Pasado
Todas las noches se sentaba en el mismo bar. La ventana no cerraba bien y el frío entraba como un cliente más. Pedía lo de siempre. No explicaba nada. No cambiaba. Cuando alguien le preguntaba quién era, respondía que era solo una mujer y que eso era bastante. Lo decía sin ironía, casi como desafío.
Trabajaba todo el día. Hacía cuentas, resolvía urgencias, escuchaba quejas. Volvía a casa, daba de comer al gato, regaba una planta que parecía más fuerte que ella. Cuando oscurecía, salía y caminaba hasta el bar. Se sentaba. Respiraba.
Quería otra vida. No perfecta, solo propia. Se imaginaba capitana sin arma, conduciendo una chiva vieja como si fuera barco. Escribía versos en papeles sueltos y los guardaba en el bolso. Cruzaba rutas. La detenían en controles. Revisaban sus cosas. Encontraban palabras. Se reían. La dejaban pasar.
No se hizo famosa. No huyó. Volvió. Pero volvió distinta. Hablaba sin bajar la voz. Sostenía la mirada. No pedía disculpas por querer más.
Apoyaba el vaso vacío sobre la mesa.
Miraba la puerta.
Miraba sus manos.
Estaba allí.
Era solo una mujer.
Y eso le alcanzaba.
Presente
Todas las noches se sienta en el mismo bar. La ventana no cierra bien y el frío entra como un cliente más. Pide lo de siempre. No explica nada. No cambia. Cuando alguien le pregunta quién es, responde que es solo una mujer y que eso es bastante. Lo dice sin ironía, como quien marca territorio.
Trabaja todo el día. Hace cuentas, resuelve urgencias, escucha quejas. Vuelve a casa, da de comer al gato, riega una planta que resiste mejor que ella. Cuando oscurece, sale y camina hasta el bar. Se sienta. Respira.
Quiere otra vida. No perfecta, solo propia. Se imagina capitana sin arma, conduce una chiva vieja como si fuera barco. Escribe versos en papeles sueltos y los guarda en el bolso. Cruza rutas. La detienen en controles. Revisan sus cosas. Encuentran palabras. Se ríen. La dejan pasar.
No es famosa. No huye. Vuelve. Pero vuelve distinta cada vez. Habla sin bajar la voz. Sostiene la mirada. No pide disculpas por querer más.
Apoya el vaso vacío sobre la mesa.
Mira la puerta.
Mira sus manos.
Está allí.
Es solo una mujer.
Y eso basta.
Futuro
Todas las noches se sentará en el mismo bar. La ventana no cerrará bien y el frío entrará como un cliente más. Pedirá lo de siempre. No explicará nada. No cambiará. Cuando alguien le pregunte quién será, responderá que será solo una mujer y que eso será bastante. Lo dirá como advertencia.
Trabajará todo el día. Hará cuentas, resolverá urgencias, escuchará quejas. Volverá a casa, dará de comer al gato, regará una planta que seguirá resistiendo. Cuando oscurezca, saldrá y caminará hasta el bar. Se sentará. Respirará.
Querrá otra vida. No perfecta, solo propia. Se imaginará capitana sin arma, conducirá una chiva vieja como si fuera barco. Escribirá versos en papeles sueltos y los guardará en el bolso. Cruzará rutas. La detendrán en controles. Revisarán sus cosas. Encontrarán palabras. Se reirán. La dejarán pasar.
No será famosa. No huirá. Volverá. Pero volverá distinta. Hablará sin bajar la voz. Sostendrá la mirada. No pedirá disculpas por querer más.
Apoyará el vaso vacío sobre la mesa.
Mirará la puerta.
Mirará sus manos.
Estará allí.
Será solo una mujer.
Y eso alcanzará.
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