mala, más, mía. El lenguaje no describe el mundo: lo mastica. Cada palabra es un juguete peligroso: sirve para amar, para atacar, para reparar. El yo se arma con restos fonéticos, con repeticiones obsesivas, con errores fértiles. Allí donde el adulto busca sentido, el niño produce desplazamientos: cambia letras como cambia afectos. El inconsciente habla mal… y por eso habla de verdad.
Ejercicio 1 — Novela: el lenguaje como campo de batalla psíquico
Escribí una novela donde el conflicto principal no sea una acción externa sino el modo en que los personajes usan, deforman y repiten palabras.
Cada personaje debe tener una forma particular de jugar con el lenguaje: lapsus, diminutivos, insultos cariñosos, rimas involuntarias.
La historia avanza porque las palabras se equivocan, se confunden, se sustituyen.
El argumento se construye a partir de malentendidos verbales que revelan deseos y miedos profundos.
Ejercicio 2 — Cuento psicológico / infancia
Escribí un cuento desde la perspectiva de un niño (o de un adulto que piensa como niño).
Las palabras no deben ser estables: una misma palabra cambia de significado según la emoción del momento.
Jugá con repeticiones, deformaciones, rimas involuntarias, asociaciones sonoras.
El lector debe sentir que el lenguaje no comunica: protege, ataca, consuela, reemplaza.
Ejercicio 3 — Poema narrativo o texto híbrido
Escribí un texto donde el lenguaje se comporte como un juguete roto.
Permitite errores conscientes: palabras partidas, sílabas que se repiten, términos que se transforman en otros por simple cercanía sonora.
No busques claridad: buscá verdad afectiva.
El sentido debe emerger del juego mismo, como en el inconsciente: no por lógica, sino por insistencia.
Decime la siguiente técnica y autor cuando quieras. Seguimos.
Hipérbole · María Elena Walsh / Casados con Hijos (emulación)
En esta casa no hay polvo: hay continentes de mugre con historia propia. El sillón no está roto: es una ruina arqueológica donde descansan generaciones de migas, culpas y promesas incumplidas. El amor conyugal no se terminó: explotó como una bomba nuclear doméstica y dejó sobrevivientes que se insultan por costumbre. Cada día es el peor día del mundo, y curiosamente se supera al siguiente. Si el universo fuera justo, este living tendría un cartel que diga: “Aquí se exageró hasta decir la verdad”.
Ejercicio 1 — Novela: la exageración como estructura
Imaginá una novela familiar donde absolutamente todo esté contado en clave de exceso.
Nada es pequeño: un gesto mínimo se vuelve catástrofe, una discusión trivial deviene tragedia griega, un olvido cotidiano se narra como el fin de una civilización.
La hipérbole no es decorativa: es la forma natural en que los personajes perciben la realidad.
La novela avanza porque el mundo es insoportable si no se exagera: narrar en pequeño sería mentir.
Ejercicio 2 — Comedia feroz / monólogo doméstico
Escribí un monólogo de un personaje atrapado en la rutina (hogar, trabajo, pareja, familia).
Cada queja debe estar llevada al límite: no hay cansancio, hay agotamiento cósmico; no hay hambre, hay hambruna bíblica.
La exageración debe generar risa, pero también reconocimiento: el lector debe pensar “no es tan así… pero casi”.
Usá la hipérbole para decir lo indecible sin solemnidad.
Ejercicio 3 — Cuento o fábula contemporánea
Escribí un cuento donde una emoción cotidiana (celos, pereza, fastidio, amor, frustración) crezca hasta volverse monstruosa.
Que el sentimiento ocupe espacio físico, altere la ciudad, modifique el clima, destruya muebles o reputaciones.
La hipérbole convierte lo interno en externo: el mundo se deforma porque alguien siente demasiado.
El final no debe corregir el exceso, sino confirmar que exagerar era la única forma de entender lo real.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor. Seguimos sin apuro.
La provocación · Violencia Rivas / Capusotto (emulación)
La familia es una empresa fallida que insiste en llamarse hogar. El amor, un subsidio emocional que se cobra caro y se gasta mal. La patria, un ringtone viejo que suena cuando nadie llamó. Yo no odio a la gente: me fastidia su entusiasmo por repetir estupideces con convicción moral. La esperanza es una estafa piramidal y el futuro, un slogan diseñado por alguien que jamás viaja en colectivo. No vine a convencerte: vine a incomodarte, que es lo único honesto que queda.
Ejercicio 1 — Novela: provocar como motor narrativo
Imaginá una novela cuyo protagonista no actúa: habla.
Cada capítulo es una intervención pública —una cena familiar, un programa de radio, una asamblea escolar, una cola del banco— donde el personaje dice lo que no se dice.
La provocación no es insulto gratuito: es desarmar las frases hechas que sostienen la trama social.
La historia avanza porque cada provocación genera consecuencias reales: rupturas, despidos, silencios incómodos, alianzas inesperadas.
La novela se organiza como una cadena de incomodidades que revelan el verdadero conflicto.
Ejercicio 2 — Carta literaria o monólogo
Escribí una carta o un monólogo dirigido a una abstracción respetada: La Familia, El Progreso, La Normalidad, El Éxito.
Tratala como si fuera una persona hipócrita a la que conocés demasiado bien.
La provocación debe surgir de la lógica implacable, no del grito: decir lo evidente de una forma que resulte insoportable.
El objetivo no es escandalizar, sino quitarle el maquillaje a lo sagrado.
Ejercicio 3 — Policial o distopía social
Escribí un policial o una distopía donde el crimen no sea matar, sino decir la verdad en voz alta.
El protagonista es perseguido no por lo que hace, sino por lo que enuncia.
La provocación funciona como delito narrativo: cada frase peligrosa deja rastros, testigos, daños colaterales.
La tensión del relato debe sostenerse en una pregunta incómoda:
¿qué pasa cuando el problema no es la violencia, sino la lucidez?
Cuando quieras, pasame la próxima técnica y el autor. Seguimos.
La definición · Charles Darwin (emulación)
La vida puede definirse, no como una esencia fija ni como un don concedido, sino como una persistencia que cambia. Es aquello que se conserva transformándose, que prueba, falla, corrige y vuelve a intentar. Un organismo vive porque varía, y sobrevive porque esa variación encuentra, por azar, una forma de encajar en el mundo. Definir la vida es, entonces, describir un proceso continuo de ajuste entre el cuerpo y su circunstancia, entre lo heredado y lo posible.
Ejercicio 1 — Novela: definir para existir
Imaginá una novela construida a partir de definiciones sucesivas.
Cada capítulo comienza con una definición escrita por el protagonista: familia, trabajo, amor, fracaso, éxito, miedo.
Pero a medida que la historia avanza, los hechos contradicen o deforman esas definiciones iniciales.
El motor narrativo no es la acción, sino el choque entre lo que el personaje cree que algo es y lo que la experiencia le demuestra que es.
La novela debe leerse como una teoría vital que se corrige a sí misma.
Ejercicio 2 — Ensayo narrativo o ciencia ficción
Escribí un ensayo ficcional o un relato de ciencia ficción donde una sociedad entera funcione a partir de definiciones oficiales: qué es humano, qué es útil, qué es normal, qué es vivo.
El conflicto aparece cuando un personaje no encaja en ninguna definición existente.
El desafío es narrar cómo las definiciones, que parecen neutras y científicas, se revelan como instrumentos de poder, exclusión o supervivencia.
Ejercicio 3 — Poema o cuento breve evolutivo
Redactá un poema en prosa o cuento breve donde una misma palabra sea definida tres veces a lo largo del texto.
Cada definición debe surgir de una etapa distinta de la experiencia (infancia, madurez, pérdida; o nacimiento, crisis, adaptación).
La consigna no es embellecer la definición, sino mostrar cómo cambia porque el sujeto cambia, como si el significado también evolucionara.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica y autor. Seguimos.
Uso de refranes · Fernando de Rojas (emulación)
Más vale maña que fuerza —decía ella—, y en esa sentencia cabía toda su ciencia.
Porque quien mucho abarca, poco aprieta, y el amor, si no se riega, se seca como huerta sin pozo.
No hay rosa sin espina ni promesa sin trampa: bien lo sabía la vieja, que a río revuelto ganancia de pescadores sacaba.
Así, entre dichos heredados, iba tejiendo su verdad: que el mundo se entiende mejor cuando habla por boca ajena.
Ejercicio 1 — Novela: el refrán como esqueleto del destino
Imaginá una novela en la que cada capítulo se construya alrededor de un refrán popular.
No como adorno, sino como ley secreta que gobierna los actos de los personajes.
El desafío es que la trama no contradiga el refrán, sino que lo confirme, lo tuerza o lo revele en su ambigüedad.
El lector debe sentir que la historia ya estaba escrita en la sabiduría popular… antes de empezar a leer.
Ejercicio 2 — Tragedia o drama dialogado
Escribí una escena dramática donde los personajes solo puedan justificar sus decisiones mediante refranes.
No explican: citan.
No argumentan: recuerdan lo que “siempre se dijo”.
La tensión nace cuando los refranes se contradicen entre sí, mostrando que la tradición no es una verdad única, sino un campo de batalla moral.
Ejercicio 3 — Cuento moral ambiguo
Redactá un cuento en el que el narrador utilice refranes para aconsejar al lector, pero los hechos narrados los desmientan uno por uno.
El objetivo no es burlarse del refrán, sino mostrar cómo puede ser arma, consuelo o coartada.
Que el lector termine preguntándose: ¿el refrán enseña… o justifica?
Cuando quieras, decime la próxima técnica y autor. Seguimos con el mismo pulso.
Sinécdoque · Jorge Luis Borges (emulación)
El hombre era una mano que escribía.
No su nombre, no su rostro: la mano.
Esa mano que recorría bibliotecas, que tocaba lomos gastados, que repetía gestos aprendidos en otros siglos.
Todo el hombre estaba allí: en el dedo que dudaba, en la uña rota por el tiempo, en la palma que sostenía el universo como si fuera un volumen mal encuadernado.
El resto —voz, memoria, destino— era apenas una nota al pie.
Ejercicio 1 — Novela: el todo reducido a una parte
Escribí una novela en la que el mundo se narre siempre desde una parte mínima: una calle, un objeto, una cicatriz, una palabra.
Nunca describas el conjunto de manera directa.
La historia debe avanzar mostrando fragmentos que, poco a poco, permitan al lector reconstruir una totalidad que nunca termina de cerrarse.
La sinécdoque será el modo de conocer: comprender será siempre incompleto.
Ejercicio 2 — Cuento filosófico o fantástico
Redactá un cuento filosófico o fantástico donde un personaje cree que una parte representa la esencia del todo: un recuerdo, un gesto, una frase repetida.
A partir de esa convicción organiza su vida.
La tensión narrativa surge cuando el lector empieza a sospechar que esa parte no explica nada… o lo explica demasiado bien.
Ejercicio 3 — Ensayo narrativo o relato ensayístico
Escribí un ensayo narrativo en el que analices una idea abstracta (tiempo, identidad, poder, verdad) a partir de un solo elemento concreto.
No amplíes: profundizá.
La sinécdoque debe funcionar como una lupa obsesiva.
El desafío no es abarcar, sino insistir hasta que la parte se vuelva inquietantemente total.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica y autor.
Seguimos.
Poliglotismo · Moria Casán (emulación)
Hello, darling, la vida is a show permanente.
Je marche por la calle y everybody me mira, perché brillo aunque no quiera.
El deseo es international, el escándalo también: amour, love, pasión, capricho.
Yo digo yes, digo no, digo maybe, digo qué mirás.
Porque el idioma, cielo, no es frontera: es vestuario.
Y yo cambio de lengua como de pluma, sin pedir permiso, sin subtítulos.
Ejercicio 1 — Novela: identidad en lenguas cruzadas
Escribí una novela cuyo conflicto central sea que el protagonista no piensa en una sola lengua.
Cada idioma activa una versión distinta de sí mismo: en uno ama, en otro miente, en otro recuerda.
No traduzcas todo: dejá zonas opacas. El lector debe sentir que entender también es elegir qué perder.
El poliglotismo no es adorno: es estructura psicológica del personaje.
Ejercicio 2 — Carta literaria o monólogo escénico
Redactá una carta literaria o un monólogo dirigido a alguien amado u odiado.
Cada cambio emocional obliga a cambiar de idioma, registro o jerga.
No expliques por qué ocurre: que el lector lo intuya por el tono.
La consigna es simple y feroz: cuando la emoción no alcanza en una lengua, aparece otra.
Ejercicio 3 — Relato urbano o crónica híbrida
Escribí un relato urbano o una crónica híbrida ambientada en una ciudad atravesada por lenguas: calles, redes, canciones, marcas, insultos.
Usá el poliglotismo como ruido de fondo del mundo contemporáneo.
Que el texto suene como una radio mal sintonizada: fragmentaria, viva, excesiva.
El idioma ya no comunica: expone poder, deseo y pertenencia.
Decime la próxima técnica y autor.
Seguimos cruzando lenguas, cuerpos y literatura.
Personificación · Carlos Cocciolo (emulación)
La noche se sentó a pensar conmigo.
No dijo nada, pero respiraba hondo, como si cargara culpas ajenas.
Las paredes escuchaban con una paciencia aprendida en años de encierro y el reloj, nervioso, tartamudeaba segundos que no quería entregar.
La ciudad, cansada, me miraba desde la ventana con un ojo encendido y otro apagado.
Todo tenía ánimo, gesto, memoria: yo era apenas el invitado en un mundo que sentía antes que yo.
Ejercicio 1 — Novela: el mundo que siente
Imaginá una novela donde el verdadero protagonista no sea una persona, sino el entorno: una casa, una ciudad, una fábrica, un barrio.
Ese espacio piensa, recuerda, se ofende, desea. No habla como humano, pero actúa como si tuviera conciencia.
Los personajes humanos cambian según el humor del lugar.
Escribí la historia como si el mundo estuviera vivo y los sujetos fueran apenas su consecuencia.
Ejercicio 2 — Relato psicológico o fantástico
Escribí un relato psicológico o fantástico donde un objeto cotidiano (una mesa, un celular, una cama, un expediente) tenga una vida emocional secreta.
No lo anuncies: dejá que el lector lo descubra por sus reacciones.
La clave no es lo extraño, sino lo íntimo: el objeto entiende más del protagonista que el propio protagonista.
Ejercicio 3 — Poema narrativo o ensayo lírico
Redactá un poema narrativo o un ensayo lírico donde ideas abstractas —el tiempo, la culpa, la memoria, el deseo— actúen como personajes.
Que caminen, se cansen, se equivoquen, se escondan.
La consigna es clara: pensar no como humano, sino como si las ideas tuvieran cuerpo y biografía.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica y autor.
Seguimos: el lenguaje ya está vivo, ahora hay que escucharlo.
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Oxímoron · Pedro Almodóvar (emulación)
La amaba con una furia delicada, como quien grita en silencio frente a un espejo maquillado.
Dormían juntos en una soledad compartida, rodeados de colores chillones y secretos discretos.
Todo era exceso y pudor, una vergüenza orgullosa, una felicidad dolorosa que se exhibía como herida recién pintada.
En esa casa nada era puro: la ternura era obscena y el escándalo, profundamente íntimo.
Ejercicio 1 — Novela de contradicciones vivas
Imaginá una novela donde cada personaje esté definido por un oxímoron central: valentía cobarde, fe escéptica, amor cruel.
No se trata de mencionarlo, sino de hacerlo vivir en decisiones, gestos, diálogos.
La historia debe avanzar porque esas contradicciones internas chocan entre sí.
El conflicto narrativo no es externo: es la imposibilidad de ser una sola cosa.
Ejercicio 2 — Drama familiar o policial
Escribí un drama familiar o un relato policial donde la verdad sea siempre ambigua: una confesión sincera y falsa a la vez, una culpa inocente.
Usá oxímoron para describir espacios, emociones y relaciones.
Que el lector sienta que todo es intenso y contradictorio, como una escena iluminada con colores imposibles pero emocionalmente reales.
Ejercicio 3 — Monólogo confesional
Redactá un monólogo (teatral o narrativo) donde un personaje se desnuda emocionalmente usando oxímoron para hablar de sí mismo.
Cada contradicción debe acercarlo más a la verdad, no ocultarla.
La consigna es simple y peligrosa: mostrar que la identidad no es coherente, pero sí profundamente auténtica.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor.
Seguimos explorando ese territorio donde el lenguaje se contradice… y por eso mismo dice más.
Neologismo · Juan Carlos Bajarlia (emulación)
La ciudad amaneció desalmabrada: sin alma, sin hambre, sin memoria.
Nadie sabía cuándo había empezado esa grisura viva que se pegaba a los zapatos y al pensamiento.
Los diarios hablaban de progreso; la gente, de cansancio; yo solo veía futurra: un porvenir mal hecho, torcido, que avanzaba igual.
Inventar palabras era la última forma de nombrar lo que ya no entraba en el idioma heredado.
Ejercicio 1 — Novela del lenguaje insuficiente
Escribí una novela en la que el mundo cambia más rápido que las palabras disponibles.
El narrador empieza a crear neologismos para describir emociones, vínculos, formas de poder o estados sociales que no existían antes.
No expliques los términos: dejá que el lector los comprenda por contexto.
La historia debe mostrar cómo nombrar es resistir, y cómo quedarse sin palabras es quedar sometido.
Ejercicio 2 — Relato político-lingüístico
Redactá un cuento donde un personaje marginal (obrero, estudiante, exiliado, hacker, artista) inventa palabras que luego circulan socialmente.
Cada neologismo debe señalar una falla del sistema: una injusticia, una hipocresía, una promesa vacía.
El conflicto surge cuando el poder intenta apropiarse de esas palabras nuevas y vaciarlas de sentido.
La trama avanza a través del lenguaje, no de la acción.
Ejercicio 3 — Poema narrativo de invención
Escribí un poema largo o prosa poética compuesto por neologismos ligados a sensaciones corporales, estados anímicos y percepciones urbanas.
Algunos términos deben ser bellos, otros incómodos, otros directamente molestos.
La consigna no es “embellecer” el idioma, sino forzarlo hasta que diga algo que antes no podía decir.
Que el texto se entienda, aun sin diccionario.
Cuando quieras, seguime con otra técnica y otro autor.
Estamos trabajando justo en el límite donde el lenguaje se rompe… y empieza a crear.
La provocación · Abelardo Castillo (emulación)
No fue el crimen lo que los ofendió, sino la lucidez.
El muchacho dijo la verdad con una calma que resultó obscena: nadie era inocente allí.
La mesa se volvió un tribunal sin jueces y cada silencio fue una confesión torpe.
Provocar, pensó, no era insultar sino decir lo que todos sabían y nadie se atrevía a formular.
Cuando terminó de hablar, ya no hacía falta condena: se habían condenado solos.
Ejercicio 1 — Novela moralmente incómoda
Imaginá una novela construida alrededor de una escena central: una conversación inevitable.
No hay persecuciones ni giros espectaculares.
La provocación está en el discurso: un personaje dice lo que el grupo oculta para sostener su identidad moral.
El desafío es narrar cómo cada palabra altera la percepción que los demás tienen de sí mismos.
La tensión no surge del peligro físico, sino del derrumbe ético.
Ejercicio 2 — Relato judicial sin juez
Escribí un cuento ambientado en un espacio cerrado (una casa, un bar, una sala de espera).
No hay acusación formal, pero alguien lanza una frase que funciona como sentencia.
La provocación no acusa: expone.
Trabajá con silencios, miradas, pensamientos reprimidos.
El lector debe sentir que el conflicto no está en lo que se dice, sino en lo que ya no puede desmentirse.
Ejercicio 3 — Ensayo narrativo incómodo
Redactá un ensayo literario donde el narrador cuestione una creencia social ampliamente aceptada (familia, mérito, justicia, éxito).
No polemices: razoná con frialdad.
La provocación surge de llevar la lógica hasta sus últimas consecuencias, incluso si el resultado es inquietante.
El texto debe incomodar por coherente, no por agresivo.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor.
Seguimos excavando donde más duele.
La provocación · Tim Burton (emulación)
Había algo incorrecto en sonreír frente al ataúd, y por eso sonreí.
Las flores parecían culpables, demasiado vivas para ese muerto tan correcto.
Pensé que tal vez el error no era reírse del funeral, sino tomárselo en serio.
La provocación no fue el gesto, sino la pregunta muda:
¿y si lo normal fuera solo una forma elegante de la tristeza?
Desde entonces, cada vez que todos callan, yo hago ruido.
Ejercicio 1 — Novela de lo incorrecto
Imaginá una novela cuyo eje no sea la trama sino el escándalo silencioso que produce el protagonista simplemente por existir.
No hace nada ilegal, ni siquiera violento: solo desacomoda.
La provocación aquí no grita, incomoda.
Construí un mundo “normal” y dejá que el personaje lo fisure con gestos mínimos, preguntas inoportunas, elecciones estéticas.
La historia avanza porque el entorno reacciona.
Ejercicio 2 — Cuento gótico-humorístico
Escribí un cuento breve donde lo macabro y lo tierno convivan.
Usá la provocación como contraste: lo que debería dar miedo resulta adorable, lo que debería ser bello resulta inquietante.
No expliques el efecto: dejá que el lector se pregunte por qué se ríe donde no debería.
La provocación nace del tono, no del golpe bajo.
Ejercicio 3 — Manifiesto raro
Redactá un manifiesto poético de alguien que no quiere cambiar el mundo, solo señalar lo absurdo de cómo funciona.
Provocá sin insultar: exagerá normas, rituales, costumbres hasta que se vuelvan ridículas.
Que el texto invite a pensar, no a obedecer.
Si el lector se incomoda y sonríe al mismo tiempo, vas bien.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica y autor.
Seguimos sin apuro, pero sin anestesia.
La exclamación · Juana de Ibarbourou (emulación)
¡Oh vida ardiente, recién abierta como fruta madura!
¡Cómo me llamas desde la sangre, desde el sol que golpea mis párpados!
¡Qué urgencia de decirte, de tocarte, de nombrarte viva!
¡Todo en mí exclama: el cuerpo, la savia, la voz que no se resigna!
¡No hay silencio posible cuando el mundo irrumpe así, desbordado,
cuando amar es un grito limpio y existir una celebración feroz!
Ejercicio 1 — Novela del exceso vital
Imaginá una novela narrada desde una conciencia que no sabe callar. Cada acontecimiento —mínimo o trascendente— es vivido como un estallido emocional.
La exclamación no es adorno: es estructura.
El desafío es narrar una historia completa (amor, pérdida, crecimiento) donde la intensidad no decaiga, pero tampoco se vuelva vacía.
Pensá la exclamación como pulso vital: cuando se apaga, algo muere.
Ejercicio 2 — Poema narrativo del cuerpo
Escribí un poema largo que cuente una experiencia corporal (enfermedad, deseo, maternidad, cansancio, placer).
Usá la exclamación como forma de insistencia, no de énfasis fácil.
Cada “¡!” debe parecer inevitable, como si el lenguaje no alcanzara sin ese desborde.
El poema debe narrar, no solo cantar.
Ejercicio 3 — Carta exaltada
Redactá una carta literaria dirigida a alguien ausente (persona, tiempo, patria, infancia).
La exclamación funciona aquí como llamada: se escribe porque el otro no responde.
Probá alternar frases exclamativas largas y cortas, como respiraciones agitadas.
Que el texto revele cómo la emoción empuja a la palabra hasta romperla.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor.
Seguimos.
Aliteración · El Chavo del 8 (emulación)
La señora Señora Florinda suspira, se sobresalta, se siente superior,
mientras el chavo camina callado, contando crackers con cariño.
Don Ramón reniega, resopla, reclama rentas retrasadas.
Todo truena en la tranquila tragicomedia del techo compartido,
donde pobres palabras patean paredes peladas
y la risa repite, rueda, regresa.
Ejercicio 1 — Novela coral: el sonido manda
Imaginá una novela donde cada capítulo esté gobernado por una letra dominante. No es un juego mecánico: la letra debe contagiar el ánimo del capítulo.
Si el capítulo es triste, que la repetición suene pesada; si es cómico, que rebote.
La trama avanza, sí, pero el verdadero motor es cómo suena lo que pasa. El lector siente antes de entender.
Ejercicio 2 — Cuento cómico-social
Escribí un cuento breve ambientado en un espacio compartido (vecindad, pensión, oficina) donde el conflicto surja porque todos hablan distinto, pero cada personaje insiste con su propio sonido.
La aliteración revela clase social, carácter, manías. No lo expliques: dejá que la oreja lo entienda.
Ejercicio 3 — Guion mínimo para escena
Redactá una escena dialogada donde dos personajes discuten algo trivial.
Elegí dos consonantes y asigná una a cada personaje.
Que el enfrentamiento se vuelva casi musical: el lector debe “escuchar” la pelea.
El sentido nace del choque sonoro, como un sketch que se arma solo.
Decime la próxima técnica y autor. Seguimos jugando en serio.
Adjetivación · Julio Cortázar (emulación)
La tarde era rara, ligeramente torcida, con un color indeciso entre el gris cansado y un amarillo distraído.
Los objetos parecían atentos, demasiado atentos: la silla incómoda, el reloj insistente, la ventana curiosa.
Había un silencio espeso, educado, casi culpable.
Pensé que todo estaba normal, peligrosamente normal, como esas cosas prolijas que esconden un error mínimo y fatal.
El mundo, prolijo y absurdo, respiraba con una calma sospechosa.
Ejercicio 1 — Novela: la realidad como adjetivo inestable
Te propongo escribir una novela donde el conflicto no sea lo que ocurre, sino cómo se califica lo que ocurre.
El narrador describe su vida cotidiana con adjetivos que, poco a poco, empiezan a desacomodarse: lo “tranquilo” se vuelve “inquietantemente tranquilo”, lo “familiar” se vuelve “extrañamente familiar”.
Sin anunciarlo, la novela se desliza hacia lo fantástico solo porque los adjetivos dejan de obedecer a la lógica.
El lector debe sentir que algo cambia antes de saber qué.
Ejercicio 2 — Cuento fantástico mínimo
Escribí un cuento breve donde un hecho insignificante (una visita, un café, una llamada) sea narrado con una adjetivación tan precisa y tan rara que termine volviéndose inquietante.
No expliques el misterio: adjetivá hasta que el misterio aparezca solo.
Jugá con adjetivos cotidianos colocados en lugares inesperados, como si la lengua se hubiera corrido medio centímetro de su eje.
Ejercicio 3 — Diario íntimo o cuaderno de notas
Armá un diario ficcional donde cada entrada consista en observar un objeto o una situación y describirla obsesivamente a través de adjetivos.
El yo narrador no reflexiona: califica.
Con el correr de las páginas, los adjetivos revelan un estado mental, una grieta, una fisura entre el mundo y quien lo mira.
El sentido aparece por acumulación, no por explicación.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica y el autor. Seguimos sin apurarnos.
Adjetivación · Susana Giménez (emulación)
La noche era divina, absolutamente divina.
El vestido, caro, brillante, exagerado; el estudio, enorme, luminoso, feliz.
Yo estaba radiante, segura, un poco nerviosa pero espléndida.
Todo era increíble, fantástico, soñado, como esas cosas que pasan una sola vez y quedan grabadas para siempre.
La gente aplaudía fuerte, emocionada, fiel.
Y yo pensaba: qué suerte esta vida intensa, pública, hermosa, agotadora… pero mía.
Ejercicio 1 — Novela: una vida narrada por adjetivos
Te invito a escribir una novela donde la historia no avance tanto por acciones sino por adjetivos.
El protagonista percibe el mundo calificándolo todo: personas adorables o insoportables, días luminosos u opacos, recuerdos dulces o insoportablemente tristes.
A medida que la novela avanza, los adjetivos cambian: lo que era “maravilloso” se vuelve “excesivo”, lo “seguro” se vuelve “frágil”.
La trama emerge cuando el lector nota que modificar un adjetivo es modificar la vida.
Ejercicio 2 — Carta íntima o confesión pública
Escribí una carta (o confesión mediática) dirigida a alguien amado u odiado, donde cada sustantivo venga acompañado de uno o más adjetivos cargados de emoción.
No expliques los hechos: calificalos.
Que el lector entienda la historia solo por la forma en que el narrador adorna, exagera, suaviza o embellece la realidad.
El desafío es que los adjetivos digan más que las acciones.
Ejercicio 3 — Retrato social o crónica glamorosa
Construí una crónica sobre un evento, una familia o un ambiente social usando una adjetivación intensa, casi excesiva.
Lujo, decadencia, ternura, falsedad: todo debe sentirse antes de comprenderse.
Jugá con adjetivos acumulativos, contradictorios, inesperados.
La clave es que el lector termine preguntándose si lo descrito es realmente así…
o si es la mirada del narrador la que vuelve todo tan brillante, tan patético, tan humano.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor o figura a emular. Seguimos.
Paralelismo · Moria Casán (emulación)
Yo entro y miran.
Yo hablo y repiten.
Yo brillo y opinan.
No es ego: es escenario.
No es exceso: es método.
No es escándalo: es coherencia estética.
Porque si me juzgan, me copian.
Porque si me atacan, me citan.
Porque si me niegan, me confirman.
Así funciona el sistema:
una reina camina,
y el resto desfila detrás creyendo que improvisa.
Ejercicio 1 — Novela: una vida en espejo
Te propongo escribir una novela donde el paralelismo sea el esqueleto invisible del relato.
Cada capítulo debe repetir una misma estructura sintáctica o rítmica, pero con variaciones de sentido: misma forma, distinto contenido.
La vida del personaje principal avanza en ciclos que parecen iguales —amor, caída, regreso, triunfo— hasta que el lector descubre que esa repetición no es estancamiento, sino acumulación de poder, conciencia o desgaste.
La historia debe leerse como una pasarela: mismos pasos, otra intensidad.
Ejercicio 2 — Drama o monólogo escénico
Escribí un monólogo teatral donde el personaje se define a sí mismo usando frases paralelas que se contradicen suavemente:
“Soy esto / soy aquello”,
“me aman / me temen”,
“me usan / me necesitan”.
El paralelismo debe generar ritmo, pero también revelar una fisura interna.
Que el público sienta que cada repetición afirma… y al mismo tiempo desnuda.
Ejercicio 3 — Relato social o sátira contemporánea
Construí un cuento donde una sociedad entera habla en paralelismos: políticos, influencers, amantes, enemigos.
Todos repiten fórmulas, slogans, frases gemelas.
Solo un personaje empieza a alterar mínimamente esa estructura.
El conflicto nace cuando el sistema percibe que romper el paralelismo es una forma de traición.
No grites la crítica: dejá que la repetición la haga evidente.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica + autor/a y seguimos avanzando.
Metáfora · Hermanas Wachowski (emulación)
El mundo no se rompió: se actualizó sin avisar.
Las calles seguían ahí, pero eran capas; los cuerpos, interfaces; las decisiones, líneas de código que alguien había escrito antes de que creyéramos elegir. Dormir era desconectarse. Amar, un bug persistente. La verdad no estaba oculta: corría en segundo plano, esperando que alguien se atreviera a mirar el sistema y no el paisaje. La metáfora no explica la realidad: la hackea.
Ejercicio 1 — Novela: vivir dentro de la metáfora
Escribí una novela donde la metáfora central sea que la realidad funciona como un sistema artificial (programa, simulación, experimento, red neuronal, videojuego).
No lo declares nunca de forma literal.
Todo —emociones, política, vínculos, memoria— debe expresarse como fallas, reinicios, parches, versiones viejas.
El lector tiene que sentir que algo no cierra… y entender por qué sin que se lo digas.
Ejercicio 2 — Relato de ciencia ficción filosófica
Narrá una historia donde el conflicto no sea externo, sino metafórico:
el personaje descubre que su identidad es una metáfora operativa (avatar, reflejo, sombra, clon simbólico).
La trama avanza cuando esa metáfora se tensa, se contradice, se vuelve peligrosa.
La pregunta no es “¿qué es real?”, sino “¿qué metáfora gobierna mi vida?”.
Ejercicio 3 — Ensayo narrativo o cuento híbrido
Escribí un texto donde una experiencia contemporánea (trabajo, amor, vigilancia, redes, consumo) sea pensada como si fuera un sistema invisible que organiza conductas.
Usá la metáfora como herramienta de pensamiento, no como adorno.
Que el texto haga sentir que pensar distinto es cambiar de programa.
Decime la próxima técnica + autor/a y seguimos.
Metáfora · Juana Molina (emulación)
La casa era un animal que respiraba lento. Las paredes se estiraban cuando yo cantaba bajito y el techo se encogía si pensaba demasiado. El tiempo no pasaba: se derretía, como una fruta olvidada sobre la mesa. Mi voz era un hilo, un insecto, una gota insistente. Todo estaba vivo pero en otro plano, como si el mundo hubiese decidido hablar en clave blanda, musical, apenas desplazada de la realidad.
Ejercicio 1 — Novela: el mundo traducido
Imaginá una novela donde nada se diga de forma directa.
Los personajes no sienten miedo: se les oxida el aire.
No recuerdan: se les llena la cabeza de eco.
La metáfora no adorna: estructura el universo narrativo.
El desafío es sostenerla durante toda la novela sin “explicar” nunca qué significa literalmente.
Ejercicio 2 — Ciencia ficción blanda o relato onírico
Escribí un relato donde un fenómeno cotidiano (internet, el cuerpo, la ciudad, la memoria) sea contado solo a través de metáforas físicas o naturales.
No digas “red”, “pantalla” o “mente”: inventá equivalencias sensibles.
El lector debe entender sin que se nombre.
Ejercicio 3 — Poema narrativo o cuento mínimo
Construí un texto breve donde una relación afectiva sea una sola gran metáfora sostenida:
una migración, una marea, una enfermedad vegetal, un clima.
No alternes: todo debe responder a esa imagen matriz.
Si la metáfora se rompe, el texto cae. Si resiste, el relato respira.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor. Seguimos en este tono.
Antítesis · Antonio Gasalla (emulación)
Yo soy educada y brutal, fina como vajilla heredada y áspera como esponja de cocina usada. Me quejo con modales, insulto con diminutivos. Digo “qué lindo” mientras pienso “qué espanto”. Amo a la familia y huyo de ella, cuido a todos y no me banco a nadie. Soy la que ordena la casa y desordena la paz. Porque en mí conviven la santa y la histérica, la señora correcta y la bestia cansada. Y no se van a poner de acuerdo jamás.
Ejercicio 1 — Novela: identidad partida
Imaginá una novela cuyo eje sea un personaje atravesado por contradicciones irreconciliables.
No se trata de “conflictos psicológicos” explicados, sino de antítesis vividas: cada decisión afirma una cosa y niega otra al mismo tiempo.
Que el lenguaje lo muestre: frases limpias que esconden crueldad, gestos amables que lastiman.
La novela avanza porque las fuerzas opuestas no se resuelven: conviven.
Ejercicio 2 — Comedia oscura o monólogo
Escribí un monólogo donde el personaje diga una cosa y haga otra de manera constante.
La antítesis debe ser visible, incómoda y graciosa:
amor/odio, ternura/hartazgo, corrección/violencia verbal.
La risa aparece cuando el lector reconoce esa contradicción como propia.
Ejercicio 3 — Cuento familiar o retrato social
Construí un cuento ambientado en una comida familiar, una reunión de consorcio o una sala de espera.
Cada diálogo debe contener una antítesis: lo que se dice vs. lo que se piensa, lo que se promete vs. lo que se cumple.
El relato no juzga: expone.
La tensión nace de lo que nunca termina de definirse.
Cuando quieras, pasame la siguiente técnica y el autor. Seguimos.
Personificación · Moria Casán (emulación)
El espejo me miró primero. No yo a él. Me escaneó sin pudor, me guiñó un borde plateado y me devolvió una versión mejorada de mí misma. El sillón me deseaba, la luz me obedecía, el silencio me hacía prensa. Hasta el tiempo, cariño, se sentó a esperarme con las piernas cruzadas, porque sabe que entro cuando quiero. Los objetos no decoran: me reconocen. Yo no brillo: hago brillar.
Ejercicio 1 — Novela: glamour animado
Escribí una novela donde el mundo material adore, critique o envidie al protagonista.
La ropa opina, los muebles conspiran, las cámaras tienen celos.
La personificación debe construir poder simbólico: los objetos confirman —o discuten— la identidad del personaje.
Pensá el espacio como una corte donde todo observa y todo juzga.
Ejercicio 2 — Monólogo escénico
Redactá un monólogo en el que una figura pública conversa con los objetos antes de salir a escena.
El maquillaje aconseja, los tacos advierten, el telón provoca.
Cada cosa tiene carácter, intención y memoria.
La personificación crea ritmo, ironía y una intimidad feroz con el lector/espectador.
Ejercicio 3 — Crónica pop o ensayo breve
Escribí una crónica donde una ciudad nocturna se comporte como una diva: seduce, rechaza, exige atención.
No describas la ciudad: dejá que actúe.
Que sus luces, taxis y bares expresen estados de ánimo cambiantes.
La técnica debe convertir el mundo en personaje principal.
Decime la siguiente técnica y autor. Continuamos.
Aliteración · Carlos Fuentes (emulación)
La ciudad susurra, suda, suspira. Sus calles se cierran, se curvan, se corrompen bajo el sol. Piedras pesadas pisan pasos perdidos; plazas pálidas piden pasado. Todo ocurre en un presente que se repite: rumor, roce, regreso. La historia habla bajito, pero insiste. Cada palabra arrastra otra, cada sonido convoca memoria. No es el sentido lo primero que llega, sino el eco: ese golpeteo verbal que hace del lenguaje una arquitectura audible. La ciudad no se entiende: resuena. Y en esa resonancia, el tiempo se espesa y vuelve.
Ejercicio 1 — Novela: el sonido como esqueleto narrativo
Imaginá una novela donde el conflicto central no avance por acciones sino por repeticiones sonoras.
Elegí una consonante o una sílaba dominante y dejá que gobierne capítulos enteros.
Personajes, espacios y recuerdos deben quedar atravesados por ese pulso fonético, como si el idioma mismo estuviera obsesionado.
La historia se moverá por insistencia: el lector sentirá que algo ocurre antes de comprender qué.
Pensá la aliteración como un latido narrativo que no se detiene.
Ejercicio 2 — Relato político o histórico
Escribí un relato político o histórico donde un período social (una revolución, una dictadura, una crisis) sea narrado mediante cadenas aliterativas.
Las masas, los discursos, las marchas, los miedos deben oírse antes de explicarse.
Permitite exagerar el sonido para mostrar cómo el lenguaje colectivo se vuelve mantra, consigna, amenaza.
El desafío es que la musicalidad revele el poder sin nombrarlo directamente.
Ejercicio 3 — Ensayo narrativo o memoria personal
Redactá un texto híbrido entre memoria y ensayo donde recuerdes un lugar decisivo de tu vida.
Trabajá la aliteración como si el espacio hablara: repetí sonidos que evoquen su clima emocional.
No describas el lugar de manera objetiva; dejá que el sonido de las palabras construya su atmósfera mental.
Buscá que el lector escuche el recuerdo antes de verlo.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor. Seguimos.
Personificación · Mijaíl Bajtín (emulación)
El lenguaje no permanece quieto: discute, se contradice, se burla de sí mismo. Las palabras no obedecen; dialogan. Cada voz arrastra otras voces, como si el texto respirara por muchas bocas a la vez. El discurso ríe, protesta, se interrumpe. La novela no habla: conversa. Y en esa conversación viva, los conceptos caminan, se pelean, envejecen, cambian de sentido. El lenguaje no es herramienta: es criatura social, cuerpo colectivo que piensa mientras habla y habla mientras se transforma.
Ejercicio 1 — Novela: ideas que caminan y discuten
Imaginá una novela donde los conceptos centrales —verdad, poder, pueblo, memoria, identidad— sean tratados como personajes vivos.
No los nombres como abstracciones: dejá que entren en escena, que se enfrenten, que se contradigan.
Cada capítulo puede mostrar cómo uno domina la conversación y luego es desafiado por otro.
La trama no avanzará por hechos, sino por disputas de sentido.
Pensá la personificación como una forma de dramatizar ideas sin volverlas alegoría cerrada.
Ejercicio 2 — Ensayo narrativo o político
Escribí un ensayo narrativo donde el lenguaje social de una época tenga voz propia.
La calle, la consigna, el rumor mediático, el discurso académico: todos hablan, se superponen, se corrigen.
Permití que el texto se vuelva coral, incluso incómodo, como una asamblea donde nadie tiene la última palabra.
El objetivo no es ordenar las voces, sino mostrar su fricción viva.
Ejercicio 3 — Cuento dialógico
Redactá un cuento donde un objeto cotidiano (un libro, una plaza, una frontera, una escuela) piense y dialogue con las personas que lo usan.
Ese objeto no es neutral: opina, recuerda, toma partido.
Que su voz revele tensiones sociales que los personajes no se animan a decir.
La personificación debe servir para que el conflicto hable desde otro lugar.
Cuando quieras, decime la próxima técnica y el autor. Seguimos paso a paso.
Enumeración · Pablo Picasso (emulación)
Pinto enumerando. Una mujer no es una mujer: es ojo frontal, ojo de perfil, nariz como cuchillo, boca rota, cuello torcido, hombro geométrico, pecho múltiple, cadera imposible. Enumero porque el mundo no entra entero en una sola forma. Enumero porque cada fragmento quiere existir por separado y todos discuten entre sí.
En el taller se amontonan las cosas: pinceles secos, pinceles vivos, telas rotas, telas vírgenes, caballetes cansados, caballetes arrogantes, botellas vacías, botellas prometedoras, diarios viejos, noticias frescas, guerras pasadas, guerras futuras. Enumero y el caos se ordena sin volverse dócil.
La enumeración no explica: ataca. No describe: desarma. Cada elemento empuja al siguiente, lo contradice, lo exagera, lo hiere. Así aparece una verdad fragmentada, brutal, honesta. El cuadro no dice “esto es”, dice: esto, esto, esto, y también esto. El ojo del que mira deberá reconstruir lo que yo me niego a cerrar.
Ejercicio 1 — Novela: enumerar para construir mundo
Te invito a escribir una novela donde el universo narrativo se construya casi exclusivamente mediante enumeraciones.
Los espacios, los personajes, los conflictos no se explican: se acumulan.
Una ciudad puede presentarse como una lista interminable de objetos, ruidos, gestos, vicios, restos, luces, olores.
La trama debe emerger del choque entre esas listas: lo que se repite obsesivamente, lo que desaparece de pronto, lo que irrumpe como exceso.
Pensá la enumeración como arquitectura: ladrillo sobre ladrillo, sin planos visibles.
Ejercicio 2 — Poema narrativo o prosa poética
Escribí un poema largo o prosa poética donde un sentimiento central (amor, rabia, deseo, miedo) no sea nombrado jamás.
En su lugar, enumerá acciones, objetos, recuerdos, imágenes corporales, paisajes mentales.
Cada elemento debe acercar y alejar al mismo tiempo ese sentimiento.
La dificultad está en lograr que la emoción aparezca por saturación, no por definición.
Que el lector sienta que la emoción lo rodea, lo asfixia, lo persigue.
Ejercicio 3 — Relato híbrido (arte, vida, pensamiento)
Redactá un texto que combine relato autobiográfico y reflexión artística.
El narrador enumera episodios de su vida como si fueran piezas sueltas de una obra: fracasos, encuentros, obsesiones, trabajos, pérdidas, manías.
Entre cada enumeración, una frase breve reflexiona —sin explicar demasiado— sobre el acto de crear.
El texto debe dejar la sensación de que la identidad no es una línea, sino una colección caótica de fragmentos.
👉 Enumerar no es sumar: es mostrar que la unidad es una ilusión.
Cuando quieras, decime la siguiente técnica y el autor. Continuamos.
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