Vivía vi-vo, o atrapada en vi-vo, y no sabía si el cuerpo era casa o jaula, jaula-cuerpo, cuerpo-jaula con barrotes de sílabas. Mujer por sonido, hombre por eco, hambre por nombre mal escrito. La jaula no tenía hierro: tenía ge-ne-ro, ge-ne-rro, error que se repite hasta volverse ley.
Abría abismos como quien abre palabras y no las cierra. Saltar no; sal-to, sal-to, el salto que nunca salta. Quedaba para-li-za-da, liza-da por el miedo, ese mie-do que mide y miente a la vez. Se creaba, se recreaba, se re-creaba como quien juega a perderse; se rodeaba de ver-da-des que decían ven, verdades-mentiras que se tocaban sin tocarse.
Circulaba por territorios de pu-ta-objeto y ob-je-to-de-pu-ta, buscando a-mor con ideas, amar pensando, pensar con el cuerpo. Difícil premisa: hallaba migajas de se-xo, sexo sin texto, texto sin contexto. Ser lo que no se debe ser la volvía visible de más, verdugo de conciencias ajenas mientras la propia vivía en juicio oral y perpetuo.
Pedían castigo a coro: hor-ca, hor-ca, que ahorque la mirada; cár-cel de carnes con nombres prohibidos; ca-dal-so donde lo pu-to no se vea, no se vea, no se vea. Los sexos ajenos aleteaban negándola, alas que niegan danzando alrededor de su orificio tibio, dan-zan-te, y la culpa caía siempre sobre ella: cul-pa-cuer-po, cuer-po-cul-pa en eco.
Única culpable, decían. Reina de per-ver-sio-nes, versiones torcidas de un mismo nombre. Monstruo ambulante, monstruándose a cada paso, hacía del insulto un verbo y del error una forma feroz de existir. Seguía caminando, hablando con las grietas, sabiendo que en ese desajuste —fonema fuera de lugar, cuerpo fuera de norma— también había vida.
Acá van tres ejercicios literarios inventados, exigentes pero jugables, pensados para lenguaje experimental, cuerpo-texto, sonido y sentido.
1. Ejercicio: La palabra como jaula
Objetivo:
Explorar cómo el lenguaje encierra y libera al sujeto.
Consigna:
Elegí una palabra central (por ejemplo: cuerpo, nombre, género, casa, voz).
Escribí un texto en prosa breve donde esa palabra:
- aparezca al menos 12 veces,
- nunca con el mismo significado,
- y se vaya deformando fonética o visualmente (cuer-po / cuerp-o / cu-er-po).
Restricciones:
- No podés usar sinónimos de la palabra elegida.
- Al final, el lector debe entender que la palabra ya no significa lo mismo que al comienzo.
Desafío extra:
Que el texto pueda leerse en voz alta y suene distinto de lo que “dice”.
2. Ejercicio: Sintaxis herida
Objetivo:
Romper la lógica de la oración sin perder intensidad narrativa.
Consigna:
Escribí una escena (recuerdo, discusión, revelación) donde:
- el orden lógico esté constantemente alterado,
- los verbos aparezcan tarde o mal ubicados,
- y algunas frases queden deliberadamente “colgadas”.
Reglas:
- No más de dos oraciones “correctas” en todo el texto.
- Usar repeticiones, cortes abruptos, palabras que regresan como tics.
Cierre obligatorio:
La última línea debe ser clara, simple, casi clásica, como si el lenguaje se rindiera.
3. Ejercicio: Monstruarse
Objetivo:
Convertir la identidad en acción verbal.
Consigna:
Escribí un texto donde el yo narrador:
- sea nombrado por otros con insultos, etiquetas o diagnósticos,
- y transforme al menos cinco de esos nombres en verbos
(ej.: monstruo → monstruarse, error → errarse).
Condiciones:
- No explicar nunca quién es el narrador.
- El cuerpo debe aparecer solo a través de sonidos, grietas o metáforas físicas.
Final:
El texto debe cerrar con una afirmación de existencia que no sea optimista ni trágica, solo inevitable.
Si querés, puedo:
- resolver uno como modelo,
- adaptarlos para teatro / performance / rap,
- o escalarlos a proyecto de libro o novela experimental.
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