El sol le cae encima y lo deja medio despeluzlúcido. La playa está quieta, apenas un murmulmar en el fondo. Levanta el brazo para la foto: el gesto sale sincero, sin mucha formapose, casi un reflejo.
En la pantalla aparece su cara, un poco cansadiza, pero viva. La noche todavía lo roza con ese recuerdo desordenado que queda dando vueltas, un eco bajito, casi un pensasombras.
El agua llega y le toca los pies con una frescura cortante. Él respira hondo, como si quisiera acomodar lo que siente en un lugar más tranquiadentro.
Guarda el teléfono.
La imagen queda.
Él sigue.
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