Carlos Pablo Cocciolo

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domingo, 21 de diciembre de 2025

neoligismo neuro

Neologismo
(Ensayo desde la neurociencia y la psicología cognitiva aplicada a la escritura)
El neologismo es uno de los gestos más radicales de la escritura: inventar una palabra donde antes no la había. No se trata solo de nombrar lo nuevo, sino de forzar al cerebro del lector a construir significado sin andamios previos. Desde la neurociencia cognitiva, el neologismo es un evento de alta intensidad: interrumpe automatismos, desarma expectativas y obliga a activar procesos profundos de interpretación.
Cuando leemos una palabra conocida, el cerebro trabaja con economía: reconoce la forma visual, la asocia a un significado almacenado y sigue avanzando. Con un neologismo, ese atajo se rompe. El lector se detiene. El sistema cognitivo entra en modo exploratorio. Aparecen preguntas implícitas:
¿Qué significa esto? ¿A qué se parece? ¿De dónde viene? ¿Qué me hace sentir?
Ese pequeño tropiezo no es un error: es el corazón del recurso.
El cerebro frente a lo nuevo
Desde la psicología cognitiva sabemos que el cerebro humano está diseñado para detectar novedades. Lo desconocido activa redes de atención y curiosidad. Un neologismo funciona como una alarma suave: algo no encaja, algo merece ser explorado.
En términos simples:
La palabra inventada no tiene entrada en el diccionario mental.
El lector debe inferir su sentido a partir del contexto, la sonoridad, la morfología y la emoción.
Se activan simultáneamente memoria semántica, imaginación, emoción y expectativa.
Esto produce un efecto poderoso: el lector participa en la creación del significado. No recibe la palabra: la construye.
Por eso el neologismo no es solo una técnica estilística, sino una estrategia de involucramiento cognitivo.
Neologismo y emoción
Las palabras nuevas no llegan “limpias”. Llegan cargadas de sensación. Su sonido, su ritmo, su rareza generan una reacción emocional antes de cualquier comprensión racional. El cerebro siente antes de entender.
Esto explica por qué muchos neologismos literarios no buscan claridad, sino impacto afectivo:
extrañeza
incomodidad
humor
violencia
ternura
delirio
En autores como Girondo, Pizarnik, Huidobro o Lamborghini, el neologismo no explica: sugiere, hiere, vibra. La emoción precede al significado, y ese orden es profundamente humano.
Neologismo y plasticidad mental
Desde la neurociencia, la creatividad está asociada a la plasticidad, es decir, la capacidad del cerebro de reorganizarse. El neologismo estimula esta plasticidad porque obliga a:
romper categorías fijas
combinar campos semánticos distantes
tolerar la ambigüedad
Un lector entrenado en neologismos se vuelve más flexible cognitivamente. Aprende que el lenguaje no es una cárcel, sino un material maleable. En este sentido, la escritura que inventa palabras educa la mente, no solo la entretiene.
Neologismo y pensamiento abstracto
Inventar palabras es una forma de pensar lo que aún no tiene forma. Muchas experiencias humanas —emociones complejas, estados mentales, sensaciones liminales— no caben en el léxico disponible. El neologismo aparece entonces como una necesidad, no como un capricho.
Desde la psicología cognitiva, esto se relaciona con el pensamiento abstracto: cuando no hay etiqueta, se crea una. La palabra nueva permite fijar una experiencia difusa, darle contorno, volverla comunicable.
Así nacen palabras que no describen objetos, sino estados:
cansancios del alma
dolores sin nombre
deseos contradictorios
identidades inestables
El neologismo es una herramienta para pensar lo que todavía no entendemos del todo.
Neologismo y ruptura de poder
El lenguaje normativo estabiliza el mundo. El neologismo lo desestabiliza. Desde una lectura psicológica y social, inventar palabras es un gesto de resistencia simbólica: se niega a aceptar que la realidad solo puede decirse con las palabras heredadas.
Por eso los neologismos abundan en:
vanguardias
escrituras marginales
poéticas del cuerpo
discursos contrahegemónicos
Crear palabras es crear mundo. El cerebro del lector percibe esto intuitivamente: algo nuevo se está autorizando a existir.
Neologismo y memoria
Paradójicamente, las palabras inventadas se recuerdan más que las comunes. La neurociencia explica esto por el efecto de distintividad: lo raro, lo inesperado, se fija mejor en la memoria.
Un buen neologismo deja huella. No siempre se comprende, pero se recuerda. Y en literatura, ser recordado es una forma de verdad.
En síntesis
El neologismo:
activa atención y curiosidad
involucra emocionalmente al lector
estimula la plasticidad cognitiva
permite pensar lo innombrable
desafía el lenguaje heredado
fija experiencias en la memoria
No es un adorno. Es una intervención directa en la mente del lector.
Inventar palabras no es jugar con el idioma: es empujarlo hacia donde todavía no llegó.

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